Katie Taylor se despide como campeona en Croke Park
DUBLÍN – Katie Taylor se marchó como siempre quiso: ganando, mandando y con un estadio mítico a sus pies. La irlandesa, a los 40 años, cerró su carrera profesional con una victoria por decisión unánime ante la francesa Flora Pili y colgó los guantes como campeona indiscutida del peso superligero, ante 83.000 personas en Croke Park.
No hubo dudas en las tarjetas: dos jueces vieron un 100-90 y el tercero dictaminó un 98-91. Dominio claro. Control absoluto. Una última función a la altura de una trayectoria que se va con un registro de 26 victorias y una sola derrota, con los cinturones WBO, WBA, WBC, IBO e IBF en su poder.
Para Pili, de 29 años, la noche supuso su primera derrota en 13 combates. Para Taylor, fue la confirmación definitiva de un legado que trasciende el boxeo femenino y se instala en la historia grande del deporte irlandés.
Cuando la campeona caminó hacia el ring por última vez, la escena fue algo más que una simple entrada. La emoción le cruzaba el rostro, el público subía el volumen como si cada grito quisiera retenerla un combate más, y una lluvia de fuegos artificiales encendía el cielo de Dublín. Era el cierre de una era dorada, escenificado en el lugar que ella misma define como la “catedral del deporte irlandés”.
“Croke Park! Lo hicimos”, lanzó Taylor al tomar el micrófono, bañada por el ruido de las gradas. “No conozco otro país que venda 80.000 entradas”.
No era una frase al pasar. Era la constatación de una relación única entre una deportista y su gente.
Horas antes, el grupo irlandés Westlife había calentado el ambiente en el estadio de los juegos gaélicos, transformando la velada en un evento nacional más que en una simple velada de boxeo. Todo giraba en torno a ella. A su último combate. A la despedida de una campeona olímpica en Londres 2012 que convirtió cada paso profesional en una reivindicación del boxeo femenino.
La presión de Taylor, su experiencia y su lectura del combate terminaron por imponerse. Pili resistió, compitió y estiró el duelo, pero nunca logró quebrar el control de la ídolo local. La francesa se va con una mancha en su récord, pero también con el recuerdo de haber compartido ring con una leyenda en el día de su adiós.
Taylor, en cambio, se va con todo: títulos, estadísticas, noches históricas y la imagen final de un Croke Park lleno, de pie, rindiendo homenaje. No necesitó un nocaut para dejar una última marca imborrable. Le bastó con lo que la acompañó siempre: superioridad, temple y una conexión emocional con su público que muy pocas veces se ve en el deporte.
La “reina” de Irlanda dejó el trono. Pero lo hizo cerrando la puerta del vestuario con todos los cinturones colgados y un país entero preguntándose cuánto tiempo pasará hasta que vuelva a ver algo parecido.




