Cathy Engelbert finaliza una era de expansión en la WNBA
La WNBA se prepara para un relevo mayúsculo en su cúpula. Cathy Engelbert, la primera comisionada en la historia de la liga, se retirará a finales de este año natural, cerrando un mandato de siete años que ha cambiado de forma profunda el mapa del baloncesto femenino profesional en Estados Unidos.
El anuncio lo hizo público Adam Silver, comisionado de la NBA, subrayando el peso de su gestión en un periodo clave para la liga. No era una figura cualquiera: Engelbert fue la primera en ostentar oficialmente el título de “comisionada” en la WNBA, un gesto simbólico que anticipaba la ambición de una etapa distinta.
De “potencial desaprovechado” a motor cultural
Cuando Engelbert asumió el cargo en 2019, la WNBA arrastraba una etiqueta incómoda: enorme talento, poca visibilidad, una clara infravaloración comercial. Ella misma lo recordó en su comunicado de despedida, al hablar de una liga “con enorme potencial, pero con un conocimiento aún por explotar y una valoración significativamente por debajo de su realidad”.
Cinco años después, el paisaje es otro. Bajo su mandato, la WNBA pasó de 12 a 18 franquicias, un salto de expansión que no solo supone más plazas para jugadoras, sino también nuevas plazas de mercado, nuevas aficiones, nuevas narrativas. No es un matiz menor en una competición que durante años peleó por consolidar sus estructuras básicas.
La propia liga, en su comunicado, detalló el impacto de esta etapa: aumentos de audiencia, cifras récord en interacción digital, asistencia a los pabellones, suscripciones a League Pass, ventas de merchandising, ingresos por patrocinios corporativos y revalorización de las franquicias. Un abanico completo de indicadores que apunta a un mismo sitio: la WNBA ya no se puede tratar como un producto de nicho.
Un legado entre crecimiento y polémica
El adiós llega, sin embargo, tras una temporada cargada de ruido extradeportivo. Las declaraciones de Sophie Cunningham, jugadora de Indiana Fever, sobre atletas trans en el deporte femenino, y el debate constante sobre el trato a Caitlin Clark han dominado buena parte del relato público de la liga este año.
En medio de esa tormenta, Engelbert ha sido criticada por un sector de aficionados y analistas por no explotar al máximo la figura de sus grandes estrellas, con Clark en el centro del foco. El reproche es claro: el producto crece, pero sus íconos podrían estar aún más expuestos y protegidos.
Pese a ese debate, los números avalan una gestión que ha llevado a la WNBA a su mayor visibilidad histórica. La liga ha dejado de ser un complemento estival para convertirse en un actor central en la conversación sobre deporte femenino y cultura deportiva en Estados Unidos.
Revolución en el calendario y nuevas competiciones
El impacto de Engelbert no se limita a los despachos. También tocó el corazón competitivo de la liga: el calendario.
En 2021, introdujo la Commissioner's Cup, un torneo dentro de la temporada regular que añadió tensión competitiva, incentivos económicos y un nuevo producto televisivo en pleno curso. Una especie de laboratorio deportivo y comercial que sirvió para probar formatos y captar más interés en mitad del calendario.
Los cambios no se quedaron ahí. En 2025, la temporada regular se amplió a 44 partidos, y ya está marcada en el horizonte otra cifra histórica: 50 encuentros en 2027, el máximo jamás disputado en una campaña WNBA. Más fechas, más ventanas televisivas, más oportunidades de negocio… y más exigencia física y mental para las jugadoras. Una apuesta clara por crecer a ritmo de liga mayor.
Una despedida con gratitud y mirada al futuro
A sus 61 años, Engelbert se marcha apelando a la gratitud y al optimismo. En su comunicado, habló de haber construido “algo más grande, más fuerte y más duradero de lo que podíamos imaginar”, y agradeció a propietarios, personal de la WNBA y la NBA, jugadoras, inversores, aficionados y al equipo de la oficina central de la liga por haber creído en lo que la competición podía llegar a ser.
Su mensaje final destila convicción: se va convencida de que “lo mejor está por llegar” para la WNBA.
Queda, sin embargo, una incógnita mayúscula: quién recogerá el testigo. La liga entra en una fase decisiva, con una base de crecimiento sólida, una generación de estrellas mediáticas y un contexto social que empuja con fuerza el deporte femenino. El próximo nombre en el despacho de comisionado no solo heredará una estructura más robusta, también la responsabilidad de demostrar si este impulso es un techo… o solo el principio.




