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Serena Williams y la salud de las mujeres: un llamado urgente

Serena Williams ya no solo habla de títulos y finales épicas. Habla de vida o muerte. De la suya, para empezar.

En el Forbes Power Women's Summit 2026, celebrado el jueves 10 de septiembre, la leyenda del tenis volvió sobre uno de los capítulos más oscuros de su vida: las complicaciones potencialmente mortales tras el nacimiento de su primera hija. Esta vez, lo hizo con una idea muy clara en mente: su historia no es una excepción, es un síntoma.

“Cuando conté mi historia, no me di cuenta de cuánta gente podía identificarse”, confesó ante el auditorio. Tenía 44 años, pero hablaba con la crudeza de quien aún siente cerca el miedo de aquel hospital en 2017, cuando el nacimiento de Alexis Olympia, su hija con Alexis Ohanian, casi le cuesta la vida.

De “problema de minorías” a problema de todas

Williams reconoció que al principio pensó que lo que le había ocurrido se enmarcaba solo en una realidad conocida: la de las mujeres negras y de comunidades marginadas, que sufren tasas de mortalidad materna muy superiores.

“Al principio pensé que era solo un problema de minorías, pero luego me di cuenta de que es un problema de mujeres”, explicó. Y ahí cambió el enfoque.

Empezaron a llegarle relatos de todo tipo de mujeres. “Tantas mujeres, de todos los orígenes, tenían una historia de terror sobre su parto”, recordó. La acumulación de testimonios le reveló algo que ya intuía: el sistema falla demasiado a menudo cuando quien está en la camilla es una mujer.

Con su habitual ironía, lanzó una reflexión que arrancó sonrisas, pero con filo: si fueran los hombres quienes dieran a luz, “tendrían suites y todo tipo de medicinas”. No sería el mismo problema. No de esta manera.

La batalla tras el parto

La suya fue una carrera contra el reloj. Durante el parto de Alexis Olympia, los médicos tuvieron que recurrir a una cesárea de urgencia. Lo que vino después fue aún más duro.

Tras el nacimiento, un ataque de tos hizo que se reabriera la herida de la cesárea. Aquello llevó a los médicos a descubrir un gran hematoma en su abdomen, una acumulación de sangre coagulada que complicaba todo el cuadro. Williams ya había contado estos detalles en una columna de opinión publicada en 2018 en CNN, pero cada vez que los repasa, la escena vuelve a tomar cuerpo.

Lo peor estaba por llegar: una embolia pulmonar. Seis días de lucha contra un coágulo que bloqueaba arterias en los pulmones, varias cirugías, la sensación constante de que algo no iba bien. Y la necesidad de insistir.

“Sabía que algo iba mal conmigo y era súper importante que me escucharan”, relató en el panel. Esta vez, tuvo la suerte —y ella lo subraya— de contar con un equipo que la atendió y un médico que confió en lo que ella sentía. “Literalmente me salvó la vida”, dijo.

No todas tienen esa suerte. Ahí, precisamente, nace su compromiso.

De paciente a activista

Aquella experiencia no se quedó en un recuerdo traumático. Se convirtió en motor. Williams decidió usar su nombre y su influencia para empujar cambios reales en el acceso a la salud para mujeres y comunidades infrarrepresentadas.

Tras dar a luz, asumió el papel de primera entrepreneur-in-residence del programa Reckitt Catalyst, una iniciativa global de impacto social e innovación que apoya a emprendedoras y emprendedores de grupos poco representados que trabajan en soluciones de salud, higiene, agua y saneamiento.

Para Serena, no es solo un título rimbombante. Es una herramienta. “Lo que estas mujeres están haciendo es mostrarnos que la salud de la mujer es tan importante, y la salud en general”, explicó. Recordó algo sencillo pero contundente: muchas de esas mujeres son quienes cuidan de los niños. “Yo cuido de mis hijos la mayor parte del tiempo”, apuntó, conectando su experiencia personal con la de millones de madres.

Con el programa, subrayó, pueden empezar a “resolver muchos problemas” y, sobre todo, crear conexiones “vitales” que abren puertas. Cada puerta que se abre, insistió, significa estar un paso más cerca de una solución concreta para alguien. De una madre. De una familia.

“No estamos haciendo nuestra parte”

En su artículo de 2018, Williams fue muy directa al enumerar las soluciones que ya existen para reducir complicaciones y muertes maternas: acceso a parteras, centros de salud que funcionen, lactancia materna, contacto piel con piel, agua limpia, medicación básica, buena nutrición.

Nada de eso es ciencia ficción. Son medidas simples, conocidas, aplicables. Y, sin embargo, no llegan a todas. “Sabemos que existen soluciones sencillas”, escribió entonces. “Sin embargo, no estamos haciendo nuestra parte. No estamos a la altura del reto de ayudar a las mujeres del mundo”.

En el escenario del Forbes Power Women's Summit, el mensaje se mantuvo firme: no basta con conmoverse con las historias. Hay que cambiar estructuras. Hay que escuchar a las pacientes. Hay que garantizar recursos.

“Juntas, podemos lograr este cambio. Juntas, podemos ser el cambio”, escribió en aquella columna. Hoy lo repite con hechos, no solo con frases inspiradoras.

Una nueva vida, la misma misión

En agosto de 2023, Williams volvió a convertirse en madre con el nacimiento de su segunda hija, Adira River Ohanian. Su marido, Alexis Ohanian, celebró la llegada de la pequeña con una foto familiar y un mensaje de alivio y gratitud: una niña sana, una madre sana, una casa llena de amor.

Detrás de esa imagen luminosa hay una mujer que conoce el lado más oscuro del parto. Y que no está dispuesta a que su caso sea solo una anécdota famosa.

Serena Williams ya tiene 23 títulos de Grand Slam. Lo que persigue ahora no se mide en trofeos ni en puntos, sino en algo mucho más básico: que ninguna mujer tenga que suplicar para que crean su dolor en una sala de partos. Que sobrevivir al nacimiento de un hijo no sea, en pleno siglo XXI, una cuestión de suerte.