Hamilton en el centro de la polémica tras el Gran Premio de España
Lewis Hamilton salió del muro, pero no del debate. El siete veces campeón del mundo quedó en el centro de la polémica en el Gran Premio de España, no tanto por su accidente en la última curva durante los Libres 3, sino por lo que hizo después con su Ferrari maltrecho.
El británico venía en vuelta rápida cuando perdió el control y clavó el morro del coche en las protecciones. Bandera roja al instante. Hasta ahí, un error más de un piloto al límite. Pero Hamilton engranó la marcha atrás, sacó el coche del muro y se reincorporó al trazado del Madring, obligado por la configuración del circuito a completar casi una vuelta entera para regresar al pit lane.
Ahí empezó el verdadero problema.
El alerón delantero roto había quedado encajado bajo el frontal del Ferrari. Mientras Hamilton avanzaba muy despacio, el monoplaza iba dejando un rastro de chispas, con la pieza arrastrándose contra el asfalto. El neumático delantero derecho, rozando constantemente con los restos del alerón, empezó a humear de forma alarmante hasta que terminó por pincharse por completo.
Desde el muro, el mensaje fue claro. Y repetido.
“Para en el lugar más seguro posible”, le pidió su ingeniero de pista por radio. Hamilton se resistió: “Si puedo volver, volveré. Si no, lo haré de forma segura”.
La insistencia desde Ferrari subió un punto: “Tenemos un pinchazo en el delantero derecho. Para el coche”. El británico contestó con frialdad: “Lo puedo ver”, pero aun así continuó unos instantes más antes de detener finalmente el coche en un lateral de la pista y abandonar el habitáculo.
Esa negativa inicial a obedecer las órdenes del equipo con un coche claramente dañado encendió las críticas en la retransmisión de Sky Sports F1. David Croft, narrador principal, no se mordió la lengua: recordó que, por reglamento, un piloto no puede seguir en pista con un coche en condiciones inseguras y subrayó que Hamilton había ignorado en dos ocasiones las instrucciones directas de su equipo antes de ceder.
Croft advirtió que Dirección de Carrera podría interpretar el episodio con mucha dureza precisamente porque el equipo le había ordenado parar y el piloto decidió seguir unos metros más.
Anthony Davidson, analista y ex piloto, apuntó en otra dirección: para él, en Ferrari faltó contundencia en el mensaje. Considera que el equipo debió explicitar que el alerón estaba metido bajo el coche y que una posible sanción del director de carrera era casi segura si Hamilton intentaba llegar a boxes en esas condiciones.
Davidson fue más allá y puso el foco en el ejemplo que proyecta una figura como Hamilton: cualquier joven piloto que estuviera viendo la escena, dijo, debía entender que eso no se hace, que la norma existe por una razón. El riesgo de que el alerón se metiera aún más bajo el coche, levantara el tren delantero y dejara al monoplaza sin dirección, unido a la presencia eventual de comisarios en pista, dibuja un escenario que los reglamentos quieren evitar a toda costa.
Las guías de sanciones de la FIA contemplan desde una simple reprimenda hasta una penalización en parrilla, en función de cómo valoren los comisarios la gravedad de la conducta. De momento, en el momento en que se produjo el incidente, no se había anunciado investigación alguna.
Hamilton ya había demostrado que podía sacar el coche del muro. Ahora le toca demostrar si también puede esquivar un castigo que, en plena lucha por cada detalle del campeonato, podría pesar mucho más que un simple alerón roto en los Libres.




