Alexander Zverev avanza a la final del US Open tras vencer a Khachanov
Nueva York vio a un Alexander Zverev implacable. El campeón de Roland Garros dio otro golpe de autoridad en pista dura y se metió en la final del US Open tras derrotar a Karen Khachanov por 6-3, 7-6 (9-7), 7-6 (8-6), el 11 de septiembre, en un partido tenso, largo en los momentos clave y decidido por detalles de jugador grande.
De los cinco sets al modo apisonadora
Zverev llegó a Nueva York con dudas sobre su desgaste. Necesitó cinco sets en cada uno de sus dos primeros partidos y parecía condenado a un torneo de supervivencia. Desde entonces, ha cambiado el guion: cuatro victorias seguidas sin ceder un solo set y tercera final consecutiva de Grand Slam.
Su hoja de servicios esta temporada en los grandes impresiona: 24 victorias y solo 2 derrotas. Números de candidato principal a todo, refrendados ahora con su regreso a la final de Flushing Meadows, donde ya fue subcampeón en 2020 ante Dominic Thiem.
Inicio demoledor y primer golpe a Khachanov
El alemán arrancó el partido mandando. Seguro con el primer saque, agresivo al resto y dominante en los intercambios largos, se llevó el primer set por 6-3 tras golpear primero con un quiebre que marcó el tono del duelo.
Entró al segundo parcial con la misma determinación y consiguió un break temprano que parecía encarrilar la noche. La sensación era clara: Zverev dictaba, Khachanov resistía como podía.
Khachanov rompe la racha… y enciende el partido
Pero el ruso, sin cabeza de serie en el torneo, se negó a desaparecer. Ajustó la profundidad de sus golpes, empezó a encontrar más ángulos y, sobre todo, atacó con decisión el segundo servicio de Zverev. El premio llegó con el contrabreak que cortó una racha notable: 37 juegos consecutivos al saque de Zverev sin ser quebrado.
Ese momento cambió la atmósfera. Khachanov, más suelto, se metió de lleno en el set y llevó la manga a un desempate vibrante. Allí rozó el golpe grande. Tuvo opciones, apretó al alemán y amenazó con girar la semifinal.
Un tie-break eterno y la sangre fría del campeón
En el momento de máxima tensión, Zverev mostró por qué está instalado en la élite. El desempate del segundo set se alargó durante 14 minutos, una batalla de nervios y precisión. Khachanov, que había hecho lo más difícil, se descompuso justo cuando el margen de error era mínimo.
El alemán sostuvo el pulso con primeros saques oportunos y golpes profundos, mientras los errores del ruso en los puntos clave le abrieron la puerta. Zverev cerró el tie-break 9-7 y, con él, dio un zarpazo psicológico al partido.
Mismo guion en el tercero, mismo desenlace
Lejos de rendirse, Khachanov volvió a plantar cara en el tercer set. El intercambio se equilibró, los turnos de saque se consolidaron y el ruso, otra vez, encontró un pequeño resquicio en el desempate. Tomó una ventaja corta, se asomó a la posibilidad de estirar el partido y obligar a Zverev a un cuarto set físico y mentalmente exigente.
El alemán respondió como en las grandes noches: apretó con el resto, corrigió errores y encadenó puntos de calidad en el tie-break para darle la vuelta. Remontó, se impuso 8-6 y firmó su séptima victoria en diez enfrentamientos directos ante Khachanov.
Sin alardes, pero con una solidez feroz, Zverev cerró el duelo en tres mangas y se ganó otra cita con la historia en Nueva York.
Una final con sabor estadounidense… y un gigante en frente
El triunfo lo lleva a su segunda final en el US Open, cuatro años después de aquella dolorosa derrota ante Dominic Thiem. Esta vez llega con un perfil distinto: campeón reciente de Roland Garros, en plena madurez competitiva y con una racha demoledora en Grand Slams.
Su rival saldrá del duelo totalmente estadounidense entre Frances Tiafoe y Ben Shelton, una semifinal que promete ruido, energía y público volcado con el jugador local. Zverev, mientras tanto, ya ha hecho su parte.
Está a un solo partido de su segundo título grande. La pregunta ahora no es si está preparado. Es si alguien puede frenar, en esta versión, al alemán que domina la segunda semana de los grandes como pocos en el circuito.




