James Wiseman y su oportunidad en New York
James Wiseman llegará al training camp de New York Knicks con un contrato modesto, un historial médico que asusta y una ventaja que no se compra: el entrenador jefe ya sabe exactamente quién es y qué puede ofrecer.
Mike Brown sigue siendo un firme defensor del pívot, según Marc Stein de The Stein Line. Esa conexión convierte una batalla de fondo de banquillo en algo mucho más interesante dentro de la maquinaria del vigente campeón de la NBA, que ha invitado a cinco veteranos con contratos Exhibit 9.
James Wiseman y Drew Eubanks pelearán por minutos en la pintura. Bruce Brown, John Konchar y Ochai Agbaji forman el grupo exterior que busca convencer para quedarse.
La ecuación salarial es clara: los Knicks pueden llevar 15 contratos estándar, pero todo apunta a que arrancarán la temporada con solo 14 si no mueven más salario. Ya tienen 13 acuerdos garantizados. Traducido: probablemente hay solo un hueco real cuando empiece la temporada regular el 21 de octubre.
Mike Brown conoce el techo —y las cicatrices— de Wiseman
Brown fue asistente de Steve Kerr en Golden State Warriors durante las dos primeras temporadas de Wiseman. Estuvo allí cuando el interior justificó su elección como número 2 del draft de 2020. Y también cuando su carrera empezó a tropezar una y otra vez.
En su año rookie firmó 11,5 puntos y 5,8 rebotes de media antes de que una lesión de rodilla cortara en seco su temporada. Después se perdió por completo la 2021-22. En febrero de 2023 fue traspasado a Detroit. Cuando intentó relanzar su carrera en Indiana, apenas duró cinco minutos: rotura del tendón de Aquiles izquierdo en el estreno del curso 2024-25.
Con ese pasado, Wiseman se convierte en uno de los jugadores más difíciles de valorar en este campamento. Solo tiene 25 años, mide 2,13 y posee unas condiciones físicas imposibles de fabricar. La duda nunca ha sido el cuerpo. Han sido su disponibilidad, su lectura defensiva y su consistencia.
El respaldo de Brown no le garantiza un sitio en la plantilla. Lo que sí asegura es que tendrá una oportunidad real, dirigida por un entrenador cuya opinión no nace de un par de entrenamientos en septiembre, sino de haberlo visto de cerca en sus primeros pasos en la liga.
Un hueco real detrás de los gigantes
New York también tiene motivos estrictamente deportivos para tomarse en serio el experimento.
Karl-Anthony Towns y Andre Drummond encabezan la rotación interior. Son el presente inmediato. Pero las salidas de Mitchell Robinson y Ariel Hukporti han dejado a la franquicia sin un tercer pívot contrastado. Ahí se abre la puerta.
Wiseman puede ofrecer tamaño, juego por encima del aro y rebote. Es un perfil vertical, de amenaza constante en el pick and roll si está sano y concentrado. Eubanks, con ocho temporadas en la NBA, aporta lo contrario: experiencia, oficio y un suelo defensivo mucho más previsible.
La decisión puede reducirse a una pregunta sencilla: ¿qué valoran más los Knicks para el fondo de su rotación? Proteger la pintura con otro interior puro como Wiseman o Eubanks, o reforzar el perímetro con Bruce Brown, Konchar o Agbaji, añadiendo un defensor más y un recurso fiable en las alas.
La franquicia ya jugó a algo parecido el otoño pasado. Invitó a Landry Shamet, Malcolm Brogdon, Garrison Mathews, Matt Ryan y Alex Len al campamento. La retirada inesperada de Brogdon abrió un hueco que Shamet aprovechó. Acabó siendo pieza útil en la rotación del anillo y se ganó un contrato de cuatro años y 24 millones de dólares.
Ahora el foco se posa sobre Wiseman. La historia está escrita, pero no cerrada.
Tiene delante un guion familiar: un entrenador que cree en él, un vestuario campeón que busca completar su plantilla y un rol muy concreto que ocupar. Su salud, su impacto defensivo y su capacidad para aceptar un papel limitado dictarán si este reencuentro con Mike Brown desemboca en algo más que una simple invitación de pretemporada.
En New York no esperan promesas. Esperan respuestas. Y para James Wiseman, puede que ya no queden muchas oportunidades más para darlas.




