Higgins y Coleraine: Buscando el título en el centenario
En Coleraine han aprendido rápido una lección vieja como el fútbol: no todo encaja, por mucho que lo parezca sobre el papel. El técnico Ruaidhri Higgins lo asumió sin rodeos al valorar la sorprendente marcha de Conor McMenamin a Glentoran apenas diez semanas después de su llegada desde St Mirren.
“Es lo mejor para todos”, sentenció el entrenador, recién nombrado técnico del mes de agosto por la Northern Ireland Football Writers' Association. Sin dramatismos, pero sin disfrazar la realidad.
McMenamin, internacional norirlandés de 31 años, apenas había aterrizado en la costa norte cuando decidió que “no estaba destinado a ser” en Coleraine. Él mismo lo explicó tras firmar por Glentoran: no podía comprometerse a mudarse desde Downpatrick y las cuestiones familiares y personales pesaron más que cualquier proyecto deportivo.
Higgins no solo entendió el mensaje. Lo compartió. El trayecto diario Downpatrick–Coleraine, unos 120 kilómetros y alrededor de 90 minutos al volante en cada dirección, se convirtió en un muro invisible. “No era sostenible”, admitió el técnico. Durante las últimas semanas, jugador y entrenador mantuvieron conversaciones constantes hasta llegar a una conclusión común: había que romper el vínculo antes de que se envenenara.
El movimiento, eso sí, no dejó a Coleraine con las manos vacías.
Thomson para el motor del medio campo
En la operación cruzada, el centrocampista Joe Thomson llegó al Showgrounds para reforzar una zona tocada por las lesiones de Mark Coyle y Rowan McDonald. Higgins conocía bien al escocés de su etapa en Derry City y no dudó en reivindicar su perfil.
“Joe es muy diferente a lo que tenemos. Juega con filo y tiene gol”, explicó. Box-to-box, intenso, “all-action”, como le gusta definirlo al propio técnico. Un centrocampista que puede convivir con la calidad de Will Patching y el trabajo de Dylan Boyle, pero aportando algo que el equipo echaba en falta: llegada y agresividad en las dos áreas.
En un verano en el que Coleraine ha abrazado el modelo a tiempo completo y ha elevado el listón de la exigencia, este tipo de piezas no son un simple parche. Son una declaración de intenciones.
Adam Brooks, apuesta de futuro… y de presente
El último día de mercado no se escribió solo con los nombres de McMenamin y Thomson. En silencio, pero con enorme convicción, Coleraine cerró también la incorporación de Adam Brooks desde Crusaders. Una operación que Higgins llevaba tiempo madurando.
El delantero escocés de 22 años, ex Celtic, había arrancado la temporada con fuerza en Seaview tras haber jugado mayoritariamente en banda el curso pasado. Su carta de presentación reciente es contundente: un ‘hat-trick’ ante Portadown en un 3-2 que confirmó su olfato.
Higgins lo ve como algo más que un buen fichaje: una oportunidad. “Es un joven con un talento enorme”, subrayó. Lo que más le seduce es la variedad de recursos del atacante: remata de cabeza pese a no ser alto, define con derecha y con izquierda, marca desde lejos y dentro del área pequeña. Un delantero completo en un cuerpo que, según el técnico, le ha cerrado puertas a otros niveles.
“Si midiera 1,88, nunca habría jugado en esta liga porque estaría en otro sitio”, deslizó Higgins, sin dudar. Para Coleraine, Brooks es inversión pura. Un jugador al que desarrollar, con la convicción de que puede escalar un peldaño más en su carrera una vez se consolide en el Showgrounds.
El técnico recuerda perfectamente cuándo se enamoró del delantero: un Portadown–Crusaders la pasada temporada. “Enseguida me gustó lo que veía”, confesó. Aunque Brooks actuó muchas veces fuera de su posición natural, Higgins no tiene dudas sobre su perfil: “Es un ‘9’ top, muy del molde Robbie Keane, ese tipo de delantero centro. Hay mucho que me gusta de él”.
El peso de la historia y la presión del presente
Todo este movimiento en el mercado no se entiende sin el contexto. Coleraine terminó la pasada campaña a solo tres puntos del campeón, Larne, tras un arreón final que encendió la ilusión del club y de la grada. Con inversión, profesionalización y un vestuario armado para competir cada semana, los Bannsiders ya no se esconden: están en la terna para levantar la Gibson Cup.
El dato que sobrevuela cada conversación en el Showgrounds es contundente. Coleraine solo ha ganado una vez la liga, en 1974. Si llega la segunda, lo hará en el año del centenario del club. No hace falta añadir mucho más para entender la dimensión del desafío.
“Para mí se trata de intentar ganar el segundo título liguero en la historia del club, y sería extraespecial conseguirlo en el año del centenario”, reconoció Higgins. No se quita presión. Se la carga a la espalda. “A diario me pongo bajo una presión enorme, y por eso estamos aquí. Queremos formar parte de un club ambicioso y exitoso”.
De momento, las sensaciones acompañan. Coleraine ha arrancado la temporada invicto: tres victorias y un empate, precisamente ante Larne, en las cuatro primeras jornadas. Tres porterías a cero, goles con regularidad y un vestuario que, según el entrenador, le hace “sentirse muy afortunado” y “encantado” en el día a día.
No hay euforia desmedida. “Llevamos cuatro partidos, no nos vamos a emocionar demasiado”, advirtió. Pero el tono lo dice todo: satisfacción contenida, confianza creciente.
El próximo examen llega en Seaview, ante Crusaders, este sábado a las 18:00 BST. Un rival duro, un escenario exigente y la oportunidad de comprobar si este Coleraine que se reestructura sobre la marcha, que pierde a un internacional pero gana piezas clave, está realmente preparado para soportar el peso de la historia que se le viene encima.




