logo

Navone sorprende y derrota a Djokovic en el US Open

Novak Djokovic salió a Arthur Ashe Stadium con gesto sombrío. Desde el primer peloteo se intuyó que algo no iba bien. El competidor que acostumbra a incendiar las gradas apenas levantaba la vista, no buscaba al público, no se alimentaba de ese ruido que tantas noches le ha salvado. Y, esta vez, ni siquiera su legendaria resistencia pudo tapar el cuerpo.

El serbio, 24 veces campeón de Grand Slam y cuarto cabeza de serie, cayó en una batalla de 4 horas y 36 minutos ante Mariano Navone, argentino sin títulos ATP y número 49 del mundo, por 7-6(5), 5-7, 4-6, 6-2 y 6-1, con el techo de Arthur Ashe cerrado por la lluvia. Un marcador que cuenta parte de la historia. El resto lo escribió su físico.

Djokovic vomitó varias veces en la pista, recurrió a un inhalador, tomó pastillas y se estiró una y otra vez intentando aliviar unas molestias estomacales y posibles calambres. Días atrás, tras su derrota en primera ronda en Cincinnati, ya había admitido que lleva “lidiando con un problema de salud desde hace muchos años”. Esta noche, ese problema se le vino encima en el escenario más grande del tenis.

Un gigante vulnerable, una fecha cargada de historia

A sus 39 años, Djokovic no perdía en primera ronda de un grande desde 2006, cuando apenas empezaba a asomarse al circuito. Dos décadas después, su derrota más temprana en un major desde entonces llegó con un componente casi simbólico: exactamente 21 años después de su debut en el US Open, el 30 de agosto de 2005, ante Gael Monfils.

En la grada, su esposa Jelena y sus hijos Stefan y Tara asistieron en silencio a una noche histórica, pero no en el sentido que Novak había imaginado. El serbio se marchó con un gesto que ya es marca registrada: saludó, dibujó el corazón con las manos, firmó autógrafos. Humano, dolido, exhausto.

“Creo que en realidad esto le viene bien, porque muestra que es humano”, comentó John McEnroe en ESPN. “Te da todavía una mayor dimensión de lo increíbles que han sido sus logros”. Palabras que suenan casi a epitafio de una era: por primera vez desde Roland Garros 2003, ninguno de los miembros del Big 3 —Djokovic, Roger Federer, Rafael Nadal— estará en la segunda semana de un Grand Slam.

El sueño de Navone en la noche de Nueva York

Mientras Djokovic peleaba contra su cuerpo, Mariano Navone jugaba contra su propia incredulidad. Creció idolatrando al serbio y de pronto lo tenía enfrente, al otro lado de la red, en la pista más grande del mundo.

“Esta pista es increíble, en el escenario más grande”, dijo sobre el cemento de Arthur Ashe, todavía con la adrenalina a flor de piel. “Es increíble la forma en que jugamos, cinco sets contra el GOAT no es algo de todos los días. Estoy muy feliz, ¿qué puedo decir?”.

Navone no escondió lo que significa Djokovic para él. “Novak significa mucho para mí. Fue muy duro, porque estás jugando con el GOAT en esta pista, donde está todos los días cuando juega el US Open. Esto significa mucho, es un sueño hecho realidad. Es 100% así. Ahora tengo que recuperarme, creo que son casi las 12, tenemos que ir a dormir”.

Para el argentino, no hay exageración posible: es la victoria de su vida.

Un arranque engañoso y el giro del partido

Durante un buen rato, la historia pareció seguir el guion conocido. Djokovic se adelantó 4-2 en el primer set. Controlaba los intercambios, manejaba el ritmo, incluso en una versión visiblemente apagada. Pero el argentino aguantó. Forzó el desempate y se lo llevó 7-6(5). Primer aviso serio.

Navone se colocó 5-4 en el segundo parcial con un ace de 100 millas por hora. El partido olía a sorpresa. Entonces apareció, por un momento, el campeón de siempre. Djokovic atacó el saque del argentino, lo quebró en blanco para el 6-5 y confirmó también en blanco para igualar a un set. McEnroe lo resumió en directo: “Y ahora, de repente, empieza a parecer Novak Djokovic”.

El serbio, sin embargo, seguía desconectado del público. McEnroe lo subrayó: “Casi ningún reconocimiento a la grada hasta ahora, excepto cuando salió a la pista”. Un detalle extraño en alguien que suele convertir cualquier murmullo en combustible competitivo.

En el tercer set, la escena cambió de tono. Las cámaras captaron a Djokovic vomitando en el cubo de las toallas, lo que desató bromas de “Boot and rally” de James Blake y el equipo de ESPN. Pese a ello, sostuvo su servicio sin conceder una sola bola de break y terminó rompiendo a Navone para 5-4 cuando el argentino falló un derechazo en el punto de quiebre. Entonces, por fin, el serbio llevó la mano a la oreja, pidió ruido, encendió el estadio. Cerró el set 6-4. Parecía haber dado la vuelta a la noche.

El cuerpo dice basta

La ilusión duró poco. Djokovic volvió a vomitar al inicio del cuarto set. Su lenguaje corporal cambió de golpe: se estiraba las piernas, arqueaba la espalda, buscaba oxígeno y alivio donde ya no había. “Esto no está siendo nada divertido para él esta noche”, apuntó Chris Fowler.

Navone olió la oportunidad. Apretó en los intercambios largos, cargó sobre el revés del serbio, le obligó a moverse. El quiebre para 4-2 llegó con un derechazo de Djokovic que se fue ancho. El argentino ya no soltó la ventaja y forzó el quinto set con un 6-2 que sonó a sentencia física.

El parcial definitivo confirmó la caída. Con 0-1 al servicio, Djokovic se vio 0-40. Salvó dos puntos, pero no el tercero: subió a la red, no alcanzó el passing de Navone y cedió el quiebre para 0-2. El argentino consolidó para 3-0 y el estadio, consciente de lo que estaba viendo, rugió en un último intento de empujar al campeón.

Djokovic sostuvo para 1-3, la grada se levantó, él parecía al borde de las lágrimas, atrapado entre el orgullo y un cuerpo que ya no respondía. Navone no se dejó abrumar. Siguió sólido, implacable, hasta cerrar el set 6-1 y una noche que cambia su carrera.

Un futuro abierto y una pregunta incómoda

Djokovic, diez veces finalista en Nueva York —con seis derrotas en el partido por el título—, conquistó su último grande en el US Open 2023. Sigue a un solo paso del ansiado 25º major, pero esta derrota deja una incógnita incómoda: ¿cuánto más puede seguir exigiéndose a este nivel con un problema físico que arrastra “desde hace años”?

En esta temporada ya derrotó al número 1 del mundo, Jannik Sinner, para alcanzar la final del Abierto de Australia y el año pasado firmó semifinales en los cuatro grandes. Los resultados dicen que el campeón sigue ahí. La imagen de Arthur Ashe, en cambio, mostró a un hombre que, por una noche, dejó de ser invencible.

Navone se va a dormir sabiendo que ha tumbado al jugador al que admiraba de niño, en la pista donde los mitos se agrandan. Djokovic abandona Nueva York con otra sensación: por primera vez en mucho tiempo, el tiempo mismo parece haberle devuelto la mirada.