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Kimi Antonelli domina en el debut del Madring

Kimi Antonelli marca territorio en el debut del Madring y un fuerte accidente de Arvid Lindblad recuerda los riesgos.

El nuevo circuito urbano de Madrid necesitaba una primera referencia. La puso el líder del Mundial. Kimi Antonelli cerró el viernes en lo más alto de la tabla de tiempos y dejó un mensaje claro: también en territorio desconocido, el hombre a batir sigue siendo él.

El italiano, aún con el eco de su remontada histórica en Monza, firmó un 1:33.662 en la segunda sesión de libres que le bastó para superar por apenas unas centésimas al dúo de Ferrari, Charles Leclerc y Lewis Hamilton. No fue una vuelta perfecta, pero sí lo bastante agresiva para domar un trazado que ya se ha ganado un apodo y una reputación: el “Madring”.

Antonelli, confianza de campeón

En la primera sesión, el mando había sido de George Russell. El británico se adaptó rápido al nuevo escenario y dejó a Antonelli por detrás. Pero cuando la pista mejoró y los equipos lanzaron sus simulaciones de clasificación en Libres 2, el campeón del mundo respondió con autoridad.

Ese 1:33.662, más que un simple registro, encaja con el momento que vive Antonelli. Llega a Madrid con una ventaja de 66 puntos sobre Russell tras su triunfo en casa, en el Gran Premio de Italia, saliendo desde la 19ª posición. Un golpe psicológico al campeonato y al garaje de al lado. Con 10 carreras por delante en la temporada 2026, cada viernes empieza a parecer un prólogo de sus domingos.

Ferrari, sin embargo, no se aleja. Leclerc y Hamilton se quedaron a poco más de una décima, lo suficiente para intuir una batalla cerrada por la pole en la clasificación del sábado. Madrid, que no veía Fórmula 1 desde 1981, se ha encontrado de golpe con un duelo directo entre Mercedes y Ferrari en un escenario nuevo y estrecho, encajado entre muros y sin margen para el error.

El Madring enseña los dientes

Durante días se habló de banderas rojas, de un trazado “punitivo”, de una pista que no perdona. Las categorías de formación confirmaron esos temores: varios accidentes y múltiples interrupciones en F2 y F3. El guion parecía escrito para que la F1 siguiera el mismo camino.

Los grandes, sin embargo, aguantaron el tipo en la primera sesión. Ningún incidente serio, mucha cautela en las primeras vueltas y un respeto evidente por un circuito que nadie conocía en condiciones reales.

Hasta que llegó el golpe de realidad.

Arvid Lindblad, británico, 19 años, uno de los novatos del año, estaba completando una tarde notable. Acababa de colocarse cuarto con una vuelta valiente, apurando frenadas y rozando los límites. En su siguiente intento, quiso un poco más. Fue demasiado.

En la curva 13 perdió el control y el coche se le fue de atrás a alta velocidad. Trompo, impacto violento contra las barreras y silencio en la radio. El accidente provocó una bandera roja y más de diez minutos de parón que cortaron de raíz las simulaciones de clasificación del resto.

El golpe dejó al descubierto la verdadera cara del Madring: un circuito rápido, estrecho, sin escapatorias generosas. Un error, una vuelta demasiado optimista, y el muro espera. Para Antonelli, la interrupción congeló su tiempo al frente. Para Lindblad, el resto del fin de semana se presenta cuesta arriba.

Russell se pierde en el ‘set-up’; Verstappen y Piastri, a la estela

George Russell terminó quinto, lejos del brillo de la primera sesión. Reconoció que los cambios de configuración entre Libres 1 y Libres 2 no funcionaron y que el plan pasa por dar marcha atrás y recuperar la base inicial. Aun así, logró mantenerse por delante de Max Verstappen y Oscar Piastri, una señal de que, incluso en un día irregular, Mercedes conserva margen.

El neerlandés de Red Bull y el australiano de McLaren se movieron en un segundo plano, sin destellos especiales pero sin problemas graves. En un viernes de aprendizaje general, los tiempos todavía esconden parte de la verdad, aunque la sensación es clara: hoy, la referencia está en los coches plateados y rojos.

McLaren tropieza: Norris, KO por la caja de cambios

Si alguien llegaba a Madrid con el cartel de amenaza seria, era McLaren. Lando Norris encadenaba dos victorias antes de que Antonelli dinamitara Monza y el equipo de Woking aparecía en las quinielas como candidato natural a la pole en el nuevo circuito.

El viernes no respaldó esa teoría.

Norris apenas dio dos vueltas antes de que una avería en la caja de cambios le obligara a detener el coche y poner fin a su sesión sin marcar tiempo. En un trazado nuevo, perder una sesión completa es un castigo durísimo: menos referencias, menos confianza, menos margen para arriesgar el sábado.

Oscar Piastri, por su parte, completó el trabajo de recopilación de datos, pero sin mostrar el filo que se esperaba de McLaren. El contraste con las últimas semanas es evidente: donde Norris solía marcar el ritmo del equipo, ahora llega a la jornada clave con una desventaja que no tiene nada que ver con su pilotaje, sino con la fiabilidad.

Madrid se prepara para la primera batalla real

La ciudad ya ha probado el ruido, la velocidad y el vértigo del Madring. Ha visto a Antonelli volver a marcar territorio, a Ferrari enseñar músculo, a Russell perderse en los reglajes y a un joven como Lindblad pagar caro un exceso de ambición.

El viernes dejó más preguntas que respuestas, pero una certeza: este circuito no permitirá medias tintas. O se ataca con precisión quirúrgica o se acaba en el muro.

El sábado, cuando llegue la hora de la verdad en clasificación, se sabrá quién se atreve a rozar ese límite sin cruzarlo. Y quién, en un campeonato que ya mira a Antonelli desde abajo, está dispuesto a cambiar el guion.