Sabalenka brilla y Alcaraz se sobrepone en el US Open
En el turno nocturno del miércoles en el Arthur Ashe Stadium, el cartel no admitía dudas: los dos campeones vigentes del US Open salían a escena para defender su corona. Uno pasó como un vendaval. El otro tuvo que bajar al barro antes de imponer su ley.
Sabalenka, 53 minutos de aviso al circuito
Aryna Sabalenka, actual número 1 del mundo, abrió la sesión bajo los focos con un mensaje directo al vestuario y al ranking. Si quiere seguir en la cima, está obligada a ganar en Nueva York. Y jugó como alguien que lo sabe.
La bielorrusa necesitó apenas 53 minutos para desarmar a la debutante Polina Iatcenko: 6-1, 6-1, seis roturas de servicio, tres por set, y una sensación de superioridad abrumadora. El público, acostumbrado al ruido y al drama en Flushing Meadows, apenas tuvo material para encenderse. El partido fue un monólogo.
Solo hubo una grieta en la tormenta: un break de Iatcenko en el cuarto juego del segundo set, un pequeño respiro en mitad de un auténtico bautismo de fuego para la rusa, que se estrenaba en el estadio más grande del tenis mundial. Demasiado escenario, demasiada campeona al otro lado de la red.
Iatcenko, eso sí, se marcha con algo más que un marcador duro. Viene de la fase previa, ha pisado por primera vez la segunda ronda de un Grand Slam y ha probado el nivel al que aspira. No es poco para una clasificatoria de 22 años.
Para Sabalenka, el trámite perfecto no borra la presión. Su número 1 está en el aire. Necesita levantar el trofeo y, además, que Elena Rybakina caiga antes de semifinales para conservar un liderato que ha mantenido durante 99 semanas consecutivas. Esa ventaja gigantesca de 3000 puntos que tenía a finales de marzo se ha reducido a solo 434. El colchón se ha convertido en alambre.
Su temporada lo explica. Tras un arranque fulgurante, con tres títulos y una final en el Australian Open, su tenis se ha ido deshilachando: tropiezos tempranos en los grandes, derrotas inesperadas en rondas iniciales, dudas que no se veían desde hacía tiempo. De ahí la tensión que se respiró incluso después de una victoria tan contundente.
Un cruce tenso con la prensa
Esa carga competitiva explotó lejos de la línea de fondo. En la rueda de prensa posterior al partido, Sabalenka se encontró con una pregunta que no le sentó nada bien. Se le insinuó una falta de concentración en las semanas previas al torneo, citando varios actos promocionales y apariciones con marcas.
Su reacción fue inmediata. “¿Qué clase de pregunta es esa?”, respondió, visiblemente molesta. “Solo porque publiqué algunas actividades con marcas, ¿piensas que he estado de fiesta y sin entrenar?”.
El intercambio no terminó ahí. Cuando le plantearon si ahora sí estaba “poniéndose seria” con el torneo ya en marcha, la campeona respondió con ironía cortante: “Oh, sí, no estaba seria antes. Siguiente pregunta”.
Más allá del choque con el periodista, el balance deportivo es impecable: dos victorias claras, apenas desgaste físico y un cuadro que se le abre ligeramente. Evita a Barbora Krejcikova, dos veces campeona de Grand Slam, y se medirá el viernes a Kamilla Rakhimova, la jugadora que eliminó a la checa. Sabalenka ha arrancado su defensa con autoridad. La cuestión es si esa tensión que se le nota fuera de la pista la empuja… o la persigue.
Alcaraz, del susto inicial al modo campeón
Si el duelo de Sabalenka fue un paseo, el de Carlos Alcaraz arrancó con olor a sorpresa. El español, vigente campeón en Nueva York, entró frío ante Jaime Faria, número 72 del mundo, y lo pagó.
Faria leyó muy pronto la situación. Vio a un Alcaraz falto de ritmo, todavía con óxido tras más de cuatro meses sin apenas competir en individuales, y se lanzó. Rompió el servicio del murciano en el séptimo juego y se llevó con justicia el primer set por 6-4. El Arthur Ashe, acostumbrado a noches largas, empezaba a imaginar un terremoto.
Ahí se acabó el sueño del portugués.
Alcaraz salvó un juego clave al inicio del segundo set, levantando un peligroso puñado de bolas de break. Ese momento cambió todo. A partir de ahí, el campeón apretó el acelerador y firmó un 6-0 demoledor. El partido giró de golpe.
En el tercer set, Faria aún encontró arrestos para devolver un break temprano, pero el español volvió a golpear para recuperar la ventaja y cerró 6-3. El cuarto parcial ya fue una cuestión de inercia: 6-2, partido resuelto y una remontada de 4-6, 6-0, 6-3, 6-2 que dice mucho más de lo que marca el marcador.
La gran incógnita era su muñeca. Cuatro meses parado por una lesión delicada en un jugador cuyo juego se apoya en un derechazo violento, cargado de efecto, generaba dudas lógicas. Sobre la pista, apenas se notaron. Alcaraz no escondió su golpe estrella ni se protegió.
Ya tras su debut ante Roman Safiullin había dejado claro su plan. “Sé que, una vez entro a la pista, tengo que ir a por ello cada vez. Tengo que sentirme normal”, explicó. “Tengo que pegar como pegaba antes de la lesión. Me siento genial. No hay razón para tener miedo y no golpear normal”.
Contra Faria, la idea fue la misma. “Fue un partido duro para mí. Me sentí genial en el primer set, pero no me tomé mi tiempo y eso me costó”, analizó. “Después intenté estar concentrado, mantener la calma y pensar que las cosas buenas iban a llegar”.
Llegaron. Y, de momento, sin noticias negativas del físico.
Un camino lleno de trampas por delante
Dos partidos, dos victorias convincentes, una muñeca que responde y un tenis aún lejos de su techo habitual. Alcaraz podría permitirse soñar con un regreso de cuento en Nueva York. Pero el torneo no ha empezado realmente para él en términos de exigencia.
En el horizonte asoma un posible cruce de octavos con Tommy Paul, cabeza de serie número 20, siempre incómodo en pista dura y con armas para castigar cualquier desconexión. Antes, el español tendrá que superar al talentoso Wu Yibing, una de las amenazas más serias del tenis chino emergente.
Queda otra duda, quizá la más importante: cómo aguantará su cuerpo, y en particular esa muñeca, la carga de hasta cinco partidos más, con la posibilidad real de verse atrapado en alguna batalla a cinco sets. El US Open no perdona a quien llega corto de ritmo.
Por ahora, misión cumplida para los dos campeones. Sabalenka impone miedo y se aferra al número 1. Alcaraz se reencuentra con la batalla y recuerda por qué reina en Nueva York. El torneo apenas ha levantado el telón de la noche… y ya se siente que las próximas rondas no van a conceder ni un respiro.




