logo

El RC Lens logra una remontada épica en Praga

El RC Lens se asomó al ridículo en su regreso a la UEFA Champions League… y acabó firmando una de esas noches que se cuentan durante años. Perdía 2-1 en el minuto 89 ante un Slavia Prague con diez hombres por la expulsión de Konecny. Estaba al borde del desastre. Salió con un triunfo épico: 3-2, remontada en el descuento y primera victoria a domicilio en la máxima competición europea desde 1998.

Parecía una noche negra. El equipo de Dino Toppmöller no encontraba el ritmo, no aprovechaba la superioridad numérica y se veía desbordado por un Slavia valiente, sostenido por el doblete de Sturm. El segundo gol del delantero, ya en la recta final, sonó a sentencia. El Fortuna Arena rugía. El Lens se tambaleaba.

Entonces, el partido explotó.

Thauvin, un héroe inesperado… de cabeza

En el 91', cuando el tiempo se derretía y la derrota parecía asumida, apareció Florian Thauvin. Y lo hizo de la forma más insospechada. Un centro tenso desde la derecha del joven de 16 años Mezian Mesloub encontró la carrera del campeón del mundo, que se elevó en el corazón del área y conectó un cabezazo para el 2-2.

Un gol que cambió el relato de la noche.

Thauvin, que rara vez se asocia con el juego aéreo, lo asumió con humor ante los micrófonos de Canal+ al término del encuentro: «¡Lo habremos visto todo en el fútbol si empiezo a marcar de cabeza!», bromeó, antes de subrayar el espíritu del grupo. Para él, el tanto vale más por lo que simboliza que por la estética: «Más que un gol, es un estado de ánimo. Cuando lo das todo hasta el final, marcas con el pie, con la cabeza, con el trasero… ¡Eso es el fútbol!».

El empate no solo evitó la humillación. Encendió al Lens. El Slavia, aturdido tras haber rozado la victoria, dio un paso atrás. Y el conjunto francés olió sangre.

Aguilar culmina la remontada

Apenas dos minutos después del empate, llegó el golpe definitivo. En el 93', Ruben Aguilar se descolgó desde la banda y firmó un disparo brillante que selló el 3-2 y desató la locura en el sector visitante del estadio. El Lens, que se veía enterrado unos instantes antes, se abrazaba a una victoria histórica.

La presión, acumulada durante semanas de malos resultados en la liga, se liberó en un solo grito. Los jugadores celebraban cada despeje, cada entrada, como si fuese una final. El banquillo, con Toppmöller a la cabeza, entendía que no era solo un triunfo europeo: era un punto de inflexión emocional.

Los cambios de Toppmöller, clave

Thauvin no dudó en señalar la influencia del banquillo. El técnico movió piezas tras el descanso y sus decisiones cambiaron el partido. Entró Abdallah Sima, que dejó su sello con un gol, y el joven Mesloub, autor de la asistencia del 2-2, aportó frescura y desparpajo en un escenario de máxima exigencia.

«Mostramos una verdadera fuerza mental esta noche», remarcó Thauvin. «Salíamos de un periodo complicado, y reaccionar como lo hicimos hoy nos va a venir bien. Luchamos como leones, nunca nos rendimos y fuimos recompensados».

El mensaje fue claro: este Lens no se mide solo por su juego, sino por su capacidad de resistir cuando todo se tuerce. Sobrevivir a una noche así, en un campo hostil, con la presión del pasado europeo pesando sobre los hombros, puede convertirse en el catalizador de toda una temporada.

Un impulso para toda la temporada

El club norteño llegaba tocado por una racha difícil en el campeonato doméstico. La victoria en Praga no borra los problemas, pero cambia el aire. Aporta confianza, refuerza la idea de grupo y devuelve al vestuario la sensación de que, incluso en el borde del abismo, el equipo tiene recursos para reaccionar.

Con tres puntos vitales en el bolsillo, el Blood and Gold mira ahora hacia la Ligue 1. El domingo le espera Le Mans FC, un duelo que, sobre el papel, valdrá lo mismo que cualquier otro, pero que llega teñido por lo vivido en Champions.

La pregunta es evidente: ¿sabrá el Lens trasladar esta furia competitiva, esta fe hasta el último segundo, a su día a día en la liga? La respuesta empezará a escribirse el fin de semana, pero en Praga, al menos por una noche, el equipo recordó cómo se siente estar a la altura de Europa.