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Mokoena salva a Mamelodi Sundowns en el último minuto

Mamelodi Sundowns salió de King Zwelithini Stadium con algo más que tres puntos: se marchó con la confirmación de su carácter. Un 2-1 sufrido ante Golden Arrows, decidido a dos minutos del final, sostuvo el liderato y dejó claro que este equipo sabe ganar cuando el partido se vuelve incómodo, pesado y emocional.

Durante muchos minutos, el duelo olió a empate. Arrows mordía, corría y respondía golpe por golpe. Pero cuando el reloj se acercaba al 88, apareció Teboho Mokoena en el borde del área, controló y soltó un derechazo seco, incontestable, que se clavó para sellar una victoria de campeón. Un latigazo y silencio en la grada local. El tipo de gol que cambia una noche… y a veces una temporada.

Antes de ese desenlace, el guion había sido distinto. El nuevo fichaje, Siyanda Ndlovu, se presentó en sociedad con el gol que abría el marcador en la primera parte, dando ventaja a unos Sundowns que parecían tener el choque bajo control. El tanto del debutante encajaba perfecto en la narrativa de un líder sólido: refuerzo nuevo, impacto inmediato, partido encarrilado.

Arrows, sin embargo, se negó a aceptar el papel de víctima. En la segunda mitad, Junior Dion castigó a la defensa de los de Tshwane y devolvió la igualdad. El 1-1 encendió el encuentro. Se jugó a un ritmo frenético, ida y vuelta, con los dos equipos negándose a bajar una marcha. Ahí se vio la otra cara del líder: vulnerable atrás, expuesto en transiciones, obligado a tirar de personalidad más que de control.

En ese contexto, el gol de Mokoena pesa aún más. No fue solo el tanto de la victoria, fue la respuesta emocional de un grupo que se negó a conformarse. De paso, el triunfo lleva a Sundowns hasta los 16 puntos, tres por encima de Orlando Pirates en la cima de la tabla tras seis jornadas, aunque con la advertencia de que los Buccaneers aún tienen un partido pendiente. La presión, por tanto, sigue viva.

Miguel Cardoso, al terminar, no escondió su satisfacción por la reacción de su equipo. Habló de carácter, de resiliencia, de un grupo que no se derrumba cuando recibe un golpe. Para el técnico, encajar el empate y aun así encontrar fuerzas para ganar en el tramo final es una señal de que el mensaje ha calado en el vestuario: actitud, convicción y una mentalidad que no se negocia.

El tirón de orejas de Cardoso

Entre la euforia del gol final, Cardoso detectó algo que no le gustó nada. Con el 2-1 en el marcador y el partido agonizando, Sundowns siguió atacando como si estuviera dos goles abajo. El equipo se lanzó hacia adelante, abrió espacios y dejó la sensación de que no sabía cerrar el encuentro.

El propio entrenador lo dejó claro: en esos minutos, pedía otra cosa. Pedía pausa. Pedía gestionar. Pedía madurez. Mantener el balón en zonas seguras, enfriar el ritmo, administrar la ventaja con cabeza. Detalles de equipo grande que no siempre se ven en un partido jugado a mil revoluciones.

Para Cardoso, el choque ante Arrows se convierte así en una lección. Tres puntos al bolsillo, sí, pero también material de estudio. Un recordatorio de que no basta con creer hasta el final y marcar en el último suspiro; hay que saber manejar los tiempos cuando el resultado ya te favorece.

Racha viva y examen inmediato

El contexto hace que este aprendizaje sea urgente. Sundowns encadena cuatro victorias consecutivas en todas las competiciones y vuelve a escena el miércoles, en Loftus Versfeld, ante Siwelele FC. La agenda no da respiro y el margen para repetir errores se reduce.

El líder domina la clasificación, gana sobre la bocina y muestra una fe inquebrantable en sus recursos. Ahora le toca demostrar algo más difícil: que también sabe enfriar un partido cuando la emoción pide fuego. Porque los títulos, muchas veces, se deciden en esos minutos finales en los que hay que elegir entre correr detrás del tercer gol o guardar con inteligencia el segundo.