La División Noroeste al rojo vivo: cinco proyectos sin margen de error
La Noroeste vuelve a levantar la mano. Denver, Minnesota y Oklahoma City ya eran roca dura. Portland se ha rearmado con pólvora veterana. Utah, mientras tanto, apuesta a que su futuro ya está aquí. No hay red de seguridad para nadie.
Denver Nuggets: exprimir hasta la última gota de Nikola Jokić
Los Nuggets sobrevivieron a una temporada plagada de golpes. Aaron Gordon apenas disputó 36 partidos, Nikola Jokić se perdió casi un mes… y aun así cerraron con un 54-28 que terminó estrellándose en primera ronda.
El plan para 2026-27 no cambia: exprimir al máximo los años de nivel MVP de Jokić. El espejo es evidente: lo que fueron en su día Stephen Curry con Warriors o Giannis Antetokounmpo con Bucks. Con una diferencia clave: Denver todavía mantiene a Jamal Murray y, si las lesiones le dan un respiro, a Gordon como tercer pilar.
Con ese trío sano, el suelo competitivo sigue siendo alto. Cincuenta victorias siguen pareciendo el mínimo razonable.
La incógnita está en el resto del reparto. Peyton Watson ya no está —salida dictada por el tope salarial— y el peso del salto de calidad recae ahora en DeMar DeRozan, Cam Johnson, Christian Braun y Marvin Bagley III. Si alguno de ellos rompe el molde y aporta chispa constante en un Oeste brutal, Denver volverá a mirar hacia arriba. Si no, la era Jokić corre el riesgo de quedarse en “solo” muy buena.
Minnesota Timberwolves: LaMelo Ball llega para desatar a Anthony Edwards
Dos años seguidos alcanzando las Finales del Oeste. El curso pasado, frenazo en segunda ronda pese a otro nivel estelar de Anthony Edwards y un sólido 49-33. Minnesota tocó techo… y decidió romperlo de raíz: LaMelo Ball ya está en la ciudad.
Edwards nunca había tenido a su lado un base de élite en los Timberwolves. Siempre obligado a anotar y crear, a cargar con el balón y con la responsabilidad. Eso cambia ahora. Ball aterriza como socio ideal: visión de juego, lectura de ventajas y una capacidad para encontrar compañeros que Minnesota llevaba años buscando.
LaMelo vive al límite. Puede ser imprudente, arriesgar más de la cuenta. Pero tampoco él había jugado nunca junto a un aspirante a MVP como Edwards. El beneficio es mutuo: uno le hará la vida más fácil al otro, y los dos elevarán el techo del equipo.
El coste ha sido alto: se marchan piezas importantes como Kyle Anderson, Mike Conley, Joe Ingles, Julian Phillips, Julius Randle y Naz Reid. A cambio, llegan Jonathan Kuminga, Trey Lyles y Cody Williams para sumar físico y versatilidad a una rotación que ya contaba con Jaden McDaniels, Ayo Dosunmu, Terrence Shannon Jr. y Rudy Gobert.
Más talento, más piernas, más vuelo. Puede que este sea el equipo más completo y, seguro, el más atlético de la era Edwards. El listón interno ya no es “volver a las Finales del Oeste”. Es algo más grande.
Oklahoma City Thunder: el campeón que no se rinde
Shai Gilgeous-Alexander repitió como MVP y los Thunder firmaron el mejor balance de la liga: 64-18. Temporada de gigante, pero final amargo: derrota en un séptimo partido en casa ante Spurs, con apenas 33 encuentros de Jalen Williams en todo el curso. Ahí se resume buena parte de lo que se torció.
El verano ha sido quirúrgico, condicionado por el tope salarial. Salen Lu Dort, ancla defensiva exterior, e Isaiah Joe y Aaron Wiggins, dos escoltas fiables que permitían a Shai administrar esfuerzos y llegar fresco a primavera. También se marcha Branden Carlson.
Entran Aday Mara, Otega Oweh y Bennett Stirtz, apuestas de presente inmediato y desarrollo a medio plazo. La ventaja estructural de OKC sigue siendo la misma: profundidad. Mark Daigneault no se ha quedado sin piezas, solo ha cambiado el tipo. Ahora toca que Ajay Mitchell y, sobre todo, Jared McCain rellenen los huecos que dejan Dort, Joe y Wiggins.
Con Jalen Williams sano y Chet Holmgren consolidado tras una campaña de nivel All-NBA, el listón competitivo no baja. El campeón reciente que se quedó corto en el intento de repetir anillo sigue armado hasta los dientes. La pregunta ya no es si pueden volver a la pelea por el título. Es cuánto tiempo podrán mantenerse ahí arriba.
Portland Trail Blazers: el regreso de Dame y la apuesta por Ja Morant
Portland vivió una temporada inesperada. Deni Avdija dio un salto al frente, el equipo se coló en playoffs con un 42-40 y cayó en primera ronda. Suficiente para encender la chispa. No para conformarse.
Ahora llega un punto de inflexión. Micah Nori, debutante como entrenador jefe, toma el mando justo cuando la franquicia recupera a una de sus grandes leyendas recientes. Damian Lillard, considerado entre los tres mejores jugadores de la historia de los Blazers junto a Bill Walton y Clyde Drexler, vuelve tras perderse todo el curso por lesión.
La nostalgia vende, pero la verdadera incógnita está en otra parte: ¿cómo encajará Lillard con Ja Morant? El ex de Memphis aterriza para relanzar una carrera que perdió brillo en su tramo final allí. Dos bases All-Star, un solo balón y un sistema nuevo por construir. No será un ajuste sencillo, pero sí fascinante.
El precio del cambio se ve en la lista de salidas: Jerami Grant, Kris Murray, Matisse Thybulle y Blake Wesley dejan la plantilla. A cambio, llegan Branden Carlson, Micah Potter y Jeremy Sochan para apuntalar el frente interior y la defensa.
A la espera de que Shaedon Sharpe se recupere de su lesión de rodilla, Nori arranca con un núcleo que impone respeto: Lillard, Morant, Avdija, Jrue Holiday, Scoot Henderson y Donovan Clingan. Talento hay. Jerarquía también. Si el encaje no explota por los aires, Portland no solo puede volver a playoffs. Puede incomodar a cualquiera.
Utah Jazz: Darryn Peterson, la gran apuesta tras años de reconstrucción
Los Jazz asumieron el peaje del desarrollo. Mucho joven, muchos errores, un 22-60 que los dejó fuera de la postemporada, pero también la sensación de que el proyecto por fin tiene una dirección clara.
Nunca habían tenido el número 1 del Draft. Esta vez tampoco, pero el número 2 podría terminar sabiendo a premio mayor. Darryn Peterson llega con fama de anotador total: rango de tres, amenaza en media distancia y capacidad para finalizar en el aro. Si todo eso se traslada al nivel NBA, Utah por fin habrá encontrado la estrella que lleva años buscando tras el final de la era Donovan Mitchell–Rudy Gobert.
El coste de seguir avanzando también se nota: Walker Kessler, pívot de siete pies, gran instinto defensivo y manos suaves, se marcha a Lakers en un sign-and-trade tras años de desarrollo en Salt Lake City. Una pérdida que duele.
Para cubrirse por dentro, los Jazz incorporan a Jaxson Hayes, aún con 26 años, y a Jusuf Nurkić. Refuerzos sólidos, pero la verdadera clave está en el perímetro. Peterson, Keyonte George y Ace Bailey deben convertirse en el motor que acompañe y potencie a Jaren Jackson Jr. y Lauri Markkanen.
Utah ya ha acumulado suficientes elecciones de Draft. Ahora necesita que al menos una de ellas se convierta en algo más que promesa. Si Peterson es realmente ese jugador, la Noroeste tendrá otro problema serio del que preocuparse. Y entonces la pregunta cambiará: ¿quién, en esta división, puede permitirse un solo paso en falso?




