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Wimbledon prohíbe a influencers: El tenis primero

Wimbledon ha trazado una línea clara en la hierba del All England Club: no habrá acreditaciones para influencers que busquen convertir el torneo en un plató de contenido. Quien quiera grabar, que lo haga desde fuera. Dentro, manda el tenis.

La decisión llega tras el caos vivido en el último U.S. Open, donde un centenar de creadores digitales compartieron espacio con periodistas y televisiones acreditadas. El resultado: más ruido, más distracciones, más foco en la pantalla del móvil que en la pelota.

En Londres han tomado nota.

Mano dura en el All England Club

El torneo británico ha endurecido sus normas de acceso y de comportamiento. Seguridad tendrá instrucciones claras: objetos como los ring lights serán confiscados. Esos aros de luz, habituales en vídeos y directos de redes sociales, ya habían provocado molestias y quejas en Nueva York, donde los destellos y los móviles levantados se convirtieron en un problema recurrente.

Wimbledon quiere justo lo contrario: silencio, concentración, respeto al ritual. La prioridad, explican, es recuperar la etiqueta tradicional del tenis y proteger la experiencia del jugador en pista.

No es una reacción exagerada. En el último U.S. Open, varios partidos se vieron interrumpidos una y otra vez por aficionados haciendo fotos con luces intensas, grabando vídeos a escasos metros de los jugadores y generando un murmullo constante. El tenis, un deporte que vive del tempo y del silencio entre puntos, se vio desplazado por el espectáculo paralelo de las redes sociales.

Jugadores hartos del ruido

Las estrellas también hablaron. Coco Gauff y Naomi Osaka insistieron públicamente en la importancia del comportamiento del público, cansadas de distracciones que rompían el ritmo de los partidos. El mensaje era nítido: se puede animar, se puede disfrutar, pero hay un límite.

El torneo neoyorquino reaccionó a medias: mensajes en las pantallas del recinto recordando las normas de conducta, avisos sobre el uso de móviles y, en los casos más graves, retirada de acreditaciones. Dos creadores de contenido perdieron su acceso tras sobrepasar esos límites.

Pero el ruido no fue el único problema.

Del flash al olor a marihuana

En Flushing Meadows también apareció otro elemento inesperado: el olor constante a marihuana en algunas zonas del complejo. El asunto dejó de ser una anécdota cuando impactó directamente en la pista.

La número 1 del mundo, Aryna Sabalenka, se vio obligada a pausar su partido de tercera ronda por un “olor muy fuerte” a marihuana. Lo expresó abiertamente, molesta, desconcentrada, con la sensación de que el entorno se le venía encima por razones que nada tenían que ver con el rival al otro lado de la red.

Adrian Mannarino fue aún más gráfico al describir el ambiente de ese Grand Slam: “un poco un zoológico”. Una frase que resume la sensación de muchos jugadores ante un torneo que, por momentos, pareció desbordado por su propio éxito y por una grada más pendiente del contenido que del juego.

Wimbledon marca el tono

Con ese precedente, Wimbledon ha optado por anticiparse. Nada de acreditaciones masivas para influencers, nada de ring lights, nada que ponga en riesgo el ecosistema clásico del torneo. El mensaje es directo: la pista no es un escenario para vídeos virales.

En un circuito que lucha por atraer audiencias jóvenes y convivir con la cultura del clip corto y del directo permanente, la apuesta de Wimbledon va a contracorriente. Prefiere perder algo de exposición en redes antes que sacrificar el silencio en el momento de un saque de partido.

La próxima vez que un jugador se acerque a la línea de fondo en la Centre Court, sabrá que, al menos allí, la única luz que importa es la del marcador. La pregunta es si el resto de los grandes seguirán el mismo camino o si el tenis se resignará a jugar, cada vez más, rodeado de pantallas.