logo

Remontada épica de Aryna Sabalenka en el US Open

Aryna Sabalenka estuvo a cuatro juegos de despedirse. A dos puntos de rendirse a la lógica del marcador. Y, sin embargo, la número uno del mundo volvió a demostrar por qué domina Flushing Meadows: sobrevivió a una noche límite ante la campeona de Wimbledon, Linda Noskova, y se metió en semifinales del US Open por sexto año consecutivo.

Lo hizo al borde del abismo, con un 7-6(7/1), 3-6 y 7-6(10/7) que retrata mejor que cualquier estadística el sufrimiento y la resistencia de la bielorrusa.

De “el partido está acabado” a otra semifinal

Sabalenka lo reconoció sin rodeos: en el tercer set, con 2-4 abajo y el pulso del estadio girando hacia la checa, pensó que todo había terminado. Noskova, sexta cabeza de serie, había encontrado la zona perfecta con el servicio: 18 aces, solo dos de nueve bolas de break concedidas y una sensación de control que empezaba a asfixiar a la campeona.

La presión, sin embargo, no perdona. Justo cuando la checa olía la gran sorpresa, el partido cambió de aire.

Sabalenka, que llegaba sin haber cedido un solo set en el torneo, se topó por primera vez con un muro real. Noskova no solo pegaba fuerte: imponía respeto desde la línea de fondo, devolvía todo y castigaba cualquier duda. Pero la bielorrusa se negó a bajar el brazo en el tramo decisivo. Se soltó, atacó sin red y convirtió la desesperación en gasolina competitiva.

En el desempate final, volvió la versión más reconocible de la número uno: agresiva, directa, sin titubeos. Cerró el duelo con un ace y se dejó llevar por el rugido de la grada, a la que señaló como motor de su reacción.

Un pulso digno de Serena

El triunfo tiene un peso que va más allá de la mera clasificación. Con esta semifinal, Sabalenka iguala la racha de Serena Williams entre 2011 y 2016: seis presencias consecutivas en la penúltima ronda del US Open. En aquella etapa, Serena levantó tres de sus seis títulos en Nueva York. Sabalenka, que persigue su tercer trofeo seguido en Flushing Meadows, ya se mueve en esa dimensión histórica.

Su hoja de servicios en el último grande del año impresiona: 21 victorias en sus últimos 22 partidos en el torneo. Un dominio sostenido que solo se entiende con noches como la de hoy, donde no basta con el talento; hace falta carácter.

El arranque del encuentro pareció anunciar una noche más tranquila. Sabalenka rompió en el segundo juego con un derechazo cruzado que Noskova ni siquiera intentó perseguir. Mandaba, imponía ritmo y pegada. Pero la checa respondió a lo grande en el noveno juego, con dos golpes demoledores desde el fondo para recuperar el break y enfriar el entusiasmo de la favorita.

En el tie-break inicial, Sabalenka recordó por qué llegó a encadenar 21 desempates ganados de forma consecutiva en los grandes. Se adueñó de los primeros seis puntos con una autoridad abrumadora y cerró el set como si estuviera en un entrenamiento. Parecía tener la situación bajo control.

El apagón, el grito y la reacción

El segundo set contó otra historia. Su potencia se diluyó, el primer servicio perdió filo y Noskova empezó a mandar con el saque. Sabalenka, cada vez más tensa, regaló con una doble falta el 4-2 que terminó por abrir el camino a la checa. La reacción no llegó a tiempo y el partido se fue al tercero con la sensación de que el impulso había cambiado de lado.

La tendencia se acentuó en la manga definitiva. Dos nuevas dobles faltas de Sabalenka, en un tramo crítico, encendieron todas las alarmas. Gritó, se desahogó, miró al box. Noskova aprovechó el desconcierto y se escapó con otro break que la colocó a las puertas del gran golpe.

Ahí apareció la campeona. Con 2-4 abajo, cuando ya se repetía mentalmente que el partido estaba perdido, Sabalenka decidió soltarse. Empezó a ir a por cada golpe, a jugar sin red, a vivir o morir con su derecha. Recuperó el break en el octavo juego, devolvió la igualdad al marcador y, con ella, el miedo al otro lado de la red.

En el superdesempate, la experiencia pesó. Sabalenka volvió a su hábitat natural: puntos cortos, iniciativa clara, primeros servicios agresivos. Cerró el 10-7 con un ace, levantó el puño y se dejó envolver por el público, al que agradeció haberla empujado cuando el partido se le escapaba.

Un nuevo examen, ahora ante una estadounidense

El premio a esta batalla es otra cita grande: Sabalenka se medirá en semifinales a la ganadora del duelo íntegramente estadounidense entre Jessica Pegula, tercera cabeza de serie, y Emma Navarro, vigésimo sexta favorita.

Pegula representa la regularidad y el oficio; Navarro, la frescura y el desparpajo de una irrupción reciente. Sea cual sea el desenlace de ese cruce, Sabalenka sabe que la próxima noche en Arthur Ashe volverá a exigirle el máximo.

Hoy estuvo a un par de puntos de despedirse. Mañana, con la historia llamando de nuevo a su puerta, la pregunta es otra: ¿quién se atreve ya a apostar contra ella en Nueva York?