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Glamorgan rompe la sequía en The Oval y asegura su plaza en la élite

Diez años después de su último triunfo de bola roja en The Oval, Glamorgan volvió a mandar en el histórico escenario londinense. No fue un golpe de suerte ni un final caótico: fue una caza metódica, paciente, rematada con frialdad para derrotar a Surrey por 184 carreras y certificar su presencia en la Division One del County Championship la próxima temporada.

El marcador final habla claro: Glamorgan 132 y 594; Surrey 115 y 427. Un margen amplio, trabajado a pulso, que también pone fin a una racha de cuatro partidos sin ganar.

De la resistencia de Patel al desgaste inevitable

Surrey arrancó el cuarto día en 177-2, persiguiendo un objetivo casi absurdo: 612 carreras, lo que habría supuesto un récord mundial de caza en primera clase. Mientras quedara Ryan Patel en el medio, la idea de un empate –o incluso de un milagro tardío– seguía viva.

Patel, sólido y sereno, empujó pronto su entrada hacia los 90 con un drive recto contra Ray Toole que cortó el campo como un cuchillo. Parecía en control. Pero, a medida que se acercaba al centenar, el ritmo se espesó. Las carreras dejaron de fluir y cada bola se cargó de tensión.

En el otro extremo, Ollie Pope nunca terminó de asentarse. Jugueteó con el peligro. Varios amagos, algún golpe de fortuna, y un empujón poco convincente que pasó por poco de manos en el mid-wicket. Timm van der Gugten, incansable, lo mantuvo bajo presión con una línea insistente, casi obsesiva.

La ruptura llegó con el cambio de ritmo. Zain ul Hassan, entrando como primer relevo, necesitó solo tres envíos para abrir la puerta: provocó el drive de Pope, borde exterior y Chris Cooke, adelantado tras los palos, completó el trabajo. Se rompía así una asociación de 168 carreras que había sostenido la esperanza local.

Patel, por fin, alcanzó su primer centenar de la temporada con un sencillo al lado de la pierna ante Mason Crane. Un alivio personal, un respiro para Surrey. A su lado, Dan Lawrence arrancó con agresividad, castigando a Van der Gugten hacia la valla y manteniendo vivo el sueño de la resistencia. Ambos guiaron la entrada con oficio hasta el almuerzo.

Y entonces, justo cuando el descanso parecía garantizado, Glamorgan volvió a golpear. Última bola de la sesión: Patel, tras cuatro horas de resistencia, vio cómo Ben Kellaway se lanzaba a su derecha en el gully para atrapar una pelota espléndida tras el envío de Mir Hamza. Un momento clave. Con él se marchaba no solo la entrada, sino la columna vertebral del intento de Surrey.

El giro de Glamorgan: spin, presión y errores forzados

Tras la reanudación, Lawrence intentó mantener el pulso. Había llevado el total más allá de las 300 con un reverse-sweep contra Kellaway que terminó en la cuerda. Se animó. Y repitió. Esta vez, el riesgo se convirtió en ruina: top-edge, la pelota se elevó y Asa Tribe cruzó desde slip para asegurar una captura limpia. Otro pilar menos.

Glamorgan olió el momento y se volcó sin complejos al spin. Kellaway se unió a Crane en un ataque doble de giro que cambió el tono del partido. La recompensa fue inmediata. Crane, con una joya de leg-spin, consiguió un giro violento que atravesó el off stump de Adam Thomas. Una imagen brutal: el palo volando, las esperanzas de Surrey reducidas a la figura de Ben Foakes.

Foakes y Tom Lawes resistieron con un pequeño acto de rebeldía. Añadieron 49 valiosas carreras, domando por momentos la marea visitante. Foakes, como tantas veces, ofreció técnica y templanza; Lawes, criterio y selección de golpe. Parecía que Glamorgan tendría que sudar más de la cuenta.

El respiro duró lo que tardó Van der Gugten en volver con la nueva bola. El pacer neerlandés no se anduvo con rodeos: una entrega baja, tensa, atravesó la defensa de Foakes y derribó el middle stump. Un golpe directo al corazón del vestuario local.

Lawes continuó con aplomo, bloqueando lo bueno y castigando lo suelto, acercándose a un medio centenar que habría sido más que simbólico. Se quedó a las puertas. Con 45, Crane lo atrapó delante de los palos, otro lbw que acercaba a Glamorgan a la línea final.

Un cierre contundente y un mensaje para la próxima temporada

Con la cola expuesta, el desenlace llegó rápido. Los números de Glamorgan lo reflejan: Van der Gugten, Toole, Ul Hassan y Crane, todos con dos wickets, un esfuerzo coral que encajó perfectamente con las grandes entradas de Asa Tribe (155) y el invicto 114 de Crane en el monumental 594 del segundo turno.

La última palabra la tuvo, de nuevo, Van der Gugten. James Taylor vio cómo su castillo se desmoronaba, las stumps destrozadas, y con ello se selló la victoria por 184 carreras y el doblete en el Championship frente a Surrey esta temporada.

No fue solo un triunfo en The Oval después de una década. Fue una declaración: Glamorgan no solo se queda en la Division One; llega con argumentos, con profundidad en el bateo y un ataque capaz de desgastar, insistir y rematar.

La próxima campaña, cuando se hable de aspirantes serios en la élite del cricket de condados, ¿alguien se atreverá a dejar fuera a este grupo?