Israel se despide del Mundial tras derrota ante Letonia
La selección de Israel cerró su ventana de agosto con un golpe duro y definitivo: derrota 85-70 ante Letonia en Riga y eliminación oficial de la clasificación para la Copa del Mundo. Dos partidos, dos caídas claras. Primero ante Polonia (106-86). Después, cuando parecía haber aprendido la lección, se desplomó de nuevo frente al anfitrión.
Del control a la caída
Israel firmó un inicio serio. Intensidad atrás, ritmo en ataque, confianza en el tiro. En el segundo cuarto, el equipo de Ariel Beit Halachmi llegó a mandar por 11 puntos (40-29) tras un parcial 12-2 que silenció el pabellón. Entraban los triples, se corría bien la pista, los secundarios respondían.
Y entonces, el vacío.
Letonia pidió tiempo muerto y cambió la energía del partido. Ajustó en defensa, cerró mejor el rebote y comenzó a castigar desde el perímetro. En cuestión de minutos, el +11 israelí se evaporó en un 12-1 que dejó el marcador en 41-41 al descanso. Todo el trabajo de medio tiempo, borrado.
La inercia ya era letona.
El triple letón sentencia
La segunda parte fue una cuesta arriba constante para Israel. Cada pequeño intento de reacción encontraba la misma respuesta: un triple letón. Arturs Strautins, en particular, se convirtió en el martillo que golpeaba una y otra vez la moral visitante.
Netanel Artzi abrió el tercer cuarto con cinco puntos seguidos, un pequeño hilo de esperanza. Pero Letonia respondió con un 8-2 para tomar el mando (49-48) y no lo soltó más. Strautins siguió castigando y la ventaja local se estiró hasta el 58-52, obligando a Beit Halachmi a parar el juego. Nada cambió. El marcador se fue a 67-58 y la sensación era clara: Israel había perdido el control emocional del partido.
El último cuarto fue un monólogo exterior de los locales. Tres triples casi consecutivos dispararon la diferencia hasta el 76-62 con siete minutos por jugar. Israel ya no encontró soluciones. Solo 29 puntos anotados en toda la segunda mitad. Sin ritmo, sin claridad, sin respuestas.
Yam Madar terminó como máximo anotador israelí con 15 puntos. Artzi aportó 11, mientras que Itay Segev y Roman Sorkin sumaron 9 cada uno. Números que no alcanzaron para tapar la grieta colectiva.
La autocrítica de Beit Halachmi
El seleccionador no esquivó el análisis. Fue directo al corazón del problema.
“Empezamos bien el partido, pero hacia el final del segundo cuarto perdimos el impulso. En la segunda mitad entramos en problemas de faltas y eso cambió el momento del juego. Ellos lanzaron con un porcentaje muy alto desde la línea de tres y aprovecharon nuestros errores”, reconoció Ariel Beit Halachmi.
El técnico fue más allá y apuntó a la estructura misma del proyecto en estas ventanas internacionales: “No tenemos el lujo de presentarnos sin nuestros jugadores líderes. Nos faltaron bastantes jugadores y eso tuvo un impacto. Diferentes jugadores han estado disponibles en cada ventana y es difícil implementar un estilo de juego. El baloncesto israelí no tiene la opción de tirar partidos; necesitamos a todos con nosotros. Otras selecciones llevan tiempo jugando con el mismo roster, por desgracia no es nuestro caso”.
Entre la frustración, también se detuvo para agradecer: “Este es también el lugar para dar las gracias a la Federación de Baloncesto de Letonia, que nos ha estado hospedando y ayudando en todo lo posible”.
La voz del vestuario: “No hay excusas”
Roman Sorkin, uno de los referentes interiores del equipo, tampoco se escondió.
“Desde el lado de los jugadores, del que formo parte, tenemos que vernos mejor. No podemos vernos así. Tenemos que jugar mejor. Hablo de mí mismo ahora y no critico a nadie más. No tengo excusas; lo único que sé es que tenemos que jugar mejor y presentarnos de otra forma a los partidos”, admitió el pívot.
El mensaje es claro: no se trata solo de ausencias o de porcentajes rivales. Hay una exigencia interna que, por ahora, el equipo no está alcanzando.
La paliza de Polonia, primer aviso ignorado
El tropiezo ante Letonia no fue un accidente aislado. El fin de semana ya había empezado mal con la derrota por 20 puntos frente a Polonia (106-86), también en Riga, en el primer duelo de esta segunda ronda.
Polonia salió lanzada. Mateusz Ponitka, Jordan Loyd y Aleksander Balcerowski marcaron territorio desde el salto inicial y cerraron el primer cuarto con ocho puntos de ventaja. Israel nunca encontró una defensa capaz de frenarlos. Al descanso, el 55-42 ya reflejaba la superioridad polaca.
En el tercer cuarto, cuando Israel intentó reaccionar de la mano de Sorkin, Madar y Tamir Blatt, aparecieron Andrzej Pluta y Jarosław Zyskowski, letales desde fuera, para romper definitivamente el encuentro. La selección israelí firmó un último cuarto digno, llegó a insinuar una remontada, pero el agujero era demasiado profundo. Polonia manejó la renta y cerró una victoria rotunda.
Dos partidos, dos historias parecidas: desconexiones largas, defensa frágil en el perímetro, incapacidad para sostener la concentración cuando el rival sube el nivel.
Un futuro que exige decisiones
La ventana de agosto deja a Israel fuera del Mundial y frente a un espejo incómodo. El discurso de Beit Halachmi sobre la falta de continuidad en el roster y la necesidad de contar con las principales figuras no es una excusa ligera: es una advertencia.
Las demás selecciones construyen continuidad, automatismos, identidad. Israel, en cambio, ha ido parcheando cada ventana con piezas distintas, pagando el precio en los momentos de máxima exigencia.
La pregunta ya no es qué salió mal en Riga. La pregunta es cuántas veces más puede permitirse el baloncesto israelí aprender la misma lección de la manera más dura.




