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Ian Garry se aferra a la revancha con Makhachev

Ian Garry no baja la mirada. Ni un centímetro.

Han pasado apenas 22 días desde que el número 2 del peso wélter de UFC perdió por decisión unánime ante Islam Makhachev en la pelea por el título en UFC 330, en el Xfinity Mobile Arena de Filadelfia. Una derrota clara en las tarjetas, cinco asaltos sin discusión para el campeón. Pero el irlandés sigue hablando como si hubiera dejado algo pendiente en esa jaula.

Después del combate, Garry se declaró orgulloso de su actuación y aseguró que había llevado a “uno de los mejores de la historia de UFC hasta el puto límite”. Luego, silencio. Solo su primera reacción tras la pelea y algunas fotos familiares en Instagram. Nada más. Ni polémicas, ni excusas, ni campaña pública.

Hasta ayer.

Apareció ante los medios en la previa de la pelea de retirada de Katie Taylor y el tema, inevitablemente, fue su intento fallido de coronarse campeón. Garry no esquivó nada. Al contrario, se plantó y dobló la apuesta: si la revancha con Makhachev fuera mañana, está convencido de que la ganaría.

“Estoy orgulloso y feliz: orgulloso de mí mismo, de mi equipo, de mi preparación y de todo lo que hicimos”, explicó cuando le preguntaron cómo se sentía con la pelea. “Obviamente, estoy molesto con el resultado. Es el juego. Nos volvemos a subir al caballo y seguimos, porque tengo 10 años en este deporte para competir al máximo nivel y demostrar que soy uno de los tipos más duros que caminan sobre la tierra”.

No suena a discurso de consuelo. Suena a declaración de intenciones.

Garry también fue directo al analizar su gran error contra Makhachev: se quedó corto. No en talento, sino en producción ofensiva. Le faltó veneno.

“Definitivamente creo que lo más grande que podría haber hecho es meter un poco más de volumen, más patadas, más veneno en los golpes a la cabeza”, admitió. “Pero siento que si peleo con él ahora mismo, le gano. Tengo tanta confianza en mí, tanta confianza en mi equipo y en la preparación que hacemos… Solo quiero volver ahí mañana y hacerlo todo otra vez”.

Ahí está la delgada línea. La que separa la confianza suprema de la pura ilusión. Todo peleador de élite necesita creer que puede vencer a cualquiera, sobre todo después de una derrota. Pero el mundo entero acaba de verlo fallar en su intento de destronar a Makhachev. Cinco asaltos, tres jueces, un veredicto claro.

La realidad deportiva también es fría: una revancha inmediata no está sobre la mesa. No ahora. No con la división llena de aspirantes y con Makhachev consolidado como referencia absoluta. Si Garry quiere otra oportunidad al cinturón, tendrá que hacer lo que hacen los contendientes de verdad: encadenar victorias, superar a otros wélter de primera línea y obligar a UFC a marcar de nuevo su nombre en la agenda del campeón.

La buena noticia para “The Future” es que el tiempo juega a su favor. Solo tiene 28 años, sigue instalado en la parte alta del ránking y ya demostró que pertenece a la élite de la categoría. No desentonó en un escenario gigantesco, no se derrumbó ante la presión y salió del octágono con la sensación de que no había mostrado todo lo que lleva dentro.

Su plan es simple: volver cuanto antes. Garry aseguró que está listo y solo espera la llamada de UFC con su siguiente compromiso. No pide rodaje fácil, no reclama privilegios. Quiere actividad, quiere nombres y quiere demostrar que las correcciones de las que habla no son solo teoría.

La confianza, está claro, no es el problema. La cuestión es si, cuando vuelva a cruzarse con Islam Makhachev, esa fe inquebrantable se traducirá por fin en oro o quedará archivada como otro capítulo de ambición desbordante en una división que no perdona.