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Jack Draper cierra la temporada para curarse y volver al 100%

Jack Draper ha decidido parar. No un par de semanas. No hasta el próximo Masters 1000. El británico, ex número cuatro del mundo, no volverá a competir en lo que queda de temporada y fija su regreso para comienzos del próximo año, con una idea clara: volver sin cadenas, sin dolor y sin excusas.

A los 24 años, Draper arrastra una lesión tan moderna como cruel para un sacador zurdo de su potencia: un edema óseo en el brazo de servicio que le ha ido vaciando por dentro. Desde Wimbledon del año pasado solo ha disputado nueve torneos. Demasiado poco para un jugador que hace apenas unos meses se movía con naturalidad entre la élite.

El verano pasado era otro mundo. Título en Indian Wells, su primer Masters 1000, final en Madrid, la sensación de que el circuito tenía nuevo aspirante serio a los grandes títulos. El ranking lo reflejaba: número cuatro del mundo en junio. Todo encajaba.

Hasta que el cuerpo dijo basta.

Lágrimas, dolor y un freno en seco

La caída ha sido tan rápida como visible. Draper se perdió el US Open tras un tramo norteamericano que dejó imágenes duras: derrotas en primera ronda en Montreal y Cincinnati y, sobre todo, ese partido en Canadá ante el francés Terence Atmane que terminó entre lágrimas, con el británico roto por el dolor y la frustración.

En paralelo, el ranking se ha desplomado. Hoy es 155 del mundo. Y hay un matiz importante: si, como pretende, vuelve en enero, no tendrá derecho a ranking protegido. La norma es inflexible: solo los jugadores fuera del circuito más de seis meses conservan la clasificación con la que se marcharon. Draper no llega a ese umbral.

Eso significa un camino más empinado: necesitará invitaciones o pelear desde la fase previa para entrar en Grand Slams y torneos ATP. Un regreso desde la trinchera, muy lejos de los focos de las rondas finales de Masters 1000 a las que se había acostumbrado.

Él, sin embargo, parece dispuesto a pagar ese peaje si a cambio recupera algo más valioso que un número al lado de su nombre: la libertad de jugar sin dolor.

“Estoy aprovechando este tiempo para resetear y curarme, para que cuando vuelva esté al 100% listo para competir”, escribió en sus redes sociales. “El tenis es mi propósito y mi pasión, y cuando vuelva a la pista quiero asegurarme de que no haya nada que me frene para llegar a donde quiero ir”.

Del cielo a la resistencia

Draper no esconde que el giro ha sido brutal. “El verano pasado, toda la dedicación y el trabajo que había puesto en este deporte empezaban a juntarse”, recordó. “Todo iba de mi lado y el camino parecía tan claro. Pero una lesión complicada hizo que todo se volviera increíblemente difícil, y desde ese momento he estado intentando desesperadamente volver a sentirme como antes en la pista”.

El relato no es solo físico. Habla de “cambio”, de “adversidad”, de “dolor” y de un crecimiento forzado. La otra cara del éxito temprano. “Gestionar tanto cambio, adversidad y dolor me ha ayudado a crecer muchísimo en muchas áreas de mi vida, pero también me ha hecho sentir un nivel de fatiga”, admitió.

No es casual que, en las últimas semanas, Draper haya decidido alejarse del circuito por completo. Vacaciones con amigos, desconexión mental, una pausa necesaria para alguien que ha vivido en modo sprint desde que irrumpió en la élite. El cuerpo le pedía reposo. La cabeza, también.

Un plan a fuego lento

El siguiente paso ya está trazado: regreso gradual a los entrenamientos en las próximas semanas. Nada de prisas. Su equipo trabaja para identificar con precisión el origen principal de la lesión y construir un plan que no solo le devuelva a la pista, sino que evite recaídas.

La ecuación es clara: menos urgencia, más profundidad. Menos calendario, más salud.

Cuando vuelva, lo hará desde más abajo que nunca en términos de ranking. Sin red, sin privilegios, sin ranking protegido. Pero si lo consigue sin dolor en el brazo que le dio su primer gran título en Indian Wells, Draper puede volver a ser un problema serio para cualquiera.

La pregunta ya no es qué fue de aquel número cuatro del mundo, sino qué versión de Jack Draper aparecerá en enero. Y cuánto tiempo tardará en recordar al circuito por qué, hace solo un año, parecía destinado a quedarse en la cima.