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Islam Makhachev busca un combate de boxeo con Conor McGregor

Islam Makhachev sale del octágono con el título, 17 victorias seguidas y una idea fija en la cabeza: boxear con Conor McGregor.

El campeón wélter acaba de defender su corona ante Ian Garry en UFC 330, una noche que agrandó su racha pero también dejó factura. Tras el combate, Makhachev se sometió a varias resonancias magnéticas y ahora debe lidiar con unos problemas persistentes en la columna que marcarán su agenda a corto plazo. Mientras tanto, el carrusel de aspirantes no se detiene: nombres como Carlos Prates y Michael Morales ya asoman en el horizonte.

Pero el reto que más ruido hace no está en la jaula.

De Zuffa 9 a una llamada inesperada

En agosto, durante el evento de boxeo Zuffa 9, Makhachev se encontró en un escenario muy distinto al de la UFC. Allí apareció la figura clave de esta historia: Turki Alalshikh, el hombre fuerte del deporte en Arabia Saudí, que no solo se limitó a saludar al campeón.

Alalshikh fue más allá. Puso a Conor McGregor en una videollamada delante de Makhachev. En ese momento, la idea dejó de ser un simple rumor de redes: se habló, cara a cara —aunque fuera a través de una pantalla—, de un posible combate de boxeo entre ambos.

Desde entonces, Makhachev no ha reculado. Al contrario. Ha reforzado públicamente esa posibilidad.

“Peligroso… pero solo un rato”

En una reciente entrevista con Ushatayka, el daguestaní fue directo cuando le preguntaron por el peligro de McGregor en un ring de boxeo, sobre todo después de su operación de ligamento cruzado anterior y menisco, además de otros problemas físicos que arrastra.

Su respuesta fue medida, pero con filo:

«Bueno, si digo que no es peligroso en absoluto, estaría mal. Sí, quizá es peligroso en el primer asalto, pero después de eso no creo que tenga ninguna oportunidad».

Makhachev no niega la pegada ni el timing del irlandés. Lo acota. Lo encierra en esos primeros minutos, donde McGregor siempre ha sido más letal. A partir de ahí, su lectura es clara: el desgaste, la edad y las lesiones inclinan la balanza hacia él.

El dinero, en segundo plano

El entrevistador fue al otro gran tema inevitable: la bolsa. Se habló de cifras de siete u ocho dígitos. Makhachev, sin embargo, evitó fijar un número.

«No lo sé. Cuando se trata de boxeo, pagan muy buen dinero», respondió primero, reconociendo la realidad del negocio.

Después dejó el mensaje que más llama la atención:

«No lo sé. Honestamente, independientemente de la bolsa, boxearía. Específicamente contra Conor, sí».

No es la típica postura de un campeón que mira al boxeo solo como un cheque gigantesco. Makhachev ve en McGregor algo más: un desafío de estilo, de nombre, de legado. El dinero importa, pero no manda.

Un McGregor distinto, un Makhachev distinto

El McGregor que hoy se pone sobre la mesa no es el mismo que cruzó guantes con Floyd Mayweather en 2017, cuando aguantó 10 asaltos frente a uno de los mejores boxeadores de esta generación. Aquella noche demostró que podía competir en un ring, al menos durante un tramo del combate, con un maestro del oficio.

Ese combate, sin embargo, ya queda lejos. Casi una década. Desde entonces, el irlandés ha acumulado kilómetros, castigo y, sobre todo, lesiones. La más reciente, la rotura de ligamento cruzado anterior y menisco en su regreso en UFC 329, lo ha vuelto a frenar en seco.

Mientras tanto, el Makhachev de hoy tampoco es el mismo que debutó en UFC. Su evolución en el striking es evidente: más pulido, más paciente, más cómodo de pie. Siempre se le ha etiquetado como un especialista en lucha y control, pero cada defensa de título deja ver un arsenal de pie más completo y confiado.

Dos curvas opuestas: uno intentando detener el declive, el otro en pleno pico competitivo.

¿Un sueño lejano o la próxima gran locura?

Sobre el papel, un duelo de boxeo entre Makhachev y McGregor sigue pareciendo una apuesta complicada. Diferentes etapas de carrera, agendas cargadas, lesiones, compromisos con UFC. Nada encaja fácil.

Pero si alguien ha demostrado capacidad para convertir ideas imposibles en carteles gigantes es Turki Alalshikh. Ya ha movido piezas en el boxeo mundial que hace unos años parecían ciencia ficción. Y ahora tiene a un campeón de UFC dispuesto a cruzar de disciplina sin exigir un cheque desorbitado como condición.

Los contendientes en artes marciales mixtas esperan su turno. La columna de Makhachev exige reposo y tratamiento. McGregor pelea contra el calendario y su propio cuerpo.

Entre todo eso, una pregunta empieza a ganar volumen:

¿acabará esa videollamada en Zuffa 9 convertida en una noche de boxeo que sacuda de nuevo el mundo de los deportes de combate?