logo

Sporting CP arranca la Champions con victoria ante Galatasaray

El Estadio José Alvalade volvió a sonar a gran noche europea. Sporting CP estrenó su andadura en la UEFA Champions League con una victoria de peso: 3-1 ante Galatasaray, remontando un partido que empezó torcido y terminó convertido en una declaración de intenciones.

Un golpe temprano… y un rugido de respuesta

El plan de Rui Borges se tambaleó pronto. Un infortunado gol en propia puerta de Gonçalo Inácio silenció durante unos segundos el estadio y dio ventaja a los campeones turcos. No era solo el marcador: eran las dudas, los nervios, la sensación de que el estreno europeo podía complicarse desde el primer suspiro.

Sporting se desordenó en ese tramo inicial. Nervios en la salida, pérdidas evitables, pases imprecisos. Galatasaray olía la inseguridad y trataba de castigarla. Pero el equipo lisboeta se negó a instalarse en el papel de víctima.

La reacción llegó con la firma de Genny Catamo. El atacante apareció en el momento justo para igualar el marcador y liberar a un equipo que, desde entonces, empezó a parecerse al campeón nacional: más agresivo, más dueño del balón, más fiel a su identidad.

El empate no solo cambió el resultado. Cambió el tono del partido.

Luis Suárez, el delantero del momento

Tras el descanso, el encuentro se jugó a la velocidad que quiso Sporting. La pelota circulaba con otra intención, la presión se adelantó unos metros y Galatasaray empezó a perseguir sombras. El desgaste fue abriendo grietas. La sensación era clara: el segundo gol estaba cerca.

La jugada clave la protagonizó Luis Suárez. El colombiano atacó el área con determinación, encaró y obligó a Ismail Jakobs a cometer el penalti que terminó de inclinar la noche. No dudó desde los once metros. Gol, 2-1 y un rugido que pareció sacudir las gradas del José Alvalade.

Suárez encadenó así su cuarto partido consecutivo marcando. Racha de delantero en estado de gracia, pero con un discurso alineado con el vestuario: el colectivo por encima del registro personal, la serenidad por encima de la euforia, consciente del calendario exigente que se viene.

El propio atacante reconoció los nervios del inicio y la capacidad del grupo para crecer con el paso de los minutos, adueñarse de la posesión y darle la vuelta al marcador. En el césped, esa madurez se notó.

Altimira, un debut soñado en el centro de mando

En medio del vendaval verde y blanco, otra historia tomó forma en silencio: el estreno de Sergi Altimira en la Champions. El fichaje veraniego se plantó en el eje del campo, hombro con hombro con Rodrigo Zalazar, y sostuvo al equipo cuando el duelo pedía cabeza fría y piernas firmes.

Tras el descanso, su actuación ganó peso. Se ofreció, dio líneas de pase, corrigió, barrió espacios y ayudó a que Sporting mandara en el ritmo del partido. Fue el tipo de actuación que no siempre aparece en los titulares, pero que sostiene victorias de este calibre.

Altimira calificó la noche como un sueño de infancia cumplido, de aquellos que se forjan viendo la competición junto a su padre. Salió del choque con un pequeño golpe, pero lo minimizó de inmediato y confirmó que estará disponible para los próximos compromisos domésticos. Otro mensaje de solidez interna en un grupo que no quiere excusas.

Zalazar firma la postal de la noche

Cuando Galatasaray intentaba recomponerse, apareció el golpe definitivo. Minuto 63. Falta directa en la frontal. Rodrigo Zalazar colocó el balón, respiró y dibujó una parábola perfecta por encima de la barrera. El balón cayó con violencia mansa en la red. El estadio se levantó como un solo cuerpo.

Ese 3-1 no fue solo un gol bonito. Fue un apagón total para las esperanzas turcas. A partir de ahí, el conjunto visitante se quedó sin argumentos, sin energía y sin conexión con sus hombres más peligrosos.

Ni siquiera la entrada de Rafael Leão, hijo de la casa de Alcochete y ahora rival con la camiseta de Galatasaray, cambió el guion. El regreso del antiguo canterano estuvo marcado por la hostilidad de la grada local y por la soledad futbolística: aislado, sin balones claros, sin opción de convertirse en villano perfecto de la noche.

Sporting, en cambio, jugó los últimos minutos con la serenidad de quien sabe que ha impuesto su ley.

Tres puntos, una advertencia

Con el triunfo, el equipo de Rui Borges arranca la nueva fase de liga europea con el botín completo y una sensación poderosa: la de un grupo capaz de sobreponerse a un mal inicio, ajustar sobre la marcha y castigar cuando huele sangre.

No hubo celebración desmedida. El vestuario sabe que esto es solo el primer paso de un camino largo. Famalicão asoma ya en el horizonte liguero y la defensa del título nacional no permite distracciones.

Luis Suárez lo resumió con frialdad competitiva: el objetivo está claro y esta Champions se jugará partido a partido. Si cada uno se parece a esta noche en el José Alvalade, la temporada de Sporting promete mucho más que una simple participación europea.