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Inglaterra arrasa a Sri Lanka y asegura la serie en Cardiff

Inglaterra no solo ganó en Cardiff. Impuso jerarquía. Aplastó por seis wickets a Sri Lanka en el segundo T20I, se colocó 2-0 arriba y dejó la serie sentenciada con casi ocho overs de sobra. Un dominio que ya empieza a parecer costumbre en este formato entre estos dos equipos.

Un inicio feroz de Sri Lanka… y un frenazo en seco

Sri Lanka, que perdió el sorteo, salió a batear sin complejos. Pathum Nissanka marcó el tono desde el primer over: tres boundaries ante Jofra Archer y un mensaje claro a Inglaterra. Lahiru Udara, que arrancó con un tímido 1 de 9 bolas, se fue soltando y la pareja empezó a encontrar huecos con regularidad.

Las carreras cayeron a buen ritmo. El marcador llegó a 50 antes de completar el quinto over. El arranque prometía una noche larga para los lanzadores ingleses.

Entonces apareció Liam Dawson.

Llamado para lanzar el último over del Powerplay, el zurdo cambió el partido en dos bolas. Dos wickets consecutivos, dos golpes directos al corazón de la ofensiva visitante y, de repente, el impulso de Sri Lanka se evaporó. El ritmo de anotación se desplomó y, con él, la confianza.

La presión acumulada terminó atrapando también a Nissanka, que se marchó por 37 al intentar flat-batear una bola más lenta de Jamie Overton hacia mid-on. Overton volvió a golpear poco después, esta vez acorralando a Kamindu Mendis, que fue bowleado al intentar un late cut sin espacio. Dawson remató la faena eliminando a Dasun Shanaka. De un inicio fluido a un atasco monumental.

Asalanka y Hasaranga reaniman, pero el final es un derrumbe

Con Sri Lanka tambaleándose, Charith Asalanka y Wanindu Hasaranga se encargaron de reconstruir. Su asociación de 44 carreras devolvió algo de orden y ambición al innings. Paradójicamente, el gran castigado fue Dawson, el hombre que había abierto la herida: su último over se fue para 18 carreras y Sri Lanka volvió a soñar con un total cercano a los 170.

Pero el cierre fue un colapso.

Harry Brook tomó una decisión clave al darle la pelota a Adil Rashid en el tramo final. El leg-spinner respondió de inmediato, provocando un mal golpe de Asalanka y abriendo la puerta al desastre. En el over 19, Sonny Baker firmó una actuación brillante: wicket maiden, eliminando a Hasaranga y dejando el marcador al borde del hundimiento.

Archer remató con frialdad en el último over. Dos wickets más y una estadística demoledora: Sri Lanka perdió cuatro wickets por solo siete carreras en los últimos tres overs. De apuntar a 170, se quedó en un discreto 146/9. Demasiado poco ante una Inglaterra en este estado de forma.

Banton y compañía liquidan la persecución sin piedad

Inglaterra retomó el bateo como lo había dejado en Southampton: agresiva, sin dudas, sin regalar un solo over. El paralelo con el inicio de Sri Lanka fue evidente: también superó los 50 antes de la mitad del quinto over.

Aneurin Donald se lanzó contra Dushmantha Chameera, mientras Jos Buttler, implacable, castigó a Dilshan Madushanka con cuatro boundaries en un solo over. En medio del vendaval, Buttler alcanzó otro hito mayúsculo: se convirtió en el primer bateador en llegar a las 15.000 carreras en T20. Un registro que resume una carrera construida a base de golpes limpios y noches como esta.

El capitán no duró mucho más. Eshan Malinga lo engañó con una bola más lenta, y poco después Chameera lo despidió con un bouncer bien ejecutado. Ambos openers fuera dentro del Powerplay. Sobre el papel, una ventana para que Sri Lanka regresara al partido.

En la práctica, fue lo contrario.

Brook golpea, Banton remata

Harry Brook tomó el relevo y dejó claro que Inglaterra no iba a levantar el pie. Castigó a Hasaranga con tres seis en un solo over, una declaración de intenciones y un recordatorio del poder de fuego inglés en el medio orden. Buscó el cuarto seis consecutivo, pero Malinga firmó una de las mejores jugadas de la noche con una gran atrapada en deep square leg.

La salida de Brook no cambió el tono. Tom Banton asumió el mando y mantuvo el plan: atacar sin contemplaciones. Los spinners de Sri Lanka, especialmente Hasaranga, no encontraron longitud ni control. Demasiado cortos, demasiado castigados.

Inglaterra superó los 120 al final del décimo over. Banton, desatado, conectó dos seis seguidos también ante Malinga, subrayando la diferencia de potencia entre ambos equipos.

Jordan Cox cayó cuando solo faltaban diez carreras para sellar la victoria, un pequeño detalle en una persecución prácticamente perfecta. Banton alcanzó su medio siglo más rápido en T20I, apenas 24 bolas, coronando una actuación de puro instinto ofensivo.

El símbolo de la noche llegó casi al final: Hasaranga dejó caer una pelota mientras corría desde mid-on, aunque se trataba de un free hit. Una imagen que resumió el partido y, quizá, la serie: Sri Lanka siempre un paso por detrás, siempre un error por encima de lo permitido ante una Inglaterra implacable.

La victoria llegó sin sobresaltos. La serie, ya en el bolsillo. La sensación, clara: si Inglaterra mantiene este nivel de agresividad y control en los momentos clave, ¿quién se atreve a discutirle el papel de referencia en el T20 mundial?