Maya Joint frustra el regreso de las Williams en el US Open
Maya Joint vuelve a aguar la fiesta a las hermanas Williams en un Arthur Ashe rendido
La noche en el Arthur Ashe Stadium estaba preparada para la nostalgia. Serena y Venus Williams, juntas de nuevo en dobles en un Grand Slam, bajo los focos de Nueva York, con la grada llena y una atmósfera de homenaje anticipado. Pero en la pista, Maya Joint no leyó el guion. O, mejor dicho, lo rompió por segunda vez en un grande este año.
La australiana, que ya había dejado fuera a Serena en primera ronda de Wimbledon en individuales, volvió a ejercer de aguafiestas. Esta vez, acompañada por Hao-Ching Chan, derribó a las legendarias hermanas con un marcador tan dramático como contundente: 6-3, 6-7 (6/8), 7-6 (10/7), remontando un 0-5 en el superdesempate a 10 puntos.
De la ilusión al drama en el supertiebreak
El partido, inusual para una primera ronda de dobles en recibir hueco en la sesión nocturna del Ashe, se jugó con ambiente de final. Cada punto de las Williams levantaba a la grada. Cada error colectivo provocaba un murmullo de incredulidad.
Joint y Chan golpearon primero. Se llevaron el primer set por 6-3, más sólidas al servicio y más claras en la toma de decisiones en la red. Las hermanas, algo oxidadas tras tanto tiempo sin competir juntas en un grande, tardaron en encontrar ritmo, pero nunca perdieron la intensidad competitiva que las ha definido durante décadas.
En el segundo parcial, el pulso se equilibró. Serena y Venus ajustaron devoluciones, apretaron con el resto y llevaron el set al desempate. Allí apareció el colmillo de las campeonas de 14 títulos de Grand Slam en dobles: se agarraron al tiebreak, salvaron situaciones límite y cerraron 7-6 (8-6) para alargar la noche y encender aún más a la grada.
El tercer set pareció decantarse pronto. Joint y Chan se adelantaron 4-1, mandando con autoridad desde el fondo y castigando cada segundo servicio de las estadounidenses. La sorpresa estaba en marcha. Pero las Williams no se marchan sin pelear.
Reaccionaron. Encadenaron juegos, se aferraron a cada intercambio y devolvieron la presión al otro lado de la red. El partido, otra vez, se fue al límite: superdesempate a 10 puntos.
Ahí, el relato cambió de tono.
Un 0-5 que parecía definitivo… hasta que dejó de serlo
Serena y Venus arrancaron el tiebreak como en sus mejores tiempos. Agresivas, dominantes, imparables. 5-0 en un suspiro. El estadio rugía como si el reloj hubiese retrocedido quince años. El regreso soñado, el triunfo épico, el cierre perfecto a una noche de homenaje parecía cuestión de minutos.
Pero el tenis no entiende de guiones sentimentales.
Joint y Chan no se descompusieron. Sin aspavientos, redujeron errores, ajustaron ángulos y empezaron a sumar punto a punto. Primero rompieron la racha. Luego aprovecharon las dudas. Y, de pronto, llegaron los regalos: tanto Serena como Venus incurrieron en dobles faltas en momentos clave. La inercia cambió de lado.
De un 0-5, las aspirantes pasaron a ganar 10 de los últimos 12 puntos. Un parcial demoledor para cerrar el partido 10-7 en el superdesempate y silenciar, por unos segundos, a un estadio que no terminaba de creerse lo que acababa de ver.
Un regreso retrasado y un palmarés que pesa
La vuelta de las hermanas a los grandes escenarios en dobles debía haberse producido en Wimbledon, pero una lesión de rodilla de Serena obligó a posponer el reencuentro. El retorno se desplazó a Nueva York, territorio talismán para ambas, donde levantaron el título en 1999 y 2009 y donde ahora acumulan un balance de 27 victorias y 8 derrotas en 10 participaciones como pareja.
Su historia en la modalidad habla por sí sola: 14 títulos de Grand Slam en dobles femeninos, oros olímpicos en 2000, 2008 y 2012 y un número uno compartido en el ranking de dobles durante ocho semanas. Durante años, fueron una fuerza casi imparable.
Todo eso flotaba en el ambiente del Ashe, donde un partido de primera ronda de dobles rara vez pisa la sesión nocturna. No era un encuentro cualquiera. Era un capítulo añadido a una de las mayores dinastías del tenis moderno.
El eco de 2022 y un regreso doloroso
Para muchos, aquella derrota en primera ronda de dobles en 2022 parecía el último baile conjunto. Serena se apartó del circuito ese mismo año tras dejar una marca de 23 títulos de Grand Slam en individuales. El adiós parecía definitivo.
Pero este verano volvió. Y el destino, caprichoso, le ha servido dos golpes duros junto a su hermana mayor: derrota en superdesempate en el Cincinnati Open y ahora otra caída agónica en el US Open, después de rozar una remontada que habría dado la vuelta al mundo.
Venus, por su parte, también se despidió en primera ronda en individuales en Nueva York, en otro recordatorio de que el tiempo no perdona ni a las más grandes.
La ovación final en el Arthur Ashe no distinguió entre ganadoras y perdedoras. Aplaudió la historia, el carácter, la resistencia. Joint y Chan se marcharon con la victoria más sonada de la jornada. Las hermanas Williams, con otra noche que, quizá, no era la que habían imaginado, pero que vuelve a dejar una pregunta abierta: ¿es este realmente el final de su historia juntas en los grandes escenarios, o todavía les queda un último giro de guion?




