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División Atlántico: el epicentro del terremoto de la NBA

La próxima temporada de la NBA todavía no ha botado el balón, pero la División Atlántico ya parece una olla a presión. Traspasos entre rivales directos, una superestrella cambiando de costa… y el vigente campeón instalado, por fin, en la cima. Pocas veces este grupo de cinco franquicias había ofrecido un cóctel tan explosivo.

El intercambio de piezas entre Boston Celtics y Philadelphia 76ers, con Jaylen Brown mudándose a Pensilvania y Mitchell Robinson aterrizando en Massachusetts, ya habría sido suficiente para encender la rivalidad. La llegada posterior de LeBron James a Philly elevó la temperatura a niveles históricos. Y todo esto sucede bajo la mirada del campeón: New York Knicks.

New York Knicks: campeones sin urgencia, pero con hambre

Cincuenta y tres años sin desfile. Cincuenta y tres años de espera. La ciudad que nunca duerme, esta vez, se despertó con un trofeo Larry O’Brien en sus calles tras un 53-29 en temporada regular y un título que cambió la narrativa de una franquicia entera.

El verano en Manhattan fue, en comparación, sorprendentemente tranquilo.

  • Altas: Andre Drummond, Jack Kayil, Tyler Nickel.
  • Bajas: Mitchell Robinson, Ariel Hukporti, Jeremy Sochan.

La salida dolorosa es evidente: Robinson, ancla interior del equipo campeón, se marchó a Boston en busca de su próximo gran contrato. Los Knicks respondieron sin dramatismos, recurriendo a un seguro conocido: Drummond, todavía un reboteador fiable, llega para respaldar a Karl-Anthony Towns en la pintura. Más allá de eso, poco movimiento. Señal de confianza, no de complacencia.

Porque el núcleo que sostiene el anillo sigue intacto. Towns como referencia ofensiva, OG Anunoby y Josh Hart aportando versatilidad y carácter, y Jalen Brunson, flamante MVP de las Finales 2026, como rostro y pulso del proyecto. Con ese grupo, New York no vive obsesionada con repetir de inmediato, pero tampoco parece dispuesta a volver a medir sus esperas en décadas. La ambición ahora se cuenta en meses.

Boston Celtics: el peso vuelve a Tatum

La temporada pasada fue extraña en Boston. Con Jayson Tatum lesionado durante buena parte del curso, Jaylen Brown sostuvo al equipo con un rendimiento de nivel MVP y llevó a los Celtics a un 56-26 en fase regular. El desplome llegó en el peor momento: eliminación en primera ronda.

Este verano, giro radical.

  • Altas: Mitchell Robinson, Paul George, Mike Conley, Chris Cenac Jr., Dillon Mitchell.
  • Bajas: Jaylen Brown, Dalano Banton, Chris Boucher, Max Shulga, John Tonje.

Perder a Brown, corazón competitivo de los últimos años, es un golpe deportivo y emocional. Boston responde cargando la responsabilidad de nuevo sobre Tatum, ahora sin red de seguridad al mismo nivel. El talento, eso sí, no desaparece: George llega con la misión de rebotar tras una etapa irregular, Derrick White sigue siendo un comodín de élite y Conley aporta cerebro y oficio en la dirección. Robinson, por su parte, ofrece protección de aro y presencia física bajo el tablero.

Si Tatum vuelve a su mejor versión y George recupera chispa, los Celtics tienen argumentos para regresar a la postemporada sin mirar demasiado al retrovisor. Pero la pregunta flota en el aire: ¿será suficiente en una división que se ha reforzado como pocas?

Brooklyn Nets: reconstrucción con ayuda de un viejo conocido de la ciudad

Los Nets apostaron por la juventud la temporada pasada, repartiendo minutos a un núcleo inexperto. El resultado fue tan crudo como previsible: 20-62 y farolillo rojo de la división.

Este verano cambiaron el enfoque.

  • Altas: Julius Randle, Mikel Brown Jr., Joshua Jefferson, Keon Ellis, Moritz Wagner, Tyler Bilodeau.
  • Bajas: Nic Claxton, Ziaire Williams.

Brooklyn decidió que Michael Porter Jr. necesitaba ayuda inmediata. La respuesta fue un movimiento contundente: Randle, ex All-NBA y viejo conocido del Madison Square Garden, regresa a Nueva York, esta vez con la camiseta de los Nets. Un interior capaz de generar sus propios puntos, cargar el rebote y asumir volumen ofensivo.

El draft volvió a ser protagonista, aunque con matices. Mikel Brown Jr., elegido en el número 6, aterriza como base-escolta con recursos y personalidad, con opciones reales de entrar en la rotación desde el primer día. Jefferson, seleccionado en el 28 tras el traspaso de Randle, se suma como otro joven activo para un equipo en plena transición.

Hay un matiz clave: los Nets no controlan su primera ronda del próximo año; los Rockets tienen derechos de intercambio. Eso convierte cada victoria en algo más que un paso adelante en el desarrollo. Esta vez, perder ya no tiene premio.

Philadelphia 76ers: el experimento más grande de la liga

Los 76ers vivieron otra temporada marcada por la salud de Joel Embiid. Entre lesiones y dudas físicas, el equipo cerró con 45-37 y llegó hasta las semifinales de Conferencia. Un año correcto, pero lejos del techo que se les exige.

La respuesta del verano fue descomunal.

  • Altas: LeBron James, Jaylen Brown, Kentavious Caldwell-Pope, Ariel Hukporti, Labaron Philon Jr., Anfernee Simons, Dean Wade.
  • Bajas: Paul George, Kelly Oubre Jr., Quentin Grimes, Andre Drummond, Dalen Terry, Trendon Watford, Johni Broome.

Incluso sin LeBron, la llegada de Brown desde Boston ya habría sido un golpe directo al corazón de la división. Pero la decisión del veterano astro de firmar con Philly disparó las expectativas. No es un simple refuerzo: es un imán mediático y competitivo que altera por completo el mapa del Este.

El quinteto proyectado impresiona: Embiid, ex MVP; Brown, en plenitud; LeBron, todavía capaz de controlar un partido desde el cerebro y el físico; Tyrese Maxey, guard All-NBA; y VJ Edgecombe, talento All-Rookie que asoma como pieza de futuro inmediato. Caldwell-Pope aporta defensa y tiro, Simons añade puntos desde el perímetro y la rotación se alarga con perfiles útiles.

La ecuación es sencilla en el papel y compleja en la realidad: si la edad de LeBron y la rodilla de Embiid acompañan, Philadelphia tiene argumentos para aspirar a su primer título desde 1983. Si no, el experimento más ambicioso de la liga puede convertirse en una oportunidad perdida histórica.

Toronto Raptors: crecimiento interno en un Este más feroz

Mientras el resto de la división hacía ruido con grandes nombres, Toronto siguió otro camino. Los Raptors firmaron el quinto puesto del Este y forzaron un séptimo partido en la primera ronda. Un proyecto serio, sin estridencias.

El verano fue sobrio.

  • Altas: Kyle Anderson, Jaden Bradley, Allen Graves.
  • Bajas: Sandro Mamukelashvili.

El valor de este equipo está en su equilibrio ofensivo: tres, y en algunas noches hasta cuatro jugadores, con capacidad real de irse a 20 puntos, acompañados por un grupo de defensores competentes. En una Conferencia Este que se ha reforzado de arriba abajo, esa versatilidad puede marcar diferencias.

La apuesta de los Raptors pasa por crecer desde dentro. Collin Murray-Boyles es el ejemplo perfecto: progresión constante como novato y rendimiento superior a lo esperado en playoffs, con movimientos al poste y un tacto notable cerca del aro. Ja’Kobe Walter y Jamal Shead parecen seguir una línea similar, empujando desde atrás.

Todo esto orbita alrededor de Scottie Barnes, el jugador franquicia, y un RJ Barrett que ha encontrado en Toronto un contexto ideal para estabilizar su impacto. Con una base joven en ascenso y una estructura ya competitiva, los Raptors no se conforman con volver a playoffs. Quieren comprobar hasta dónde puede llegar este núcleo en una conferencia que, de repente, se ha convertido en un campo de minas.

La División Atlántico se presenta como un choque de proyectos en distintas fases: el campeón que quiere demostrar que no fue un accidente, el gigante histórico que se reconfigura, la franquicia en reconstrucción que ya no puede permitirse otro derrape, el supergrupo de Philadelphia bajo el microscopio y un Toronto silencioso pero peligroso.

La temporada aún no ha comenzado, pero una cosa está clara: en este rincón del Este, el margen de error se ha reducido a casi nada.