Sophia Thomalla, la constante en la vida del campeón de Roland Garros
El campeón de Roland Garros sale vivo de una maratón de casi cinco horas en Nueva York. Exhausto, empapado en sudor, pero satisfecho. “Estoy feliz de haber ganado. Batalla increíble. Muchos altibajos. Casi cinco horas para una primera ronda. Creo que es el partido de primera ronda más largo que he jugado en mi vida”, confesó después del partido ante la ATP Tour.
El alemán, finalista en Wimbledon en julio y todavía marcado por aquella final del US Open 2020 que se le escapó ante Dominic Thiem, no esconde que ese recuerdo sigue doliendo. “Sigo sintiendo que debería haber ganado en 2020, eso no cambia”, admitió en la rueda de prensa de la semana pasada. No se coloca por encima de nadie, pero tampoco se rebaja. “Siento que soy uno de los 128 jugadores que son favoritos en el cuadro”, añadió, con una mezcla de ironía y ambición.
Entre todos esos vaivenes de su carrera, hay algo que no se ha movido del box de jugadores: una figura conocida, siempre atenta, siempre presente. Es su pareja desde hace más de cinco años, Sophia Thomalla.
Sophia Thomalla, la presencia constante en el box
Mientras él libra batallas a cinco sets, ella observa desde la grada, imperturbable ante la tensión del marcador. Para muchos aficionados, su rostro ya forma parte del paisaje de los grandes torneos en los que compite el alemán. Pero su historia va mucho más allá de las cámaras que la enfocan durante los cambios de lado.
Sophia Thomalla nació en Berlín Este el 6 de octubre de 1989. Creció en un entorno marcado por el mundo del espectáculo: es hija de los actores Simone Thomalla y André Vetters, que se separaron en 1995. Sus primeros años transcurrieron en Berlín, antes de mudarse con su madre a Colonia y Kleinmachnow, un recorrido vital que la fue alejando del foco de la capital, pero no del ambiente artístico.
Con el tiempo, se ha hecho un nombre propio, reconocible incluso para quienes no siguen el circuito de tenis. Uno de sus rasgos más llamativos es su gusto por el arte corporal. Empezó a tatuarse joven y ha convertido su piel en una especie de biografía visual. Entre esos tatuajes destaca una pieza muy comentada: el nombre y la fecha de nacimiento del actor Sven Martinek, quien mantuvo una relación con su madre a finales de los años noventa, según recogió el tabloide alemán Klatsch-Tratsch.
En el mundo del tenis, su figura se asocia inevitablemente a la del jugador alemán. En el suyo, en cambio, la historia es distinta: actriz, presentadora, personalidad mediática en Alemania, con una carrera construida al margen de la raqueta que ahora acompaña.
Mientras el alemán sigue persiguiendo el título que se le escapó en 2020 y se exprime en partidos interminables desde la primera ronda, ella permanece en su lugar habitual, en lo alto del estadio, observando cada punto. El futuro del jugador en este US Open es una incógnita. Lo que no lo es: cuando mire hacia su box en el próximo partido, verá el mismo rostro que lo ha acompañado en los últimos años de su montaña rusa deportiva.




