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Harry Kane y el Balón de Oro: ¿son suficientes los goles?

El martes se conocerá la lista de candidatos al Balón de Oro y todas las miradas apuntan al mismo nombre: Harry Kane. El delantero inglés llega como favorito de las casas de apuestas tras una temporada descomunal con club y selección. Un año de delantero total. Un año de números que rozan lo absurdo.

Pero el Balón de Oro casi nunca se decide solo con goles. Y la historia, en este premio, pesa como una losa.

Un premio que se gana en los grandes escenarios

Desde 1956, cuando France Football entregó por primera vez el trofeo y Sir Stanley Matthews se convirtió en el primer ganador, el patrón se repite: los grandes torneos mandan. Mundial, Champions, Eurocopa, Copa América. Los focos de verdad.

En los años de Mundial, la tendencia es casi matemática. Raymond Kopa abrió el camino en 1958 tras llevar a Francia a semifinales. Más tarde, un repaso histórico de France Football determinó que Pelé habría sido el merecido ganador en 1958, 1970 y en otras ediciones en las que no pudo optar al premio por la antigua restricción a jugadores europeos.

El esquema se fue consolidando. Bobby Charlton en 1966, Paolo Rossi en 1982, Lothar Matthäus en 1990, Zinedine Zidane en 1998, Ronaldo en 2002, Fabio Cannavaro en 2006: todos campeones del mundo, todos Balón de Oro. La ecuación era simple: levantas la Copa del Mundo, te llevas el trofeo individual.

Incluso las excepciones encajan en el molde. Johan Cruyff en 1974 y Luka Modric en 2018 no ganaron el Mundial, pero llevaron a Países Bajos y Croacia, respectivamente, hasta la final. El torneo más grande del planeta siempre deja huella en la votación.

France Football revisó todas las ediciones anteriores a 1995, cuando el premio se abrió a jugadores de cualquier nacionalidad. Su conclusión fue contundente: si siempre hubiera sido global, cada selección sudamericana campeona del mundo entre 1958 y 1994 habría tenido un Balón de Oro asegurado.

El peso de los títulos… y de los genios

El Mundial no es el único filtro. En las últimas dos décadas, ganar uno de los grandes títulos —Champions League, Mundial, Eurocopa o Copa América— se ha convertido casi en requisito. Solo cuatro de los últimos 19 ganadores levantaron el Balón de Oro sin conquistar uno de esos trofeos en el mismo año.

Y esos cuatro nombres explican por qué: Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. El argentino se impuso en 2010 pese a caer en cuartos del Mundial, y repitió en 2012 y 2019 sin título internacional ni continental. El portugués lo hizo en 2013, con Portugal fuera incluso del Mundial y apoyado casi exclusivamente en una temporada descomunal con Real Madrid.

Cuando el colectivo no acompaña, solo un nivel fuera de escala permite romper el patrón. Y ni siquiera eso garantiza nada.

Que se lo pregunten a Wesley Sneijder, que firmó triplete con Inter y llegó a la final del Mundial en 2010; a Franck Ribéry, motor del triplete del Bayern en 2013; o a Mohamed Salah, que destrozó récords en 2017-18. Todos vieron cómo la narrativa se inclinaba hacia otros.

Ahí es donde entra Kane.

Kane, el goleador que desafía la lógica del Balón de Oro

El delantero inglés nunca ha terminado más arriba del décimo puesto en la votación del Balón de Oro. Esta vez llega con un argumento diferente: una de las temporadas goleadoras más brutales de la era moderna. Un año que lo sitúa, por puro rendimiento individual, en la primera fila.

Si gana, se uniría a un club minúsculo: sería apenas el quinto inglés en levantar el trofeo, tras Matthews, Charlton, Kevin Keegan y Michael Owen. Y, además, el primer jugador de la Bundesliga en coronarse desde Matthias Sammer en 1996. Dos barreras históricas en un solo golpe.

Pero el contexto no le ayuda. La historia del premio dice que los goles, por sí solos, casi nunca bastan. Y alrededor de Kane se acumulan candidatos con algo que siempre ha pesado mucho: títulos grandes.

Rodri, Yamal, Mbappé, Messi: los otros relatos

Rodri aparece como el rival más sólido. Viene de ser el faro de España durante todo el torneo, de llevarse el Balón de Oro del Mundial y de liderar a su selección hacia un segundo título mundial. Es el tipo de temporada que encaja a la perfección con la tradición del premio: dominio en el mayor escenario posible, influencia total en el juego, trofeo en las manos.

Lamine Yamal suma también una temporada de vértigo: campeón del mundo con España y pieza clave en el regreso de Barcelona a la cima de La Liga. A su lado, otro adolescente, Pau Cubarsí, se llevó el premio al Mejor Jugador Joven de la FIFA tras una serie de actuaciones sobresalientes. Dos irrupciones que marcan época, pero con la duda de si los votantes considerarán que todavía es pronto para entregarles el máximo galardón.

Kylian Mbappé entra en la ecuación con una hoja estadística demoledora: máximo goleador del Mundial con 10 tantos, Bota de Oro de la Champions y máximo goleador de La Liga. Todo en el mismo curso. El problema: Francia no llegó a la final del Mundial y Real Madrid terminó la temporada sin un gran título. Un contraste evidente entre brillo individual y vacío de trofeos.

Y, a los 39 años, Lionel Messi vuelve a aparecer en las quinielas. Capitán de Argentina en una segunda final mundial consecutiva y autor de ocho goles en el torneo. Un nuevo capítulo en una carrera que parecía haber agotado todos los argumentos. Su presencia en la lucha habla tanto de su vigencia como de la dificultad de desengancharse de un mito.

¿Pueden los goles de Kane romper el molde?

La votación volverá a manos de un jurado internacional de periodistas especializados, uno por cada país del top 100 del fútbol masculino. Cada uno llevará su propio criterio, su propia lectura del año. Algunos mirarán primero los títulos. Otros, la influencia en el juego. Otros, los números.

Kane llega con una pregunta incómoda para todos ellos: ¿hasta qué punto puede una temporada goleadora histórica compensar la ausencia del mayor trofeo?

La tradición del Balón de Oro apunta en una dirección. El presente, en otra. Entre Rodri, los jóvenes campeones del mundo, el impacto estadístico de Mbappé y la eterna figura de Messi, el inglés se presenta como el candidato que desafía la lógica de siempre.

Si los votos se inclinan hacia él, no solo se coronará como mejor jugador del planeta. Habrá forzado al Balón de Oro a cambiar sus propias reglas no escritas.

Y entonces, sí, la pregunta ya no será si Kane está a la altura de los elegidos, sino qué valor real tiene, en el fútbol actual, firmar una temporada de goleador implacable sin tocar el trofeo más grande de todos.