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El nuevo ruido del tenis: influencers y la etiqueta en el US Open

Luces. Cámara. Silencio… o al menos, así solía ser.

En el tenis, hay un código no escrito tan firme como las líneas de la pista. Pedir perdón tras ganar un punto con ayuda de la cinta. Admitir una doble bote o un toque doble. Dar la mano al rival al final. Y en la grada, una norma básica: no molestar durante los puntos.

En Nueva York, esa frontera se está difuminando.

Alrededor de 100 influencers y creadores de contenido han recibido acreditación para el torneo, el doble que el año pasado. Su desembarco ha abierto un debate incómodo: cómo acercar el tenis a una audiencia nueva sin dinamitar la etiqueta que sostiene al deporte.

Coco Gauff, número cuatro del mundo, lo resumió con una metáfora sencilla. “Creo que es genial tener un nuevo público y que ayuda a hacer crecer el deporte”, dijo. “Pero si te invitan a una alfombra roja, no vas en vaqueros. Creo que es simplemente seguir la etiqueta del deporte. Nada más”.

Osaka, en medio del show

El choque más evidente entre tradición y espectáculo se vio en el Arthur Ashe Stadium, el escenario más grande del tenis mundial.

Durante el partido de primera ronda de Naomi Osaka, dos veces campeona del torneo, un grupo montó una sesión de fotos en su zona de hospitality mientras el juego seguía en marcha. Sacaron un aro de luz portátil justo cuando Osaka se disponía a sacar. El juez de silla tuvo que intervenir.

Cuando la japonesa volvió a la pista el jueves, la situación se repitió en otra forma: el árbitro se vio obligado a pedir silencio al público una y otra vez.

“Hoy el juez de silla pidió silencio más veces de las que he escuchado nunca a un juez pedirlo”, dijo Osaka. “Normalmente solo me concentro en el partido y en la pista, pero hubo un momento en el que había gente gritando y se oía muy claro. Creo que a mi rival también le molestó”.

Un vídeo que se hizo viral mostró a un grupo hablando en voz alta mientras se grababan a sí mismos durante ese primer partido de Osaka. La escena terminó con el juez de silla llamándoles la atención y pidiéndoles que parasen.

Osaka no se anduvo por las ramas: “Si vienes a un evento deportivo, tienes que respetar el deporte. Me parece de cortesía básica informarte un poco, sobre todo de la etiqueta. Puede ser algo positivo que acerquen el tenis a su público específico, pero creo que se tiene que gestionar mucho mejor, especialmente en una situación como la de mi primer partido. En general hay cosas muy positivas: quieres que el deporte crezca. Solo creo que debe hacerse de forma que todos conozcan las reglas y la etiqueta”.

Un estadio que nunca calla

El Arthur Ashe nunca ha sido una biblioteca. Es un estadio gigantesco, con un murmullo constante de conversaciones, movimiento y vida en las gradas. A algunos jugadores les encanta esa energía. A otros les saca del partido.

Daniil Medvedev, séptimo cabeza de serie y protagonista de más de un encontronazo con el público neoyorquino en el pasado, se alinea con la idea de abrir puertas, aunque eso traiga ruido.

“Cuanto más intentemos dar visibilidad al tenis, mejor, cuanto más popular sea el deporte, mejor”, dijo el ruso. “Cuanto más crezca, mejor será. Confío en la USTA y en lo que está haciendo. Creo que hay mucho más que ganar que que perder, así que adelante”.

El estadounidense Frances Tiafoe, cabeza de serie número 11, ve en la grada del US Open un reflejo de la ciudad.

“Creo que el Open es genial porque vienen todo tipo de personas a ver tenis”, explicó. “Gente de todos los ámbitos, de todo tipo, de distintas profesiones. Personalmente, me encanta. No tengo ningún problema con que venga cualquiera a ver tenis y haga lo que quiera”.

No todos comparten esa tolerancia.

Jessica Pegula, número tres del mundo, habló sin rodeos de actitudes “faltas de respeto”.

“Puedo apreciar que los influencers vengan y muestren la experiencia del US Open”, admitió. “Pero es difícil cuando ves vídeos en los que se hacen fotos y usan luces de selfie. Hay gente ahí abajo intentando rendir. Es su carrera y su trabajo. Parece un poco irrespetuoso. Creo que este año se ha ido un poco de las manos. Puedo entender una parte, pero cuando la otra literalmente interrumpe partidos, se complica”.

El US Open como parque temático

Nada de esto ocurre en el vacío. El torneo ha ido girando deliberadamente hacia un modelo más abierto y más “fan-friendly”.

En 2024 se introdujo una política de libre movimiento en las gradas: los aficionados ya no tienen que esperar a los cambios de lado para ocupar sus asientos. Un año después, el torneo se amplió a 15 días. La semana previa al cuadro individual se vende ahora como “Fan Week”, con un nuevo formato de dobles mixtos y exhibiciones entre estrellas del pasado y del presente.

Todo forma parte de la visión del director ejecutivo del torneo, Craig Tiley, que sueña con convertir el evento en “el Disneyland del tenis”.

Preguntado antes del inicio del torneo por la acreditación a influencers, Tiley fue claro: “Necesitamos encontrar formas de llegar a nuevas audiencias, de conectar con la gente como consume los medios hoy. La creación de la credencial para creadores ha sido clave porque nos ha permitido hablar con la gente en el lenguaje que escucha. Ha sido un foco importante”.

La apuesta es evidente: más contenido, más alcance, más público. El riesgo, también: ¿hasta dónde se puede estirar la etiqueta sin romperla?

Mensajes en las pantallas, dudas en la pista

Tras el incidente en el primer partido de Osaka, el torneo reaccionó. Los videomarcadores y pantallas alrededor del recinto se llenaron de mensajes recordando a los aficionados que deben “abstenerse de cualquier actividad que pueda interrumpir el juego, incluyendo niveles de ruido, fotografía con flash y uso de aros de luz”.

En un comunicado, la USTA subrayó su objetivo doble: crecer sin perder el control.

“Siempre trabajamos para hacer crecer el tenis en este país y atraer nuevas audiencias al deporte”, explicó el organismo. “Queremos que todos nuestros aficionados y visitantes vivan una experiencia increíble cuando vienen, pero también debemos asegurarnos de que no interfieren con la acción y la competición en la pista. Buscamos constantemente formas de garantizar que los aficionados en las gradas sepan qué está permitido y qué está prohibido”.

El mensaje institucional es conciliador. El ruido en la pista, no tanto.

Entre selfies, focos y virales, el US Open se asoma a una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto está dispuesto el tenis a transformarse para conquistar a una nueva generación sin perder el silencio que, durante décadas, ha sido parte de su esencia?