El emotivo torneo de Gisborne en memoria de Taika
El nombre de Taika no apareció en la planilla de anotación en Rotorua. No podía. Pero estuvo en cada ataque, en cada defensa, en cada abrazo en los tiempos muertos. Estuvo escrito en un brazo, en unas zapatillas, y sobre todo en la cabeza de un grupo de chicos que jugaron el torneo más duro de sus vidas.
Taika, antiguo guardia del Gisborne Under-13s B en 2022 y del equipo de desarrollo junior de Boys’ High, era mucho más que un buen jugador para ellos.
“Taika era un buen guard, manejaba bien el balón, pasaba, metía tiros de media distancia y triples. Pero, sobre todo, era una gran persona, siempre feliz y sonriendo”, recuerda Ollie Tong, su amigo y líder de este equipo de Gisborne.
Un torneo con el corazón en la manga
Tong llegó a Rotorua para el Basketball NZ AA Zone 2 secondary schoolboys tournament con un propósito claro. No solo competir. Homenajear.
“Santy, Sam Crosby, Aidan O’Brien, Ryland Bright y yo dedicamos nuestro torneo a Taika”, cuenta. “Llevé su nombre en el brazo y en las zapatillas en cada partido. No puedo imaginar nada peor que esto; es lo más duro que he vivido. Taika era uno de mis mejores amigos. Tengo recuerdos muy felices de él”.
En la pista, Tong respondió como los grandes. Promedió 20,6 puntos por partido, octavo máximo anotador del torneo y el único jugador de Gisborne en terminar en dobles dígitos en todos los encuentros. Números sólidos. Contexto, demoledor.
De la paliza histórica al vuelco imposible
El torneo de Gisborne arrancó con un golpe directo al mentón. En el Unison Arena, el vigente campeón Mount Maunganui College, con dos jugadores de primera división y Junior Tall Blacks en sus filas, pasó por encima: 94-34. Sesenta puntos de diferencia. Un correctivo que suele dejar secuelas.
Pero el equipo no se hundió. La respuesta llegó de inmediato.
En el segundo partido, Gisborne se soltó. Tong se fue hasta los 39 puntos, Ryland Bright sumó 34 y Kelly-Morehu Paenga-Rangihuna añadió 15 en una victoria 95-93 sobre Ōtūmoetai College. Un vuelco brutal, casi simbólico: ningún Senior A de Gisborne Boys’ High había perdido jamás por 60 y ganado el siguiente encuentro. Hasta ahora.
El impulso continuó. Bajo la dirección de los entrenadores Felix Sparks y Adrian, su padre, el equipo encadenó un nuevo triunfo, 87-66 frente a Pāpāmoa. Gisborne empezaba a parecer un bloque peligroso, capaz de anotar en ráfagas y de sostener la intensidad.
El cuarto maldito y el descenso a los play-offs
El sueño de pelear más arriba se torció en el cuarto partido. Contra St Paul’s Collegiate School, un segundo cuarto desastroso lo cambió todo. Parcial de 22-9 en contra, y el choque se escapó 68-46. Un solo periodo costó un partido y, a la postre, el camino hacia los cruces grandes.
Ese tropiezo dejó a Gisborne tercero en su grupo y lo empujó a un preliminar de cuartos de final contra John Paul College (Rotorua). Allí, pese al esfuerzo, volvieron a caer: 87-78. El resultado los envió directamente a la lucha por los puestos del 9 al 16.
El golpe siguiente llegó ante Te Awamutu College, con derrota 91-80. Otra vez tocaba reconstruirse rápido, esta vez para un play-off por el 13º al 16º puesto ante Whakatāne High.
Gisborne reaccionó con furia. Ganó 95-20, una paliza en toda regla, con Paenga-Rangihuna firmando 24 puntos. Una muestra de carácter cuando ya no había focos ni grandes premios en juego, solo orgullo.
El último capítulo del torneo fue el duelo por el 13º-14º lugar ante Taupō-nui-a-Tia. Bright lideró la anotación con 17 puntos, pero el marcador final fue 82-76 en contra. Gisborne cerró así en la 14ª posición de 20 equipos. Frío sobre el papel. Mucho más cálido si se mira la historia completa.
Más que números
Detrás de cada parcial y cada estadística, había una ausencia. Y un recuerdo.
Tong habla de Taika con la naturalidad de quien aún lo siente cerca. “Me quedé con él y su familia una semana en 2024 y fue el mejor momento de mi vida, surfeando y explorando”, cuenta. “La última vez que lo vi fue en enero de este año, en su casa en Wainui. Surfeamos en Makorori y pasamos el día juntos antes de que se fuera. Era solo una semana mayor que yo. Le di un abrazo y le dije: ‘Te veo pronto’”.
Ese “pronto” ya no llegará en la cancha, pero sí en cada recuerdo, en cada ola, en cada balón que bote en el gimnasio de Gisborne.
Un mensaje para los que vienen
Entre tanta emoción, Tong también deja espacio para una lección. No solo para sus compañeros actuales, sino para los que vestirán esa camiseta en los próximos años.
“No lo dejes para demasiado tarde. Trabaja duro lo antes posible en tu juego, mientras estás en el colegio, sea el deporte que sea, marca una enorme diferencia”, afirma.
Mira atrás y ve un ciclo completo. “Definitivamente este año ha sido mi punto más alto en cuanto a actuaciones y torneos, pero también hice grandes viajes en mis años junior y como senior. Ha sido un gran camino, solo con un final agridulce.”
Agridulce. Como un torneo que mezcló récords, remontadas imposibles y derrotas duras, con el peso constante de una ausencia. Como una generación que aprendió que el deporte no siempre se mide solo en puestos y medallas.
En Gisborne, el siguiente chico que se ate las zapatillas y mire el aro sabrá que, antes que él, hubo un guard llamado Taika al que nunca conoció, pero que ya forma parte de la historia del equipo. Y la pregunta ahora es clara: ¿qué harán ellos con ese legado?




