logo

Marion Bartoli, diez años después: el impacto de un comentario repugnante

Marion Bartoli ganó Wimbledon en 2013 y, en el instante más luminoso de su carrera, el foco no estuvo en su tenis, sino en su físico. Una década después, la francesa sigue sin digerir aquel comentario en directo del entonces comentarista de la BBC, John Inverdale, que ensució uno de los días más grandes de la historia reciente del torneo.

El día más grande… y la frase que lo manchó

Bartoli acababa de derrotar a Sabine Lisicki en la final de Wimbledon, coronando una trayectoria marcada por lesiones, dudas ajenas y críticas constantes a su estilo, a su nivel… y a su cuerpo. Había alcanzado el sueño de su infancia en la catedral del tenis.

Y entonces llegó la frase.

En la retransmisión de 5 Live, Inverdale sugirió que el padre y entrenador de Bartoli, Walter, quizá le habría dicho de niña que tendría que “ser luchadora y pelear” porque “nunca iba a ser tan guapa” como su contemporánea Maria Sharapova. El comentario desató una oleada de indignación, obligó a la BBC a pedir disculpas y a reconocer que había sido “insensible”.

Para Bartoli, el daño sigue ahí. Hablando ahora con The Times, la campeona de 2013, hoy entrenadora de la británica Harriet Dart, no rebaja ni una palabra: “Sigo sin poder entender el comentario que hizo. ¿Cómo demonios, cuando alguien acaba de cumplir el sueño de su infancia, puedes decir eso? Es absolutamente repugnante”.

No es solo una frase desafortunada para ella. Es el símbolo de una presión que nunca ha dejado de sentir: “Por desgracia ha sido una presión constante. Y solo sobre las jugadoras. A un hombre nunca lo tratarían así”.

Un cuerpo roto tras la gloria

El título en Wimbledon no abrió una era de dominio. Abrió la puerta de salida. Apenas 40 días después de levantar el trofeo en el Centre Court, Bartoli anunció su retirada. Su cuerpo estaba destrozado. Años de sacrificio, de convivir con el dolor, habían pasado factura.

Lo explicó entonces: no podía seguir compitiendo con el nivel de sufrimiento físico que arrastraba. Lo intentó de nuevo en 2018, un regreso breve, casi simbólico. Las lesiones, otra vez, marcaron el límite. El cuerpo volvió a decir basta.

La batalla más dura: la anorexia

Lo que vino después fue todavía más oscuro. Tras su primera retirada, Bartoli entró en una espiral que la llevó a una lucha brutal contra la anorexia. Para Wimbledon 2016 había perdido 30 kilos. Su transformación física alarmó al mundo del tenis. Terminó hospitalizada durante meses, en una situación que llegó a ser potencialmente mortal.

En ese periodo, una voz fue clave. No vino de un médico ni de un familiar, sino del entonces presidente del All England Club, Philip Brook. Aquel verano, le dijo que no estaba lo suficientemente sana como para disputar el torneo de leyendas en Wimbledon. Un golpe directo al corazón.

“Ahí fue cuando toqué fondo de verdad”, recuerda en The Times. “Puedes quitarme todo, pero no el tenis. El tenis es mi verdadera pasión. Cuando tengo la raqueta en la mano es cuando soy más feliz, así que pensé: ‘Tengo que levantarme de alguna manera. No puedo dejar que esto me destruya’”.

Brook, con una franqueza que podría haber parecido cruel, se convirtió en el detonante de su recuperación. “Le estaré eternamente agradecida a Philip porque yo estaba en una negación total. Creo que, de otro modo, habría seguido haciéndome daño. Él fue lo bastante fuerte como para decírmelo, y eso me hizo entender que tenía que recuperarme”.

Más allá de un comentario

La historia de Bartoli no es solo la de una campeona de Wimbledon. Es la de una jugadora que ganó el torneo más prestigioso del mundo mientras soportaba juicios constantes sobre su cuerpo, y que, incluso en el momento de su consagración, vio cómo se reducía su gesta a una comparación estética con otra tenista.

Diez años después, sigue sin aceptar que alguien pudiera mirar a una campeona recién coronada y elegir hablar de su “belleza” en lugar de su tenis. Y su pregunta sigue flotando en el aire, incómoda, directa, imposible de esquivar: ¿cuánto falta para que una mujer pueda ganar Wimbledon sin que nadie opine sobre su cuerpo?