Rybakina silencia a Gauff y se enfrenta a Sabalenka en la final del US Open
Elena Rybakina apagó el rugido de Coco Gauff y de todo el Arthur Ashe Stadium para colarse en una final del US Open con aroma a clásico moderno ante Aryna Sabalenka, que a su vez desarboló a Jessica Pegula y se quedó a un triunfo de un histórico triplete en Flushing Meadows.
La kazaja remontó un arranque adverso y derribó a la gran favorita local por 3-6, 6-4, 6-4 en una semifinal áspera, intensa, de nervios a flor de piel, que la mantiene en la carrera por su tercer título de Grand Slam. Al otro lado de la red le espera la campeona defensora, una Sabalenka que antes había despachado por 7-5, 6-2 a Pegula, finalista en 2024, para sostener viva su candidatura a una rara “three-peat” en Nueva York.
Rybakina silencia al Ashe
La noche arrancó con el guion soñado para el público neoyorquino. Coco Gauff, empujada por una grada encendida y con figuras como Michelle Obama en las butacas, aguantó la metralla inicial de Rybakina, absorbió presión y devolvió todo lo que pudo y algo más.
La estadounidense resistió los primeros golpes, estiró los intercambios y forzó errores de la kazaja. El quiebre en el sexto juego fue la recompensa a esa resistencia: Gauff manejó los nervios mejor, se adueñó del ritmo y cerró el primer set por 6-3 entre gritos y banderas.
Parecía que la ola iba a tragarse a Rybakina. Pero ahí se vio el colmillo de una campeona de Grand Slam. La número uno de Australia este año se tomó unos segundos, respiró hondo y cambió el tono del partido. Ella misma lo reconoció después en pista: había nervios, sabía lo que significaba jugar contra Gauff en ese escenario, y tuvo que hablarse a sí misma, obligarse a pelear y a “mostrar buen tenis”.
La presión empezó a cambiar de lado. Gauff, cuarta cabeza de serie, aflojó un punto, cometió errores inusuales y Rybakina olió la sangre. Sin necesidad de exhibiciones, solo apretando un poco más con el primer golpe y limpiando sus fallos, aprovechó los juegos erráticos de la estadounidense para igualar el duelo con un 6-4 que enfrió el estadio.
En el tercero, la campeona de Wimbledon 2022 elevó otra vez la potencia. Sus golpes planos comenzaron a perforar la defensa de Gauff, que ya no llegaba tan cómoda a las esquinas. El quiebre para el 5-3 parecía definitivo: la kazaja mandaba, dominaba los intercambios y controlaba el marcador.
Pero Gauff no se rindió. Rompió de vuelta, levantó de nuevo al público y encendió la idea de otra remontada marca de la casa. El ruido volvió a subir. El ambiente se volvió eléctrico.
Rybakina, sin embargo, no se dejó arrastrar por la marea. Cuando más quemaba la pelota, recuperó la calma, atacó el segundo servicio de la estadounidense y volvió a romper para cerrar el partido con otro 6-4. Un golpe seco al sueño local y un mensaje claro al resto del circuito: sigue siendo una de las jugadoras más peligrosas en los grandes escenarios.
Del otro lado de la red, la sinceridad de Gauff reflejaba la herida: “Ahora mismo, duele. Mi padre me dijo: ‘Has logrado tantas cosas buenas este verano’. Y yo le dije que no me importa el verano”. La derrota, en ese instante, pesaba más que cualquier racha reciente.
Sabalenka, a un paso de la historia
Antes de que Rybakina silenciara a la grada, Aryna Sabalenka ya había hecho su parte del trabajo. La número uno del cuadro femenino se apoyó en su potencia habitual y fue limando, punto a punto, la resistencia de Jessica Pegula. Acabó el duelo con 29 golpes ganadores y siete saques directos, rematando con un tiro inalcanzable, profundo, que se perdió en territorio estadounidense.
Pegula, tercera cabeza de serie y subcampeona el año pasado, arrancó con temple. Salvó una bola de break con una derecha impecable y supo manejar el arranque errático de Sabalenka, que incluso descargó su frustración golpeando la raqueta contra la pista tras una doble falta en el noveno juego.
La estadounidense sostuvo su servicio en el décimo juego y mantuvo vivo el set, pero Sabalenka encontró por fin el punto justo de agresividad. Desde el fondo, clavada sobre la línea, se lanzó sobre el resto y rompió en la bola de set, llevándose el primer parcial 7-5 y cambiando por completo el tono del partido.
La defensora del título ya no miró atrás. Volvió a tirar de su mejor arma, el golpe de derecha desde el fondo, para quebrar y colocarse 3-1 en el segundo set. Pegula, que había empezado casi perfecta, se vio atrapada por una avalancha de potencia: los errores comenzaron a multiplicarse justo cuando menos margen tenía.
Sabalenka olió el desenlace. Apretó en cada resto, castigó cada segundo servicio y volvió a romper en la bola de partido para sellar el 6-2 definitivo. Sin concesiones, sin dudas.
“Puedo decir que me siento confiada y muy fuerte mental y físicamente ahora mismo”, explicó después, tras ganarse también el respeto de una grada que, de entrada, se había inclinado hacia la jugadora local.
Pegula, a sus 32 años, sigue buscando su primer grande. Y anoche se topó con una versión casi intratable de la bielorrusa. Lo resumió con crudeza: no sabía quién había enfadado a Sabalenka, pero la sensación era que jugaba a un nivel “insano”, tan alto que “honestamente” no había mucho más que ella pudiera hacer.
Una final con aroma de clásico
El cartel no puede ser más potente: Elena Rybakina contra Aryna Sabalenka por el título del US Open. Dos campeonas de Grand Slam, dos pegadoras puras, dos jugadoras que no negocian con el ritmo ni con el riesgo.
Sabalenka persigue un triplete histórico en Flushing Meadows. Rybakina, su tercer grande y la confirmación de que su tenis no entiende de rachas pasajeras. Una final que promete fuego desde el primer peloteo y que puede marcar el pulso del circuito femenino en los próximos meses.




