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Mbilli y Canelo dan el peso en Riad bajo la sombra de los misiles

En Riad, la rutina del boxeo convive con el eco de la guerra. Apenas 24 horas después de que dos misiles balísticos fueran interceptados sobre la capital saudí, Christian Mbilli y Saúl “Canelo” Álvarez subieron a la báscula y confirmaron que, al menos sobre el ring, todo sigue su curso.

Ambos marcaron exactamente lo pactado: 12 stone, 76 kilos. Fríos números para un combate cargado de contexto. Mbilli, de 31 años, llega como campeón mundial del peso supermedio del WBC tras ser elevado al trono en enero. Le espera su primera defensa. Enfrente, un hombre que ya ha vivido casi todo en este deporte.

Álvarez, 36 años, se prepara para su pelea profesional número 69. Debutó el 29 de octubre de 2005. Casi 21 años de golpes, viajes, títulos, noches de gloria y alguna caída que le obligó a reinventarse. Lo recordó con una serenidad que solo dan las guerras largas.

“Esto es muy importante para mí, llevo 21 años haciendo esto y gané mi primer título mundial hace 16 años. Es importante para mí ganar un título otra vez”, explicó el mexicano, con el gesto serio del veterano que sabe que cada oportunidad puede ser la última gran noche.

Luego dejó un aviso directo a su rival: su terreno sigue siendo el mismo, el cuadrilátero. “Mi experiencia es diferente, él no se ha enfrentado a nadie como yo y le voy a enseñar mañana”.

El cara a cara tras el pesaje fue tenso, pero sin estridencias. Miradas duras, cero sonrisas, respeto entre dos caminos opuestos que se cruzan en el mismo punto: el cinturón verde y oro del WBC.

Boxeo en una ciudad en alerta

Fuera del hotel, el decorado es otro. La cita en Riad se ha visto envuelta por las dudas sobre su seguridad en medio del conflicto entre Arabia Saudí y el movimiento hutí de Yemen. No es un telón de fondo abstracto: es una amenaza real que ya ha alterado la vida diaria en la capital.

La oficina de Asuntos Exteriores, Commonwealth y Desarrollo del Reino Unido desaconseja en estos momentos todo viaje que no sea esencial a la totalidad del territorio saudí. Un aviso que pesa sobre cualquier aficionado que haya pensado volar para ver de cerca a Mbilli y Canelo.

El jueves, la agencia Saudi Press Agency informó de que la Defensa Civil interceptó dos misiles balísticos sobre Riad. Un civil resultó levemente herido y una vivienda y un vehículo sufrieron daños por la metralla caída. No fue un susto menor. Fue un recordatorio.

A comienzos de octubre, un ataque con misiles contra el aeropuerto internacional King Khalid de Riad dejó 13 muertos y más de 300 heridos. La cifra habla por sí sola y explica por qué cada desplazamiento hacia la ciudad, cada llegada al aeropuerto, se ha convertido en un rompecabezas logístico para quienes quieren estar en el combate del sábado.

Los arreglos de viaje se han complicado por las restricciones de acceso al aeropuerto. No se trata solo de encontrar un vuelo; se trata de llegar, y de volver, en un entorno marcado por controles, desvíos y una tensión que no aparece en el cartel de la velada, pero condiciona todo lo que la rodea.

Una noche de riesgo y legado

En ese contexto, la pelea adquiere un tono casi desafiante. Mbilli busca consolidarse como campeón legítimo en su primera defensa, ante el nombre más grande que ha enfrentado en su carrera. Álvarez persigue otro título mundial, uno más en un currículum que ya está destinado a la historia, pero que él se niega a dar por cerrado.

La experiencia contra el hambre. El legado contra la oportunidad. Y, sobre todo, un ring levantado en una ciudad donde, en las últimas semanas, las alarmas antiaéreas han sonado casi tan fuerte como los anuncios de grandes eventos deportivos.

Cuando se apague la música y suene la campana, todo se reducirá a lo de siempre: dos hombres, 12 asaltos, un cinturón. Pero nada de lo que ocurra en Riad esta noche podrá separarse del ruido que llega del cielo.