Zverev vs Van de Zandschulp: Cuartos de Final del US Open
El cartel del último cuarto de final del US Open ya está escrito: Alexander Zverev, número 1 del cuadro masculino, frente a Botic van de Zandschulp, invitado inesperado a la mesa grande. La cita, el miércoles en el Arthur Ashe Stadium, llega con un billete a semifinales como recompensa y con dos historias que avanzan por vías muy distintas.
Zverev, el año de la consagración
Para Zverev, 2026 se ha convertido en el año que llevaba una década persiguiendo. El alemán, de 29 años, cargaba con el peso de tres finales de Grand Slam perdidas. Siempre cerca, nunca del todo. Esa etiqueta se rompió en junio, en Roland Garros, cuando por fin levantó su primer título de Major.
No se quedó ahí. Encadenó esa explosión de confianza con otra final en Wimbledon, demostrando que ya no es solo un talento recurrente, sino una presencia estable en las grandes citas. En Nueva York camina con la misma determinación: sus 50 victorias esta temporada son la cifra más alta del circuito masculino y nadie más ha alcanzado, como él, al menos los cuartos de final en los cuatro grandes del año.
Su hoja de servicio en los Grand Slams de 2026 impresiona: 22 triunfos y solo 2 derrotas. Un ritmo de campeón consolidado, no de aspirante.
El torneo, eso sí, no arrancó sencillo para él. Zverev necesitó cinco sets en las dos primeras rondas, obligado a tirar de fondo físico y paciencia. Desde entonces cambió el guion: los dos últimos partidos los cerró en tres mangas, sin concesiones, como si hubiera encontrado por fin la velocidad de crucero adecuada para una segunda semana de Grand Slam.
Van de Zandschulp, resistencia a contracorriente
En el otro lado de la red aparece Botic van de Zandschulp, sin cabeza de serie, sin ruido, pero con una resistencia que se ha ganado el respeto del torneo. No es un recién llegado a estas alturas: ya sabe lo que es meterse en cuartos de final del US Open, y vuelve a pisar territorio conocido.
Su verano fue el de un jugador que insiste, que se mantiene cerca sin terminar de romper: octavos de final en el torneo de Montreal, cuartos en Winston-Salem. Resultados que no deslumbran, pero que explican su presencia en Nueva York con ritmo competitivo y confianza suficiente para incomodar a cualquiera.
Su recorrido en este US Open ha sido un ejercicio de contraste. Arrancó con autoridad, ganando sus dos primeros partidos en sets corridos. Luego, la montaña rusa: dos encuentros consecutivos a cinco sets, con el último convertido en una batalla épica ante el francés Arthur Gea.
Ahí, en ese duelo, se vio el perfil más extremo del neerlandés. Salvó una bola de partido y terminó imponiéndose después de cinco horas y 13 minutos, en el que ya figura como el cuarto partido más largo en la historia del US Open. No es solo una anécdota estadística: es una carga real sobre las piernas, sobre el cuerpo y sobre la cabeza.
La gran incógnita es evidente: ¿cuánto combustible le queda en el depósito?
Primer cruce, estilos opuestos
Resulta llamativo que, pese a compartir años en el circuito, Zverev y Van de Zandschulp nunca se hayan cruzado en un partido oficial. El Arthur Ashe será el escenario del primer cara a cara, sin antecedentes que marquen una tendencia ni recuerdos que condicionen la estrategia.
Zverev llega como favorito indiscutible. Número 1 del cuadro, campeón reciente de Grand Slam, líder en victorias en la temporada y con un registro casi impecable en los grandes torneos del año. Todo apunta a él. Todo, salvo una cosa: los partidos hay que jugarlos.
Frente a él, Van de Zandschulp se presenta con un papel distinto, el del jugador que ya ha sobrevivido al límite, que viene de ganar un maratón histórico y que sabe que, ante un rival de este calibre, la presión no recae sobre su lado de la pista. Su desafío es doble: encontrar la frescura suficiente tras el desgaste brutal de la ronda anterior y, al mismo tiempo, sostener el nivel necesario para discutirle los intercambios largos a uno de los mejores del mundo desde el fondo.
El contexto parece escrito para Zverev. La narrativa, sin embargo, se decide sobre el cemento azul de Nueva York. Y en noches como la del Arthur Ashe, con un puesto en semifinales del US Open en juego, basta un pequeño giro, un set inesperado, una rotura temprana, para que todo el peso de la temporada se convierta en una prueba de nervios.
Zverev persigue consolidar su nuevo estatus de hombre grande de los Grand Slams. Van de Zandschulp, romper el guion y alargar un torneo que ya ha llevado su cuerpo al límite. Uno quiere confirmar el año de su vida. El otro, estirarlo un poco más.




