Iga Swiatek avanza con autoridad en el US Open
NUEVA YORK — El enorme Arthur Ashe quedaba a lo lejos. En el Grandstand, más recogido, casi de club privado en medio de un gigante, Iga Swiatek ofreció una función que recordó por qué sigue instalada entre las mejores del mundo. Cercanía para el público, distancia abismal en la pista: 6-3, 6-2 a Nadia Podoroska en poco más de una hora y billete sin sobresaltos a la tercera ronda del US Open.
Se reencontraban seis años después de aquella semifinal de Roland Garros en categorías inferiores. El contexto ya es otro, el ranking también, pero la jerarquía se mantuvo intacta. La número 8 del mundo no concedió ni una sola rotura y manejó el duelo con una frialdad que rozó lo clínico.
El servicio marcó la frontera. Swiatek colocó un 79% de primeros saques y ganó el 78% de esos puntos. Casi automático. Cada vez que la pelota entraba, el juego se inclinaba de su lado. Podoroska, que venía de una trabajada victoria en tres sets ante Simona Waltert, necesitó rascar en los detalles, buscar líneas, asumir riesgos. No bastó.
El único momento de verdadera tensión llegó al final del primer set. Con 5-2 abajo, la argentina sostuvo su saque para el 5-3 y, por primera vez, olió la posibilidad de meterse en el partido. Tres bolas de break. Tres puertas entreabiertas.
La respuesta de Swiatek fue la de una jugadora curtida en grandes escenarios: dos saques que no volvieron, silencio breve en la grada, y de nuevo igualdad. Se agarró al juego con firmeza, pasó por dos deuce más y cerró la manga en su segundo punto de set, ayudada por una derecha de Podoroska que se marchó por centímetros. Ocasión perdida para la argentina, aviso contundente de la polaca.
A partir de ahí, el partido se rompió. El segundo set no admitió debate. Swiatek aceleró de salida, tomó una ventaja de 5-1 y ya no miró atrás. Cada resto profundo, cada subida a la red, cada primer saque consolidado fue erosionando la resistencia de Podoroska, que siguió compitiendo con limpieza, pero sin armas suficientes para cambiar el guion.
Las cifras lo retratan bien: Podoroska firmó un encuentro correcto, con 11 golpes ganadores y solo 12 errores no forzados. Swiatek no fue mucho más “brillante” en el balance —14 ganadores por 13 errores—, pero su impacto en los puntos clave fue devastador. Dominó con el saque, mandó con la devolución, eligió bien cuándo cerrar en la red. Siempre por delante, siempre con margen.
El desenlace llegó con un golpe que resumió la tarde. Una volea no, un remate tampoco. Un revés cruzado, impecable, profundo, abriendo ángulo hasta hacer imposible la carrera de Podoroska. La argentina se lanzó, pero la pelota ya había tocado pista. Partido terminado, ovación en el Grandstand.
Swiatek ya está en la tercera ronda del US Open. Su próximo paso será ante Harriet Dart o la cabeza de serie número 25, Maria Bouzkova. Con el saque afinado y esa sensación de control sereno que mostró en este segundo partido, la pregunta no es si está lista para el siguiente reto, sino hasta dónde puede estirar esta versión dominante en Nueva York.




