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Vera resucita con un TKO y Tuivasa iguala un récord negativo en UFC 331

La velada de UFC 331 avanzó entre golpes duros, historias pesadas y un aire extraño de transición, mientras la cartelera se abría paso hacia el duelo por el cinturón de peso mosca entre Joshua Van y Alexandre Pantoja.

“Chito” Vera rompe la mala racha con un final demoledor

Marlon “Chito” Vera necesitaba algo más que una victoria. Necesitaba un corte limpio con el pasado. Llegaba con cuatro derrotas seguidas, la confianza en entredicho y la sensación de que otra caída podía cambiar su lugar en la división. Respondió con violencia calculada.

Su pelea ante Charles Jourdain fue una guerra desde el primer segundo. El asalto inicial se disputó a un ritmo frenético, pero no desordenado: ambos precisos, ambos técnicos, ambos dispuestos a intercambiar. Vera castigó con rodillas al cuerpo, Jourdain replicó con manos al torso, buscando el hueco por dentro de la guardia.

En dos ocasiones, “Chito” cazó una patada y mandó al canadiense al suelo. La primera vez, entró en la guardia cerrada y trabajó con calma. La segunda, dejó caer puños pesados antes de que la campana devolviera la acción a la vertical. El asalto se cerró con una izquierda de Vera que ya avisaba de lo que venía.

El segundo round inclinó claramente la balanza. Vera empezó a encontrar los ángulos y a cambiar ritmos. Primero, patada baja, seca, que frenó el avance de Jourdain. Luego, una ráfaga limpia: ganchos, uppercut, combinación que rompió la guardia y mandó al canadiense a la lona. Jourdain logró escapar, corrió hacia la reja para sobrevivir, pero el ecuatoriano lo persiguió con golpes pesados, sin precipitarse.

Cada patada que Jourdain lanzaba se convertía en una invitación al castigo. Otra patada cazada, otro derribo. En el suelo, Vera eligió bien los golpes, sin malgastar energía, castigando con ground and pound preciso. Cuando el canadiense logró ponerse de pie, un rodillazo al cuerpo lo volvió a derribar en los últimos segundos del asalto. El mensaje era claro: el control y el daño eran de “Chito”.

El tercer asalto fue la sentencia. Vera, sereno, midiendo la distancia, soltó una izquierda perfecta. Un gancho nítido. Jourdain cayó de nuevo y, mientras se desplomaba, hizo algo poco habitual en este deporte: se llevó la mano hacia el árbitro y gesticuló para detener el combate. No quiso más. Algo en el impacto, quizá en la zona del pómulo o la cuenca del ojo, le dijo que la noche había terminado.

Oficialmente: Marlon Vera derrotó a Charles Jourdain por TKO en el tercer asalto, a los 2:02, con un gancho de izquierda. Fin de una racha de cuatro derrotas. Inicio, quizá, de un nuevo capítulo.

Tuivasa, ocho derrotas seguidas y un récord que nadie quiere

Antes de ese estallido de “Chito”, la noche había dejado otra historia, mucho más amarga. Tai Tuivasa, uno de los pesos pesados más carismáticos del roster, igualó un registro que ningún peleador desea: ocho derrotas consecutivas en UFC, la misma marca negativa que Tony Ferguson.

Su caída más reciente llegó a manos de Robelis Despaigne, que se impuso por decisión dividida (29-28, 28-29, 29-28). Un combate espeso, físico, con largos tramos de clinch en la reja y ráfagas aisladas de poder.

En el segundo asalto, Tuivasa pareció rozar la redención. En los primeros segundos conectó un overhand de izquierda brutal que hizo tambalear a Despaigne. En lugar de lanzarse a rematar, optó por cerrarle el espacio y llevarlo contra la jaula, buscando el control en el clinch. El cubano respondió con un rodillazo decente y, al poco, con un bonito derribo, un lanzamiento más cercano al judo que al clásico wrestling pesado. Cayó en side control, pero sin avanzar demasiado la posición, lo que llevó a la intervención del árbitro para devolverlos a la vertical.

En el tercer asalto, la gasolina de Tuivasa empezó a vaciarse. Respiración pesada, pasos más lentos. Encajó una patada alta rozando la cabeza, pero devolvió el golpe con una patada baja que derribó a Despaigne a sus rodillas. El cubano se levantó y volvieron al forcejeo en la reja, alternando grappling con intercambios de puños desordenados. Otra vez, Despaigne recurrió al lanzamiento, tirando a Tuivasa al suelo y sumando segundos de control y ground and pound moderado.

Ya en los últimos instantes, con el cuerpo al límite, Tuivasa se levantó y decidió morir de pie: avanzó y soltó puños, más por orgullo que por claridad técnica. No alcanzó para revertir las tarjetas. Sí para dejar claro que, pese al récord que lo persigue, no se rinde fácilmente.

Una noche cargada de contexto antes del título mosca

Mientras la acción avanzaba en el octágono, la semana ya venía marcada por noticias pesadas en la élite de UFC. El caso más crudo, el de Tom Aspinall. El británico, que ya había visto cómo su reinado se torcía por una grave lesión derivada de los eye pokes de Ciryl Gane, se vio obligado a renunciar al cinturón de peso pesado tras un nuevo contratiempo en su recuperación. El escenario es cruel: Aspinall sin título, Gane con la posibilidad real de ser elevado de campeón interino a monarca indiscutido. Un giro del destino que redefine la cima de la división.

También hubo ruido en el peso ligero. Ilia Topuria, que sufrió su primera derrota profesional en junio en una pelea por el título ante Justin Gaethje en la Casa Blanca, insinuó esta semana que Gaethje habría manipulado sus propios guantes en aquel combate. Una acusación seria, que el estadounidense rechazó de inmediato. Topuria, mientras tanto, ya prepara su regreso, decidido a reconstruirse después del golpe más duro de su carrera.

Todo ese telón de fondo desemboca en lo que ocurre esta noche en la cumbre del peso mosca. Joshua Van, campeón con solo 24 años, expone el cinturón ante Alexandre Pantoja, el hombre al que se lo arrebató en circunstancias extrañas: una lesión de hombro del brasileño a los 26 segundos de su defensa en diciembre. Van ya defendió el título con éxito en mayo ante Tatsuro Taira, en una pelea salvaje que muchos colocan entre las mejores del año, y que para muchos legitimó su reinado.

Pero la pregunta flota en el ambiente: para consagrarse como campeón “real” de la división, ¿necesita Van vencer con autoridad a un Pantoja que sigue siendo considerado uno de los grandes nombres libra por libra? El brasileño, 36 años, no ha vuelto a pelear desde aquella noche fatídica. Esta vez llega sin excusas, con el cuerpo sano y la memoria fresca.

La cartelera principal está a punto de arrancar. Vera ya se sacudió sus fantasmas. Tuivasa carga con un récord que nadie quiere. Aspinall mira el título desde la distancia. Topuria prepara su vuelta. Y en el peso mosca, Van y Pantoja tienen 25 minutos para decidir algo mucho más grande que un cinturón: quién manda de verdad en la división.