DeMarcus Cousins y su conexión con Raider Nation
Es difícil que DeMarcus Cousins pase desapercibido.
Con sus 2,08 metros de estatura y unos 122 kilos de peso en sus días de juego, cruzó la zona de aficionados en la práctica del campamento de entrenamiento del 7 de agosto y, en cuestión de segundos, medio Raider Nation se le echó encima. Fotos, saludos, móviles en alto. El resto simplemente se quedaba mirándolo, impresionado por la presencia del ex pívot de la NBA.
Cousins lleva una década viviendo en Las Vegas, pero su historia con el plata y negro empezó mucho antes, a kilómetros de distancia, en Mobile, Alabama. Allí, entre Mobile y Birmingham, creció viendo de cerca a una figura que marcó a toda una generación en la zona: JaMarcus Russell, el quarterback cinco estrellas que deslumbraba en el instituto rival del suyo.
Desde niño siguió cada paso de aquel talento local. Primero en su etapa universitaria en LSU, luego cuando Russell se convirtió en el número 1 del Draft de la NFL de 2007 con los Oakland Raiders. Para Cousins, aquel movimiento lo cambió todo.
“Independientemente de cómo terminó su carrera profesional… él es la razón por la que me hice fan de los Raiders”, contó a Raiders.com.
Al hablar de la mudanza de la franquicia a Las Vegas, la voz le cambia ligeramente, como si volviera a ese niño de Alabama que miraba la NFL desde lejos. “Cuando los Raiders se mudaron aquí, se sintió como un regalo enviado por Dios, específicamente para mí”, dijo. “Siendo de Alabama, nunca tuvimos un equipo profesional propio, así que el equipo del que era aficionado siempre lo viví desde la distancia. Siento que estaba destinado a ser así y por eso sé que este lugar es mi hogar”.
De promesa a estrella, Cousins siguió un camino paralelo en otro deporte. Pasó de ser recluta cinco estrellas en baloncesto a jugar una temporada en Kentucky antes de salir en el número 5 del Draft de la NBA de 2010 rumbo a Sacramento Kings. Con Oakland a un corto trayecto por la I-80 desde la capital del estado, no tardó en cumplir otro sueño: en su cuarta temporada en la liga, pisó por primera vez el Coliseum para ver a los Raiders en directo.
Aquella experiencia terminó de sellar el vínculo.
“Creo que es un grupo colectivo, una comunidad colectiva de aficionados apasionados”, describió. “Tienen esa dureza, no les da miedo hacer el trabajo sucio. Me gustan ese tipo de aficionados. Me gustan los trabajadores, me gusta la actitud de ‘nosotros contra el mundo’. Eso es lo que representa Raider Nation”.
JaMarcus Russell fue la puerta de entrada. Pero no fue el único ídolo. Cousins menciona también a Charles Woodson entre sus Raiders favoritos de todos los tiempos. Primero lo admiró desde el sofá, luego, con los años, terminó compartiendo círculo social con el miembro del Salón de la Fama del Fútbol Americano Profesional.
“Tenemos muchos amigos en común que poco a poco fueron juntando nuestros círculos”, explicó sobre Woodson. “Su legado habla por sí solo. Es único. Poder tener una relación con él, además de ser aficionado al mismo tiempo, me parece algo realmente genial”.
La escena tras el entrenamiento del 7 de agosto fue casi cómica. Cousins y su familia bajaron al campo para saludar a varios jugadores. A su lado, algunos de los cuerpos más imponentes de la plantilla: Tyler Linderbaum, Kolton Miller, Maxx Crosby. Aun así, el ex pívot los superaba en altura, dominando el paisaje como si siguiera en la pintura de la NBA.
Entre conversación y conversación, también se tomó su tiempo para observar. Miró la intensidad de la práctica, la energía del grupo, el trabajo en las trincheras. Y salió de allí convencido de que algo se está gestando en Las Vegas.
“El futuro es brillante para los Raiders ahora mismo”, aseguró. “Tenemos el número 1 del Draft en Fernando Mendoza, tenemos una elección increíble en Ashton Jeanty también. Hemos mejorado nuestra línea ofensiva, nuestra defensa es increíble; creo que pueden estar entre las cinco o diez mejores de la liga.
“Nuestro futuro es brillante”.
Lo dice un hombre que sabe lo que es cargar con expectativas, críticas y presión al más alto nivel. Lo dice un aficionado que pasó de seguir a su equipo “desde lejos” en Alabama a tenerlo, literalmente, en el patio trasero de su casa en Las Vegas.
Si el instinto de DeMarcus Cousins no falla, Raider Nation no solo tendrá ídolos en la grada: puede que esté a punto de volver a tenerlos, por fin, en el campo.




