Mauricio Pochettino: De la Decepción Mundialista a un Legado en Estados Unidos
Han pasado apenas dos meses desde que la selección masculina de Estados Unidos se despidió del Mundial de forma dolorosa. El golpe aún resuena. Sin embargo, Mauricio Pochettino ya está de vuelta en el trabajo, lejos de cualquier tentación de refugiarse en la autocomplacencia. El argentino, que llegó en 2024 como una apuesta de corto plazo para exprimir al máximo el primer Mundial en casa en más de tres décadas, afronta ahora algo mucho más grande que un simple ciclo de cuatro años.
Su renovación, cerrada en agosto, lo confirma: ya no es solo el entrenador del presente. Es una pieza central del proyecto de futuro del fútbol estadounidense.
Un seleccionador que también diseña el mapa
Cuando US Soccer anunció la ampliación de su contrato, el comunicado llevaba una frase que, entre líneas, cambiaba el tablero: Pochettino asumirá un rol más amplio en el diseño del desarrollo juvenil, la formación de entrenadores y la colaboración con las ligas profesionales. No se trata solo de elegir listas de convocados o dibujar sistemas. Es influencia estructural.
En otros países, esa figura de seleccionador con poder de diseño global no resulta extraña. En Estados Unidos, sí. Ningún técnico había tenido tanto peso en la orientación del programa masculino en su conjunto. Y el contexto es perfecto para que deje huella: la federación atraviesa una profunda reestructuración y está creando dos nuevas direcciones, una para los programas masculinos y otra para los femeninos, tanto en categorías absolutas como juveniles.
Pochettino ya se ha ofrecido para ayudar en ese proceso de nombramientos. Lo dejó claro en su charla con un reducido grupo de periodistas este lunes. Bromeó con que no puede ser “solo su hombre”, pero el mensaje de fondo fue otro: quiere estar en la sala donde se toman las decisiones que marcarán las próximas décadas.
“Este es el futuro de USA”, dijo. “Queremos intentar rendir en el Mundial y crear algo especial con los aficionados. Ahora se trata de formar parte del legado que la federación quiere construir: convertirse en uno de los países más poderosos en el fútbol. Ese es un sueño, ¿no? Es increíble. Si podemos ser parte de eso, estamos muy ilusionados y muy felices”.
No es una declaración menor. Para un entrenador que ha pasado por Tottenham y PSG, hablar de legado, y no solo de resultados inmediatos, indica que ve en Estados Unidos un proyecto de transformación, no una simple escala de prestigio.
Un calendario apretado, pero un reto aún mayor
En lo inmediato, el calendario ofrece cuatro amistosos entre finales de septiembre y principios de octubre, ante Perú, Chile, México y Canadá. Una serie exigente, con matices de rivalidad regional y diferentes estilos de juego, pero que en realidad funciona como laboratorio.
El verdadero examen está más adelante. Pochettino debe guiar a la selección hacia la clasificación para el Mundial de 2030 y, al mismo tiempo, preparar a un país que será anfitrión de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Además, está sobre la mesa la posibilidad, ampliamente difundida, de que el equipo participe en la Copa América ese mismo verano.
Se trata de un encadenado de torneos que puede redefinir la percepción del fútbol en Estados Unidos. Y Pochettino lo sabe: su continuidad no se mide solo en victorias, sino en la capacidad de dejar una estructura más sólida, una identidad reconocible y una generación de jugadores mejor formada.
Balogun y el golpe silencioso del mercado
En este contexto de reconstrucción, el verano de fichajes de los internacionales estadounidenses fue, en general, discreto. Hubo movimientos interesantes —Gio Reyna a Strasbourg, Sebastian Berhalter a Middlesbrough, el salto de Zavier Gozo desde la MLS a Crystal Palace—, pero lejos de una revolución.
El caso que más ruido generó fue el de Folarin Balogun. Tras un Mundial brillante, el delantero de Monaco parecía destinado a un traspaso de alto perfil. Everton se presentó como la gran oportunidad en la Premier League. Todo apuntaba a un acuerdo… hasta que se cayó en el último momento.
El club inglés alegó un posible problema de condición física. Desde Monaco, y desde el entorno del propio Balogun, rechazaron esa versión. Más allá de los matices médicos y contractuales, el resultado fue el mismo: el delantero se quedó sin el movimiento que muchos veían como el siguiente paso natural en su carrera.
Pochettino no esquivó el tema. Al contrario, lo afrontó desde lo humano.
“Es difícil porque no puedes influir en esa decisión”, admitió. “Necesitas apoyar lo que están haciendo las personas que toman las decisiones. En casos especiales, como el de Flo, lo llamaré en los próximos días. Quise darle un poco de espacio después de esa situación con Everton. Quiero saber por él qué pasó. Pero siempre ofrecemos nuestro apoyo, y ya está. Creo que es un jugador importante para nosotros, fue un jugador importante en el Mundial y espero que pueda encontrar, en Monaco o en otro sitio, su mejor lugar para rendir de la mejor manera”.
El mensaje es claro: Balogun sigue siendo pieza clave en los planes de la selección. El fracaso de un traspaso no cambia su estatus dentro del proyecto. Y en un vestuario joven, ese tipo de respaldo público cuenta.
La batalla silenciosa por los binacionales
Si el mercado dejó pocas sacudidas, el frente de los futbolistas con doble nacionalidad se mantiene tan activo como siempre. Pochettino no quiso adelantar demasiados detalles sobre la lista de 26 jugadores que convocará a finales de mes, pero sí dejó un nombre fuera de toda duda: Noahkai Banks no estará.
El central de Augsburg, de 19 años, sigue sin decidir su futuro internacional. Nacido en un contexto binacional, con la opción de representar tanto a Alemania como a Estados Unidos, ha repetido que quiere tomar una decisión “para el próximo parón internacional, o como muy tarde para el siguiente”. Mientras tanto, queda al margen.
La presión es alta. En Alemania, distintos medios han informado de que el nuevo seleccionador, Jürgen Klopp, ya lo ha seguido en persona. Ese simple dato explica la dimensión de la puja.
Pochettino, lejos de dramatizar, insistió en el valor del vínculo personal.
“Estamos en contacto con todos los posibles binacionales”, explicó. “Creo que es importante para nosotros, por supuesto, porque esa conexión humana es muy importante. Incluso si, como en este caso, Noki no ha cambiado de opinión y sigue esperando, sin decisión, y por supuesto no podemos considerarlo para la próxima concentración… Pero la organización está trabajando con todos los binacionales y jugadores con posibilidad de tomar una decisión. Esa conexión humana es importante porque, si un día sienten que pueden defender y quieren luchar y ser parte de nuestra selección… Por supuesto, si lo merecen y consideramos que merecen estar involucrados, los vamos a llamar”.
En otras palabras: no hay ultimátums, pero tampoco puertas cerradas. La estrategia pasa por la paciencia, la cercanía y el mensaje constante de que la selección de Estados Unidos es un proyecto competitivo y atractivo, no un plan de emergencia.
Un horizonte llamado Los Ángeles 2028
Más allá de los próximos amistosos, de la clasificación a 2030 y de las batallas silenciosas por talentos como Banks, el gran telón de fondo es Los Ángeles 2028. Unos Juegos Olímpicos en casa, en un país que mira al fútbol con otra intensidad desde la organización del Mundial.
Pochettino se encuentra en una posición poco habitual para un seleccionador: no solo prepara equipos, también ayuda a diseñar el ecosistema en el que esos equipos crecerán. Si su apuesta sale bien, Estados Unidos no solo llegará mejor armado a su próximo gran torneo. Podría, por primera vez, acercarse de verdad a esa ambición que el propio técnico verbalizó sin rubor: convertirse en una potencia del fútbol mundial.
La pregunta ya no es si el país está listo para soñar. La cuestión es si Pochettino y US Soccer serán capaces de transformar ese sueño en una estructura que sobreviva a cualquier resultado.




