Jeglertz transforma a City en aspirante al título
Lo que ha hecho Jeglertz en su primera temporada al mando de City no admite matices: ha cambiado el eje del club. Durante años, el talento estaba ahí, la etiqueta de aspirante al título también, el runrún de que eran el equipo llamado a romper la hegemonía de Chelsea se repetía cada agosto. Pero la historia siempre acababa igual: finales de curso dramáticos, tropiezos inexplicables, promesas sin premio.
Esta vez fue distinto. Y no solo por las medallas.
Un vestuario que se atrevió a cambiar el lenguaje
Alex Greenwood lo definió como un “cambio de cultura”. No es una frase hueca. Bajo Jeglertz, el grupo empezó a modificar incluso “el lenguaje utilizado” cuando hablaban de títulos y ambición. Se permitieron decir en voz alta que estaban ahí para ganar. Incómodo al principio, reconocen dentro del vestuario. Necesario para cruzar un umbral mental que el club llevaba años bordeando sin atravesar.
El resultado está a la vista: WSL conquistada, los primeros trofeos en cuatro años y, sobre todo, una sensación nueva. Que esto se puede repetir.
Mary Fowler lo resumió con una claridad que dice mucho de dónde está el grupo ahora. Antes, admitía, quizá les faltaba esa convicción íntima de verse realmente capaces de ganar. Ahora que lo han hecho, el mensaje interno ha cambiado: “Eres muy capaz y puedes hacerlo otra vez”. No es arrogancia. Es memoria reciente.
Hambre renovada, no alivio
Tras un verano corto, Jeglertz ha vuelto a encontrarse con un vestuario que no se comporta como un campeón saciado. Todo lo contrario. El técnico habla de una confianza “tranquila”, pero inquieta en el mejor sentido: curiosa, obsesionada con el siguiente paso. La pregunta que flota en cada sesión es simple y contundente: ¿qué hacemos para ser un poco mejores?
El título no ha levantado el pie del acelerador. Lo ha hundido.
Y para alimentar ese entorno ganador, el club ha incorporado a dos futbolistas que saben de qué va esto de vivir en la cima. Niamh Charles llega desde una auténtica máquina de títulos como Chelsea: cinco WSL consecutivas y siete copas nacionales en seis años. No es solo un palmarés; es una escuela. Jeglertz ve en ella “un poco de líder”, alguien que entiende cómo se gana de un año al siguiente, cómo se sostiene una dinastía.
Beth Mead aporta otro tipo de experiencia dorada: dos Eurocopas consecutivas con Inglaterra y una Champions ganada con Arsenal frente a Barcelona en 2025. El entrenador destaca algo que se ve a simple vista: en su mirada aún hay hambre, ganas de aprender, de seguir sumando capítulos grandes a una carrera que ya es pesada en títulos.
En cultura, mentalidad y ambiente, City llega a la defensa del título con los deberes hechos. La pregunta está en el otro lado de la balanza: la plantilla.
El peaje de la Champions y una profundidad bajo examen
La temporada pasada hubo un matiz clave: City no tuvo que lidiar con la Champions. Mientras Chelsea, Arsenal y Manchester United repartían esfuerzos entre semana y fin de semana, el campeón pudo concentrarse en el frente doméstico. Este año, la Champions vuelve al calendario. Y con ella, un nivel de exigencia muy distinto.
Ahí aparece la primera duda seria. Más allá de Mead y Charles, el único fichaje ha sido Carlotta Wamser, una pieza valiosa por su capacidad para dar profundidad en ambos laterales. Pero la cuenta es tozuda: nueve salidas del primer equipo y una sensación clara de que el grupo no se ha reforzado tanto como muchos esperaban, aunque nunca existió un plan de revolución.
Desde dentro, el mensaje al final del curso pasado fue otro. “La profundidad está ahí. No se trata de transformar la plantilla, sino de añadir en las posiciones clave”, defendía O’Neill. Sobre el papel, tiene lógica. Sobre el césped, las primeras lesiones van a poner esa teoría al límite. El golpe más duro: Vivianne Miedema, que, según se entiende, no reaparecerá hasta 2027. El hecho de que City intentara apurar el mercado hasta el último día y no cerrara ningún acuerdo delata que la preocupación existe.
En los laterales, el hueco que dejó Leila Ouahabi se ha cubierto con Charles y Wamser. Arriba, Mead entra en escena tras la marcha de Kerolin a Barcelona. El resto del plan de Jeglertz pasa por algo muy claro: sacar mucho más de lo que ya tiene.
Risa Shimizu, tras su cesión en Liverpool, está llamada a ser fondo de armario fiable en los costados defensivos. Se esperan temporadas más pesadas de Sydney Lohmann y Grace Clinton, dos apuestas del verano pasado que nunca alcanzaron el nivel proyectado, lastradas por molestias y por una incapacidad para agarrar las oportunidades con las dos manos. Fowler, en su primer curso completo tras la rotura de cruzado, es otra pieza clave: en los minutos que tuvo desde febrero dejó destellos de un talento que puede cambiar partidos.
En ataque, la palabra clave es versatilidad. Mead, Fowler, Lauren Hemp, Aoba Fujino e Iman Beney pueden ocupar varias posiciones, incluida la de nueve en varios casos. Con ese abanico, la idea de fichar a una delantera para pasar la temporada entera a la sombra de Shaw pierde sentido.
El club también ha blindado su futuro inmediato con los primeros contratos profesionales para varias perlas de la academia: Sacha Lewis, Amelia Oldroyd y Aoibhe Brennan. A ellas se suma Mayzee Davies, internacional absoluta con Gales, que firmó el suyo el año pasado y podría convertirse en una pieza de fondo de plantilla en este curso cargado de partidos.
Arriba del todo, el esqueleto que dio el título sigue intacto. Shaw, Greenwood, Hemp, Kerstin Casparij, Jade Rose y Yui Hasegawa sostienen uno de los mejores once iniciales de la WSL, al que se unirá Miedema cuando por fin regrese.
Una plantilla al límite fino entre control y riesgo
¿Alcanza todo esto para pelear por todo otra vez? La temporada pasada, City disfrutó de un registro de lesiones casi impecable, algo poco habitual en los últimos años. Repetirlo con la Champions en juego sería un logro mayúsculo.
O’Neill asegura que han aprendido y que estarán listos. Jeglertz, por su parte, defendía ya en mayo que el grupo era demasiado grande para el volumen de partidos del curso pasado. Por eso, la ampliación del calendario le parece casi una buena noticia: más minutos para más jugadoras, menos talento desperdiciado en el banquillo. “Tenemos demasiadas buenas jugadoras para tan pocos partidos. El año que viene será distinto, porque habrá más. La plantilla está construida para eso”, explicaba.
El matiz está en los matices. Hay posiciones en las que una racha de lesiones podría ser devastadora. Y otras en las que la preocupación crecerá si jugadoras llamadas a dar un salto —como la propia Lohmann, recién operada de la cadera, o Clinton— no alcanzan el nivel esperado. Que City arranque el curso con varias dudas físicas y con la certeza de que Miedema estará fuera de combate desde el inicio no es un detalle menor.
Aun así, cuando se comparan plantillas, el análisis no es tan simple. Hay equipos en la WSL con más fondo de armario, sí, pero también arrastran interrogantes serios sobre su cultura competitiva o su cohesión en el campo. City no. Ahí, el campeón parte con ventaja.
Levantar una dinastía al estilo Chelsea en esta nueva era de la WSL, con una competencia más feroz que nunca, se antoja improbable. Pero la capacidad de este City para pelear por los grandes trofeos —y ganarlos— sigue intacta.
La temporada pasada fue el mejor equipo de Inglaterra con diferencia. Ahora, con la confianza y la fe que da por fin tocar metal, y con algunas caras nuevas que saben lo que es vivir en la élite más alta, todo apunta a otra cosa: que los días de esperar una década para ver a City levantar de nuevo la WSL han quedado definitivamente enterrados.




