Katie Taylor se despide en Croke Park: emociones y combates
En la última noche de Katie Taylor en Croke Park, la velada no esperó al combate estelar para dejar cicatrices, emociones y alguna que otra polémica. Antes de que la pionera irlandesa suba al ring para su despedida ante Flora Pili, el público ya ha visto sangre, talento y decisiones arbitrales discutibles en una cartelera que no se ha andado con rodeos.
Brennan, demasiado corazón y un final que llegó tarde
El primero en encender el estadio fue Emmet Brennan, el supermedio dublinés de 6-0 que creció a la vuelta de la esquina de Croke Park. Noche soñada, escenario perfecto, rival durísimo: el invicto Taylor Bevan, 9-0, procedente de Southampton y con fama de venir a arruinar fiestas.
Desde el inicio, el inglés marcó territorio. Tras dos asaltos, Bevan ya mandaba en la pelea, castigando el cuerpo de Brennan con insistencia. El rojo en las costillas del irlandés se convirtió pronto en una alarma constante, aunque él respondió con algún gancho de izquierda arriba que mantuvo viva la esperanza de la grada. Quedaban ocho asaltos, pero la balanza ya se inclinaba.
En el tercer round llegó el primer gran giro. Un gancho de izquierda de Bevan derribó con dureza a Brennan. El dublinés intentó reaccionar, meterse en la corta distancia, amarrar, pero volvió a caer. Solo la campana evitó un desenlace prematuro. Resultaba difícil imaginarle cruzando el ecuador del combate.
Contra todo pronóstico, aguantó. En el cuarto asalto no solo sobrevivió, también tuvo algunos buenos momentos, empujado por el orgullo y por un público que se negaba a verlo rendirse. Pero la realidad era tozuda: para ganar necesitaba apenas el segundo nocaut de su carrera. Y enfrente tenía a un pegador que no perdonaba.
El castigo al cuerpo siguió acumulándose. Al final del quinto, un precioso gancho de izquierda abajo envió de nuevo a la lona a Brennan por tercera vez. Se levantó, tambaleante, decidido a salir al sexto como fuera.
Ahí entraron los médicos. Revisaron a Brennan durante un tiempo llamativamente largo al inicio del sexto asalto. Parecía la oportunidad perfecta para detener el combate. No fue así. Se reanudó la acción… y todo acabó como muchos temían: otro golpe al cuerpo lo mandó al suelo, y cuando el árbitro permitió que continuara, Bevan lo aplanó con un potente gancho de izquierda. Sobró ese último puñetazo.
Taylor Bevan se llevó la victoria por detención en el sexto asalto. Brennan, valiente hasta el extremo, abandonó el ring por su propio pie mientras se leía el resultado. El inglés, respetuoso, apenas celebró mientras los médicos revisaban al irlandés tras el nocaut. Croke Park reconoció a los dos: al vencedor implacable y al héroe local que se negó a rendirse.
Donovan firma su obra más pulida
Si el combate de Brennan dejó un regusto amargo por el castigo acumulado, el siguiente duelo irlandés ofreció una clase magistral de control y precisión. El excampeón mundial del peso medio Andy Lee, ahora en la esquina, no exageraba cuando le dijo a su pupilo Paddy Donovan que estaba “sensacional”.
El de Limerick, antiguo aspirante mundial, se medía al belfastiano Tyrone McKenna, un hombre que ya ha pasado su mejor momento pero que siempre vende cara la derrota. Esta vez, sin embargo, se encontró con un Donovan paciente, frío y afilado como nunca.
McKenna visitó la lona en el segundo asalto, pero sobrevivió hasta el tercero. Ahí se vio lo mejor de Donovan: un juego de cintura exquisito, esquivando golpe tras golpe, haciendo fallar a su rival con una facilidad casi insultante. Ganaba el combate prácticamente solo con la mano derecha adelantada, marcando el ritmo, entrando y saliendo a placer.
El dominio se hizo evidente y el castigo empezó a dejar huella. En el cuarto asalto, un corte terrible en el ojo de McKenna, que salpicaba de sangre las mesas de prensa a pie de ring, obligó a intervenir al médico. No había margen para el heroísmo: combate detenido, victoria para Donovan por detención en el quinto asalto.
Más allá del resultado, la sensación fue clara: esta fue, probablemente, la actuación más completa de la carrera profesional de Paddy Donovan. Madurez, calma, lectura perfecta del combate. En una noche cargada de simbolismo por la despedida de Katie Taylor, Limerick presentó de nuevo a un hombre que parece listo para algo más grande.
La noche irlandesa toma forma
Antes de que los focos se centraran en Brennan, Bevan, Donovan y McKenna, la cartelera ya había empezado a sonreír al boxeo irlandés. En los combates preliminares, las promesas cumplieron.
- Bobbi Flood y Adam Olaniyan se impusieron con autoridad, este último por detención en el primer asalto ante Matej Hudak.
- Liverpool también tuvo su momento, con Joe McGrail deteniendo en el quinto a Matthew Boreland, de Coleraine.
- Y hubo un apellido especialmente simbólico en el programa: Molly McCann, prima de Katie Taylor, se llevó una clara decisión unánime en su quinto combate profesional frente a Sylwia Doligala.
- En otro duelo con acento irlandés, Paul Ryan derrotó a Paddy Gallagher a los puntos, firmando una decisión unánime que consolidó la tendencia de la noche: los locales, en general, respondían a la altura de la ocasión.
Y todo esto mientras en los alrededores del estadio se hablaba ya del legado de Taylor, de cómo una niña que empezó golpeando sacos en un deporte que apenas la reconocía acabó construyendo prácticamente sola la escena del boxeo femenino que hoy domina el mundo. Las crónicas de estos días recuerdan sus inicios amateurs, sus imposibles convertidos en rutina, su impacto en generaciones de niñas que, en la sombra de Croke Park, repiten una frase: “Quiero ser como Katie”.
El telón se prepara para la última función
La noche avanza, los asientos se llenan, y aún queda un espectáculo extra con Westlife antes de que llegue la hora de la verdad. En el ring principal, los últimos golpes del undercard han abierto paso al silencio expectante que precede a las grandes noches.
Todo conduce al mismo punto: la despedida de Katie Taylor en casa, ante más de 80.000 personas, frente a la invicta francesa Flora Pili, con el título indiscutido del peso superligero en juego. La pionera irlandesa se marcha, pero lo que deja atrás ya se ha visto esta noche: un país entero que boxea distinto desde que ella subió por primera vez al cuadrilátero.
La pregunta, mientras las luces se atenúan y suena la siguiente canción, ya no es qué más puede ganar Katie Taylor. Es quién tomará el relevo en un escenario como este.




