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Zverev avanza a semifinales del US Open tras vencer a Van de Zandschulp

Alexander Zverev se instala en semifinales del US Open tras domar a Botic van de Zandschulp y se cita con Karen Khachanov en un duelo de fondo físico y mental que promete chispas en Nueva York.

Zverev, maratonista del Grand Slam

El alemán, finalista en Flushing Meadows en 2020, volvió a sentirse como en casa sobre el cemento neoyorquino. Superó con autoridad al neerlandés Botic van de Zandschulp por 6-2, 7-5 y 6-1 y alcanzó por tercera vez las semifinales del US Open. Será, además, su 13ª semifinal de Grand Slam. No es un dato menor: habla de un jugador que ya se mueve con naturalidad en la élite de los grandes escenarios.

Su ruta hasta aquí ha sido una prueba de resistencia. Es el único tenista que ha logrado meterse en semifinales de los cuatro Grand Slam esta temporada, una regularidad feroz en un calendario que castiga cuerpos y cabezas. Para llegar a esta penúltima ronda en Nueva York ha pasado 16 horas y 40 minutos en pista, la cifra más alta para un semifinalista masculino del US Open desde 1991. Un maratón. Y aún no ha terminado.

El torneo comenzó cuesta arriba. En sus dos primeros partidos, Zverev tuvo que irse hasta el quinto set. Sobrevivió. A partir de ahí, cambió el guion: tres victorias consecutivas en tres mangas, incluida la de este miércoles ante van de Zandschulp, que apenas pudo sostener el pulso en ráfagas aisladas.

Un inicio tenso, una respuesta de campeón

El duelo ante el neerlandés no arrancó limpio para Zverev. Cinco dobles faltas al inicio del encuentro encendieron las alarmas y dieron aire a su rival. Pero el alemán no se descompuso. Ajustó el servicio, afinó la devolución y rompió en el quinto juego. A partir de ese quiebre, el primer set se le abrió de par en par: 6-2 y sensación de control.

La verdadera batalla llegó en la segunda manga. Van de Zandschulp se agarró al partido, apretó desde el fondo y se acercó peligrosamente a igualar el marcador. Zverev, sin embargo, apretó el acelerador cuando más quemaba la pelota. Encadenó tres juegos consecutivos en el tramo decisivo del set y cerró por 7-5, un golpe psicológico que dejó tocado al neerlandés.

El tercer parcial ya tuvo otro tono. Con la confianza disparada, Zverev rompió pronto el servicio de su rival, se adueñó de la línea de fondo y no soltó la presa. 6-1 para sellar el pase sin mirar atrás. Menos desgaste, más autoridad, justo lo que necesitaba un jugador que viene de acumular tantos kilómetros en las piernas.

Khachanov avanza entre vendas y retirada

Al otro lado del cuadro, Karen Khachanov llegó a semifinales por un camino mucho más extraño, casi inquietante. El ruso se clasificó después de que el belga Alexander Bloxs se viera obligado a retirarse cuando el marcador señalaba 6-2, 7-5 y 3-2 a favor de Khachanov.

Bloxs saltó a la pista ya tocado, con una lesión en las costillas, y su cuerpo fue enviando señales de alarma una tras otra. Jugó con una tobillera en el pie derecho, un vendaje en el muslo y tuvo que recurrir a la asistencia médica durante el partido. Cada punto parecía un examen físico más que un intercambio de tenis. Al final, el límite llegó antes que la remontada: el belga no pudo continuar.

Khachanov, que no tiene la culpa de nada de eso, vuelve así a las semifinales del US Open por primera vez desde 2022. También supone su regreso a esta ronda en un grande desde el Abierto de Australia de 2023. Un reencuentro con las alturas que llevaba tiempo persiguiendo.

Una semifinal marcada por el desgaste

El cruce entre Zverev y Khachanov se dibuja como un choque de pegadores, pero también como un examen de fondo. El alemán llega con el mayor volumen de minutos en pista de todos los semifinalistas desde hace más de tres décadas. El ruso aterriza con un partido de cuartos resuelto antes de tiempo, menos castigo en el cuerpo y la sensación de haber ahorrado energía justo cuando el torneo entra en su tramo más cruel.

Zverev persigue algo más que una final: busca cerrar el círculo que se abrió en aquella derrota de 2020, cuando se le escapó el título en un partido que aún pesa en la memoria. Khachanov, por su parte, quiere demostrar que su regreso a las rondas finales de los grandes no es una excepción, sino el inicio de una nueva etapa.

El escenario ya está listo. Las estadísticas hablan de resistencia. La pista, de nervios de acero. Ahora falta saber quién aguantará más bajo las luces de Nueva York.