Novak Djokovic: De la derrota en el US Open a la lucha por Turín
La derrota de Novak Djokovic en primera ronda del US Open 2026 ante Mariano Navone no fue solo una sorpresa. Fue un seísmo. Flushing Meadows, acostumbrado a ver al serbio caminar con autoridad por sus pistas, asistió esta vez a algo casi impensable: el número 48 del mundo eliminando, de entrada, a un gigante que perseguía su 25º Grand Slam a los 39 años.
El resultado dejó una marca profunda. Djokovic firmó su peor actuación en un grande desde 2006 y vio cortarse una racha que parecía inquebrantable: 77 estrenos consecutivos ganados en torneos de Grand Slam. Casi dos décadas entrando siempre con paso firme. Hasta Navone.
Ese tropiezo no se quedó solo en el cuadro del US Open. Golpeó de lleno en la clasificación. Djokovic salió del top 10 del ranking ATP por primera vez desde 2018 y cayó al puesto 12. Un número que, en otro jugador, sonaría a élite; en su caso, suena a caída histórica.
Hay un dato que lo resume todo: es la primera vez desde 2002 que ninguno de estos tres nombres aparece en el top 10: Novak Djokovic, Roger Federer, Rafael Nadal. Dos retirados, uno resistiendo como puede. Una era que se apaga, casi sin avisar.
La carrera hacia las ATP Finals, cuesta arriba
El problema para Djokovic no es solo simbólico. Es muy real. En la Race a las ATP Finals, la clasificación que cuenta únicamente los puntos de la temporada, su situación es todavía más delicada: marcha 15º tras el batacazo en Nueva York.
Desde que debutó en el torneo de final de año en 2007, solo una vez se quedó fuera por méritos deportivos: 2017. Para un hombre que ha convertido las ATP Finals en su jardín privado, la amenaza de volver a verlas por televisión pesa más que cualquier número en el ranking.
Djokovic suma ahora 2.330 puntos en la Race, la mayoría conseguidos gracias a su final en el Australian Open y a las semifinales en Wimbledon. Números sólidos, pero no demoledores. No para alguien acostumbrado a dominar el calendario.
El corte, de momento, lo marca Daniil Medvedev. El ruso ocupa la octava plaza virtual para Turín con 2.780 puntos en directo. Son 450 puntos de diferencia. No es una montaña imposible, pero sí lo bastante alta como para exigir al serbio algo más que una presencia testimonial en la gira final de la temporada.
Shanghai, París, Pekín: el último gran asalto
La ecuación es sencilla: si Djokovic quiere estar en Turín, tendrá que jugar –y ganar– donde más duele. Le quedan dos grandes armas: el Shanghai Masters y el Paris Masters, los dos últimos Masters 1000 del año. Cada uno reparte 1.000 puntos al campeón. Dos torneos, dos oportunidades gigantescas para cambiar el guion de la temporada.
Entre medias, o como complemento, aparece otro escenario clave: el China Open, en Pekín, con 500 puntos para el campeón. Djokovic tiene previsto regresar al torneo en la gira asiática. Allí no le bastará con rodarse. Necesita sumar de verdad.
La situación es clara: no depende solo de sí mismo. Incluso levantando un título grande, el margen es tan ajustado que también necesita que algunos de los jugadores que le preceden en la Race fallen, pierdan pronto, se frenen en esta recta final.
Es un territorio extraño para él. Durante años, fue el hombre al que todos miraban por encima del hombro en la clasificación, el que jugaba con colchón de puntos y calendario a medida. Ahora camina por una cuerda más fina.
El recuerdo de un rey de Turín
Todo esto ocurre, además, con un contraste brutal en la memoria reciente. Djokovic no disputa las ATP Finals desde hace dos temporadas, tras haber recortado su calendario en la recta final de su carrera. La última vez que apareció en el torneo, en 2023, lo hizo para reafirmar su condición de dueño del evento.
Aquel año cerró una de sus mejores temporadas en el circuito ATP coronándose en Turín. En el camino, derrotó a Carlos Alcaraz y a Jannik Sinner, las dos grandes banderas de la nueva generación, para levantar su séptimo título en el torneo de maestros.
Era el segundo año consecutivo que se llevaba las ATP Finals, después de haber superado a Casper Ruud en la final de la edición anterior. Su dominio en ese escenario no tiene réplica: es el único jugador que ha ganado el torneo cuatro veces seguidas, una racha que firmó entre 2012 y 2015. Durante años, el final de temporada fue sinónimo de Djokovic levantando el trofeo.
Hoy el paisaje es otro. Su calendario es más ligero, su cuerpo ya no responde igual a once meses de máxima exigencia y el margen de error se ha estrechado. Pero el torneo que tantas veces le vio coronarse sigue ahí, al final del camino.
La pregunta, a estas alturas de 2026, ya no es solo si Djokovic puede sumar otro título grande. Es más cruda: ¿será capaz, siquiera, de ganarse un billete para volver a la ciudad donde construyó su imperio de final de año?




