Zheng Qinwen y su sorprendente remontada en el US Open
En este US Open hay una ley no escrita que ya debería figurar en los vestuarios: no te pongas 5-0 arriba contra Zheng Qinwen. Es el marcador más peligroso del torneo. Madison Keys lo descubrió primero. Iga Swiatek, dos días después, lo confirmó con dolor.
La campeona olímpica china volvió a desafiar la lógica en Nueva York. En la tercera ronda, Keys mandaba 5-0 en el set decisivo. Siete juegos seguidos después, Zheng se marchaba con el partido en el bolsillo. Parecía un episodio único, una de esas locuras que el tenis regala de vez en cuando. No lo era.
Ante Swiatek, seis veces campeona de Grand Slam y una de las grandes favoritas al título, el guion se repitió. La polaca voló al 5-0 en el primer set de su duelo de cuarta ronda. Partido controlado, ritmo firme, autoridad de número uno moral del circuito. Y entonces, otra vez, Zheng apretó un botón que muy pocas jugadoras poseen.
Encadenó siete juegos consecutivos, se llevó el set 7-5 y no soltó el mando hasta cerrar una victoria monumental por 7-5 y 6-3 para meterse en los cuartos de final del US Open. Dos remontadas desde 0-5 en sets consecutivos, frente a dos campeonas de Grand Slam distintas, son algo prácticamente inaudito en la élite. Hacerlo en el mismo torneo, en la misma semana, entra directamente en territorio histórico.
“En un momento incluso me olvidé del marcador en el primer set, con 4-5”, explicó Zheng. “Eso muestra lo concentrada que estoy. Supongo que remontar desde 0-5 otra vez no es suerte, eso es lo que puedo decir”.
No sonó a bravuconería. Sonó a constatación fría de una realidad: cuando entra en trance competitivo, Zheng no negocia.
Swiatek llegaba lanzada. Había estrenado su palmarés del año en Toronto, en el Canadian Open, y parecía reencontrar esa confianza abrasadora que la ha convertido en la gran referencia de su generación. Durante media hora, el guion fue el esperado: dominio con el resto, peso de bola, presión constante sobre la segunda de Zheng.
Pero el partido giró en un suspiro. Al mínimo resquicio, el tenis de Swiatek se deshilachó en una sucesión de errores no forzados, pelotas a la red, golpes largos por centímetros. La polaca ha hablado en los últimos meses de problemas de ansiedad y estrés, de la carga mental de sostener un estándar tan alto. En Nueva York, sin embargo, apuntó a algo más simple: la sensación con la pelota desapareció justo cuando Zheng dejó de regalar.
“Yo no diría que tuvo que ver con la mentalidad. Fue más que empecé a fallar bolas fáciles y Qinwen dejó de cometer errores”, admitió Swiatek.
El contraste fue brutal: mientras una se encogía, la otra crecía con cada intercambio largo, con cada punto ganado a base de insistencia.
Para Zheng, el impacto de este triunfo va mucho más allá de una clasificación a cuartos. Es una victoria que redefine una temporada y, quizá, una carrera. Llegaba con un balance de 11-13 este año, hundida en el ranking tras una operación de codo que la había hecho caer hasta el puesto 160 en junio. Hace no tanto, era la gran irrupción del circuito: finalista del Australian Open 2024, oro olímpico en París, número 4 del mundo, icono deportivo en China de la noche a la mañana.
También traía una herida abierta con Swiatek. La había derrotado solo una vez en ocho enfrentamientos, pero aquella única victoria pesaba toneladas: las semifinales de los Juegos Olímpicos de París 2024 en Roland Garros, justo después de que la polaca levantara su tercer Roland Garros consecutivo. Ese día, Zheng rompió un aura. En Nueva York, la ha convertido en costumbre.
Lo ha hecho desde abajo del todo. Obligada a pasar por la fase previa, tuvo que aparcar el ego y pelear desde el primer día en las pistas exteriores, lejos de los focos de Arthur Ashe. Hoy suma ya siete triunfos en Nueva York. De la clasificación al cuadro principal a candidata real al título, en menos de dos semanas. El tenis, otra vez, como deporte de resurrecciones exprés.
Su siguiente obstáculo será mayúsculo: Elena Rybakina, segunda cabeza de serie, a una sola victoria de convertirse en número 1 del mundo por primera vez. La kazaja no necesitó dramatismo para mandar un mensaje contundente. Despachó a Naomi Osaka por 6-1 y 6-4 en apenas 66 minutos en Louis Armstrong Stadium, con un tenis casi quirúrgico: 29 golpes ganadores, solo 17 errores no forzados y un único punto de break concedido, que además salvó.
Osaka, doble campeona en Flushing Meadows, necesitaba su versión más cercana a la cima para aguantar el pulso. No la tuvo. Arrastra molestias en el tendón de Aquiles, el saque no fluyó y, sin esa primera bola dominante, se quedó sin armas para discutirle el partido a una Rybakina que jugó como si llevara semanas instalada en la cima del ranking.
En paralelo, la parte alta del cuadro femenino sumó otro nombre ilustre a los cuartos de final. Mirra Andreeva, quinta favorita y campeona de Roland Garros, firmó una remontada de carácter ante la austriaca Anastasia Potapova: 5-7, 6-4 y 6-3 para alcanzar por primera vez los cuartos en Flushing Meadows. Otro paso más en la construcción acelerada de una carrera que apenas empieza y ya se mueve con naturalidad en las rondas finales de los grandes.
El cuadro masculino también dejó su pequeña sacudida. Alexander Blockx, vigésimo octavo cabeza de serie, se metió por primera vez en unos cuartos de final de Grand Slam al derrotar al argentino Francisco Cerundolo, preclasificado 24, por 6-3, 4-6, 7-5 y 7-5. Un partido trabajado, de esos que se ganan a base de sostener el pulso en los momentos calientes.
Pero la historia del día, la que queda grabada en la memoria del torneo, lleva el nombre de Zheng Qinwen. En doce días, ha convertido el 0-5 en un punto de partida, no en una sentencia. Ahora la pregunta es otra: si ya ha aprendido el circuito a no ponerse 5-0 arriba contra ella, ¿está preparado para detenerla cuando el marcador aún está a tiempo?




