Serena y Venus Williams vuelven al US Open pero caen en primera ronda
Arthur Ashe Stadium volvió a ser su casa. Veintisiete años después de su primer título de dobles en el US Open, Serena y Venus Williams regresaron juntas a un Grand Slam y, por momentos, el tiempo pareció detenerse. El resultado, sin embargo, no respetó la nostalgia: derrota por 6-3, 6-7 (8-6) y 7-6 (10-7) ante Maya Joint y Chan Hao-Ching, en un maratón de tres horas y dos minutos que dejó al estadio dividido entre la ovación y la incredulidad.
Un regreso cargado de historia
No era un simple partido de primera ronda. Eran 14 títulos de Grand Slam en dobles, dos coronas en Nueva York, tres oros olímpicos y otras 30 grandes en individuales sobre la pista. Eran 44 años en las piernas de Serena, 46 en las de Venus. Y una invitación especial que el público convirtió en homenaje desde el primer peloteo.
El origen del regreso tuvo un punto íntimo: Serena contó que la idea de volver a competir juntas llegó por sugerencia de su hija. De ahí, a una Arthur Ashe Stadium repleta con 23.000 aficionados, solo faltaba encender la chispa. Cada winner de las hermanas levantaba al público. Cada volea de Venus, cada derechazo cruzado de Serena, sonaba a greatest hits de una carrera irrepetible.
Por momentos, las hermanas parecieron retroceder dos décadas. Hubo una jugada que lo resumió todo: volea profunda y agresiva de Venus, remate cruzado de Serena para cerrar el punto. El estadio, de pie. Puro déjà vu.
Joint y Chan aguantan la tormenta
Al otro lado de la red, sin embargo, no había figurantes. Maya Joint, australiana de 20 años, llegaba a Nueva York tras haber derrotado a Serena en la pista central de Wimbledon en individuales. Chan Hao-Ching, especialista de dobles, aportaba oficio en la red y temple en los momentos calientes.
Joint, consciente del escenario, lo dijo sobre la pista con una sinceridad desarmante: jugar contra las Williams era “super especial”, y confesó que ambas eran sus ídolos desde que creció en Michigan. No necesitaba más motivación.
El primer set se decidió en los detalles. El saque de Serena, que había funcionado con solidez en Wimbledon y en su reciente aparición en dobles mixtos junto a Carlos Alcaraz, se quebró dos veces. Demasiado castigo en un parcial tan corto. Joint y Chan no perdonaron: 6-3 y silencio contenido en las gradas.
Reacción de campeonas y un desenlace cruel
La respuesta llegó con el orgullo de siempre. En el segundo set, las Williams ajustaron posiciones, afinaron la devolución y comenzaron a castigar a Chan en la red. El parcial se fue al tie-break y ahí emergió el colmillo competitivo de las hermanas.
Desperdiciaron cuatro puntos de set. El quinto, por fin, cayó de su lado cuando un smash de Joint se marchó largo. Grito de Serena, puño al aire, Venus sonriendo. 6-7 (6-8) y el partido, otra vez, en llamas.
El tercer set fue una montaña rusa emocional. Ninguna pareja cedía del todo. Los intercambios se alargaban, las piernas pesaban, pero el instinto seguía ahí. El desenlace, otra vez, en un tie-break. Y ahí apareció la escena más cruel de la noche.
Las Williams se dispararon hasta un 5-0 que olía a remontada épica. Arthur Ashe rugía como en los viejos tiempos. Pero el tenis no entiende de guion escrito. Punto a punto, Joint y Chan se recompusieron, cerraron ángulos, recuperaron agresividad en la devolución y dieron la vuelta al marcador. Del 5-0 al 7-10. Una volea ganadora de Chan selló la sorpresa y apagó, de golpe, el sueño del regreso triunfal.
La USTA informó después de que las hermanas no estarían disponibles para hacer declaraciones tras la derrota. El ruido, sin embargo, ya lo había dicho todo.
¿Último baile… o prólogo?
El ambiente en Nueva York invita a pensar que este podría no ser el último capítulo. Durante la retransmisión, la comentarista de ESPN Caroline Wozniacki aseguró que cree que Serena quiere regresar a la competición individual el próximo año. Nada confirmado, pero la sola posibilidad ya enciende la imaginación del torneo que la vio reinar como nadie.
Entre tanto, el dato queda para la historia: era la primera vez desde 2001 que las Williams disputaban un tercer set que llegaba más allá del 5-5. El cuerpo ya no es el mismo, pero la mente competitiva sigue intacta. Esta vez no alcanzó. La ovación final, en cambio, fue de campeonas.
Tsitsipas se estrena en la segunda semana
La jornada en Flushing Meadows dejó también un hito para Stefanos Tsitsipas. El griego, revitalizado tras un arranque titubeante, remontó ante el cabeza de serie número 18, Jiri Lehecka, con un 2-6, 6-1, 7-6 (7-3) y 6-1 que le abre por primera vez las puertas de los octavos de final del US Open.
Tras un primer set errático, Tsitsipas ajustó su servicio, dominó con la derecha y controló el tie-break del tercer parcial, el punto de inflexión del duelo. A partir de ahí, el checo se desinfló y el griego aceleró hacia una victoria que puede cambiar el tono de su torneo.
Tiafoe cumple y avanza con autoridad
En clave local, Frances Tiafoe, undécimo cabeza de serie, no dio opción a Valentin Vacherot. El estadounidense se impuso por 6-4, 6-2 y 6-4, sólido con el saque y dominante desde el fondo, para instalarse en la siguiente ronda sin desgaste excesivo.
Mientras el cuadro masculino empieza a perfilar candidatos, la noche en Arthur Ashe dejó otra sensación: aunque el marcador diga lo contrario, el regreso de Serena y Venus fue mucho más que una derrota. La pregunta, ahora, es si este adiós en dobles será un punto final… o el inicio de una última gran vuelta en individuales.




