Muhammad Mokaev: El Contendiente Que Busca Respuestas
Muhammad Mokaev, el contendiente que no entiende por qué le cerraron la puerta
Han pasado más de dos años desde que Muhammad Mokaev fue cortado por UFC. Dos años de victorias, cinturones y actividad frenética. Y aun así, el peso mosca sigue sin la respuesta que más le obsesiona: ¿por qué le dejaron ir?
En julio de 2024, el ruso nacionalizado británico vivía el momento que debería haber cambiado su carrera. Acababa de enlazar su séptima victoria consecutiva en la compañía, imponiéndose por decisión unánime a Manuel Kape en UFC 304, en Manchester. Era joven, ganador, con racha intacta y cada vez más asentado como aspirante serio al título de las 125 libras.
Desde fuera, parecía tenerlo todo. Desde dentro, aquella noche lo cambió todo.
Horas después de derrotar a Kape, Dana White anunciaba que UFC no le iba a renovar el contrato. Un mazazo. Un mensaje público que nadie vio venir en una división que siempre reclama sangre nueva.
Durante días se señaló a su comportamiento en la previa con Kape: choques en el hotel de los peleadores, tensión en el cara a cara del pesaje, un duelo verbal que se fue calentando. Mokaev escucha esa teoría y la descarta de plano.
“Si hablamos de comportamiento, ¿no? Si soy un tipo malo, ¿por qué me dejan pelear siete veces y renovar el contrato dos veces?”, explicó a BBC Sport. “Si soy un tipo malo para la empresa, me cortan después de una o dos peleas”.
El peso mosca, que llegó a Reino Unido como refugiado con solo 12 años, apunta a otro lado. Cree que su estilo, muy apoyado en la lucha, también jugó en su contra.
Debutó en UFC con una sumisión fulminante en apenas 58 segundos. En su segunda pelea, victoria por decisión unánime ante Charles Johnson. Fue entonces, asegura, cuando recibió un mensaje claro desde la cúpula.
Según Mokaev, tras ese triunfo la compañía escribió a su mánager: “tiene que dejar de luchar tanto, no queremos estos tipos de decisión”. Directo y frío.
Él responde con números: “Tengo alrededor de un 60% de finalizaciones en UFC. Cuatro de siete peleas fueron definidas antes del límite contra rivales de nivel”, recuerda. “No sé qué más tengo que hacer para demostrarles. Tenía 21 años cuando peleaba con esos veteranos y ahora soy mucho mejor y mucho más fuerte”.
Hay un matiz que le escuece especialmente. “De los 21 a los 23, vencí a todos esos tipos. Incluso a Manuel Kape, y ahora está ranqueado número dos. No entiendo la política. No lo sé. Ojalá supiera toda la historia que hay detrás de todo”.
Dos años de furia competitiva
Para entender hasta qué punto le dolió la salida, basta mirar lo que ha hecho desde julio de 2024. Pocos pesos mosca en el mundo han estado tan activos.
Ocho peleas en dos años. Un ritmo que muchos campeones no sostienen ni en su mejor etapa. Y no solo cantidad: ha ganado finalizando por estrangulamientos, patadas al cuerpo, patadas a la cabeza y puños. Ha levantado cinturones en Brave CF y en ACBJJ. Ha demostrado que no se quedó congelado tras el corte. Se lanzó al vacío… y cayó de pie.
Pero nada de eso, por ahora, ha ablandado a los responsables de la empresa. Ni Hunter Campbell, ni Mick Maynard, ni Sean Shelby han movido ficha para recuperarlo.
Mokaev, que comparte grupo de WhatsApp con Campbell y Shelby, tiene la sensación de que el listón se mueve cada vez que él se acerca.
“Hunter me hizo una promesa. Básicamente me han hecho perder dos años de mi vida”, lamenta. “Así es como me siento ahora. No creo que lo que están haciendo sea correcto”.
El desencuentro no se quedó ahí. Mokaev cuenta que UFC le ofreció 10.000 dólares para competir en UFC BJJ, un torneo de jiu-jitsu brasileño, frente al campeón de peso gallo Mikey Musumeci. La cifra le pareció casi una falta de respeto. Aun así, estaba dispuesto a aceptar si a cambio le garantizaban un contrato de MMA.
La respuesta que recibió fue otra puerta cerrada: “dijeron: ‘no, esto es diferente. BJJ es diferente. Esto es otra cosa. Tenemos otros planes’”. Mokaev reconoce que su contestación, cargada de insultos, no fue precisamente diplomática. Pero también refleja un punto de ruptura.
Ahí empieza a tomar forma una nueva estrategia. Firmar solo contratos de una pelea. No atarse a largo plazo. Mantenerse libre, aunque eso signifique renunciar a ofertas más jugosas.
Tentaciones, plazos y un futuro abierto
Desde 2024 han llegado propuestas más lucrativas, con varios combates asegurados. Él las escucha, las valora, pero pone una condición clara: solo se comprometerá si percibe que UFC no va a abrirle de nuevo la puerta.
Una de esas ofertas procede de Professional Fighters League (PFL), para competir en peso gallo. La promotora no tiene división masculina de peso mosca, así que la opción pasaría por subir de categoría. No es su escenario ideal, pero el tablero se mueve.
Mokaev admite que se sentiría tentado a firmar si PFL crea una división de 125 libras tras su fusión con Most Valuable Promotions, la compañía de Jake Paul, cerrada en julio. Sería un nuevo hogar para un talento que, a sus 26 años recién cumplidos, todavía se ve al principio del camino.
“Quiero mantenerme activo porque aún soy joven. Acabo de cumplir 26; la mayoría de la gente empieza su carrera a esta edad”, subraya. “Voy a hacer lo que sea mejor para mi familia”.
Entre promesas incumplidas, ofertas cruzadas y un estilo que no encaja del todo con la narrativa que UFC quiere vender, Muhammad Mokaev sigue en el mismo punto de partida emocional: un peleador en forma de interrogante. La pregunta no es si puede competir con la élite. Esa ya la respondió en la jaula. La verdadera incógnita es quién se atreverá a darle, por fin, el escenario que su carrera exige.



