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Stephen Curry y su futuro en Golden State: Sin prisa por firmar

Stephen Curry ya puede firmar otro contrato gigantesco con Golden State Warriors. Dos años, unos 136,7 millones de dólares. Un nuevo compromiso que blindaría aún más una de las relaciones más influyentes de la historia reciente de la NBA.

Pero Curry no tiene ninguna intención de convertir agosto en una cuenta atrás.

Dos días después de ser elegible para esa extensión máxima, el base volvió a dejar claro el mensaje de fondo: su plan pasa por retirarse en Golden State, aunque el papel y la firma llegarán cuando él lo considere oportuno.

«No hay duda de que quiero estar aquí el resto de mi carrera, y estoy bastante seguro de que eso va a pasar», dijo a NBC Sports Bay Area durante el Workday Charity Classic en Palo Alto.

La frase que vino después abrió la puerta a los matices.

«El acuerdo y el tema del contrato llegarán en el momento adecuado, y no vamos a dejar que sea una distracción de nuestra preparación para la temporada, y del hecho de que el equipo con el que volvemos tiene mucha familiaridad», añadió.

Un máximo sobre la mesa, sin urgencias

Curry entra en el último año de su contrato actual, con casi 63 millones de dólares garantizados. Por la norma “over-38” de la NBA, Golden State solo puede añadir dos temporadas más, lo que sitúa el máximo de la extensión en torno a esos 136,7 millones.

La franquicia quiere a su estrella más allá de esta campaña. La estrella quiere seguir siendo Warrior.

La única incógnita es el calendario.

Ese margen de tiempo también le da a Curry algo que valora tanto como el dinero: la posibilidad de ver cómo se presenta realmente el proyecto antes de atarse de nuevo.

Golden State ha apostado por la continuidad. Retuvo a Draymond Green, Al Horford, Kristaps Porzingis, Gary Payton II y De’Anthony Melton. A ese núcleo se suman los recién llegados Yaxel Lendeborg, Brandon Williams y Georges Niang. Quinten Post y Pat Spencer se han marchado.

La estructura se mantiene. Eso no significa que el suelo no se mueva.

Jimmy Butler y Moses Moody se perderán el inicio de la temporada por problemas de rodilla, dejando a los Warriors más justos en las alas y empujando a Lendeborg a un papel inmediato, sin red de seguridad.

El año pasado ya fue una advertencia: 37-45 de balance, una rotación constantemente golpeada por las lesiones y un Curry limitado a 43 partidos por un problema de rodilla que lo dejó fuera más de dos meses.

«Ojalá podamos estar sanos y tener simplemente la oportunidad de mostrar de lo que somos capaces, yo incluido, después de perderme tantos partidos el año pasado», apuntó el base.

Un ojo en la pista, otro en el mercado

Hay otro matiz clave en esta espera: el equipo que vea Curry en la noche inaugural puede no ser el mismo que le acompañe en los playoffs.

Golden State conserva seis futuras primeras rondas entre 2027 y 2033. La Stepien Rule y la protección de su elección de 2030, comprometida con Memphis, limitan cuántas pueden traspasar de forma directa, pero el margen sigue siendo considerable.

En términos prácticos, los Warriors aún pueden armar un paquete agresivo con hasta tres primeras rondas, más posibles intercambios de elecciones, si aparece el jugador adecuado.

Eso deja a Mike Dunleavy Jr. con una vía clara para intentar un golpe de efecto antes del cierre del mercado.

Y es ahí donde el contrato de Curry se cruza con la planificación deportiva. Esperar no tiene por qué ser una señal de duda hacia la franquicia. Puede ser simplemente una forma de observar: cómo se recuperan Butler y Moody, cómo responde la nueva rotación, si el equipo se atreve a gastar su capital de draft en un último gran salto por el título.

Curry, ya camino de su temporada 18, solo ha zanjado una parte del debate.

Quiere terminar donde empezó.

La verdadera cuestión es qué será capaz de construir Golden State a su alrededor mientras aún le quedan activos… y, sobre todo, mientras aún le queda Curry para intentar algo grande.