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Mundial de Baloncesto Femenino 2023: Un Torneo de Nuevas Oportunidades

En Berlín ya se escucha el eco de un Mundial distinto. El 4 de septiembre, la élite del baloncesto femenino aterriza en la capital alemana para un torneo que recupera músculo: 16 selecciones, el formato amplio que marcó época entre 1990 y 2018, y una sensación clara de que el dominio de siempre ya no se sostiene por inercia.

En el centro de todo, como casi siempre, está Team USA. Nueve títulos en las últimas doce ediciones, cuatro coronas consecutivas y una camiseta que pesa como pocas en el deporte mundial. Pero esta vez, la narrativa no es solo la de la hegemonía. Es la de un mundo que se ha puesto al día.

Un Mundial más profundo, un reto más duro

Kara Lawson, seleccionadora de Estados Unidos y entrenadora de Duke desde 2020, no se engaña con el cartel de favorita. Lo ve de cerca, desde la universidad y desde las categorías inferiores. Y lo resume con una claridad que marca el tono del torneo: el resto del planeta ya no llega a ver qué pasa, llega a competir.

Habla de plantillas con más fondo de armario, de rosters en los que ya no hay una estrella aislada sino varias jugadoras de altísimo nivel por selección. De un Mundial en el que cada cruce puede ser un problema. Para Lawson, esta edición será “la más difícil de ganar” por la profundidad global que ha ido ganando el baloncesto femenino. Y ahí está el matiz clave: a Estados Unidos le sigue tocando defender el trono, pero esta vez el margen de error se estrecha.

El mensaje interno, sin embargo, no cambia: hambre, enfoque y la obligación autoimpuesta de mostrar la mejor versión cada noche. Es un Mundial, recuerda Lawson. Debe ser duro. Debe costar.

La era Caitlin Clark aterriza en FIBA

Entre las muchas historias que cruzan este torneo, hay una que domina la conversación: la llegada de Caitlin Clark a un gran escenario FIBA con la camiseta de Team USA. La base llega tras una campaña intensa con Indiana, muy observada, muy analizada. Lawson la ha seguido de cerca durante el verano. La ve preparada. Concentrada.

Clark ofrece algo que todo seleccionador desea en un torneo corto: la capacidad de cambiar un partido en cuestión de minutos. Ritmo, puntos, lectura de juego, rango de tiro prácticamente ilimitado. Su sola presencia altera la geometría de la pista. Abre el campo, estira las defensas, obliga a tomar decisiones incómodas. En la WNBA ya atrae defensas dobles, ayudas largas, planes específicos. La incógnita ahora es cómo reaccionará el resto del mundo ante ese perfil.

Ahí se abre un capítulo interesante: será su primera experiencia en un gran torneo FIBA, con arbitraje distinto, ritmos diferentes y selecciones que quizá la defiendan de otra manera que en Estados Unidos. El cuerpo técnico asume que todavía está en fase de exploración en ese aspecto. Lo que no se discute es su papel: se espera impacto. Partido tras partido.

Una nueva generación irrumpe

Clark no llega sola. Este Mundial también será el escenario de estreno para otras figuras que vienen empujando con fuerza: Angel Reese, Paige Bueckers, Kiki Iriafen, Sonia Citron. Todas debutarán en una Copa del Mundo que puede marcar un antes y un después en sus carreras.

El entrenamiento del martes en Berlín dejó una imagen clara: un grupo joven, con talento ofensivo a raudales y con margen para crecer en química. Lawson insiste en ese punto. El foco no está en lo que falta, sino en lo que tiene en la pista. El trabajo ahora es acelerar conexiones, automatismos, jerarquías. En un torneo tan corto, la cohesión no es un lujo, es una urgencia.

El primer día de práctica fue suave, casi de aterrizaje: un poco de sudor, primeros sistemas instalados, sensaciones. Nada de quemar energía antes de tiempo. A partir del segundo día, más carga, más detalles, más exigencia. El reloj del Mundial corre rápido.

Sin A’ja Wilson ni Kelsey Plum, sin excusas

La gran sombra sobre la convocatoria de Estados Unidos es la ausencia de dos referentes: A’ja Wilson y Kelsey Plum. Dos piezas que, en cualquier contexto, cambiarían el techo del equipo. Lawson fue clara al abordar el tema: no hay tiempo para lamentarse por quienes no están.

No entró en detalles sobre conversaciones con Wilson ni en plazos. Se limitó a desear una pronta recuperación a ambas y a subrayar una idea que repite puertas adentro: el grupo que importa es el que viste hoy la camiseta, el que entrena, el que viaja, el que salta a pista en Berlín. El resto pertenece al terreno de las hipótesis.

En un Mundial tan comprimido, mirar hacia atrás es un lujo que nadie puede permitirse.

Kara Lawson, de oro olímpico a la pizarra

La figura de Lawson añade una capa emocional a esta aventura. No es solo la entrenadora que ha llevado a Duke a dos títulos consecutivos de la ACC y a dos apariciones seguidas en la Elite Eight. Es también una exjugadora que conoce el peso del escudo de Team USA desde dentro.

En 2008, fue parte del equipo que ganó el oro ante Australia en la final, firmando 15 puntos sin fallo en el tiro, con rebotes, asistencias y una presencia total. Aquella noche, en un escenario similar, entendió lo que significa representar a una federación cargada de leyendas.

Ahora le toca dirigir. “No hay un honor más grande en nuestro deporte”, dijo días atrás. No suena a frase hecha: en su caso, es biografía. Lleva la memoria de quienes construyeron la dinastía y, al mismo tiempo, la responsabilidad de guiar a la nueva camada que quiere mantenerla viva.

Berlín, el nuevo examen de una dinastía

El telón está a punto de levantarse. Team USA ya ha pisado la pista de entrenamiento, ya ha sentido el balón, ya ha escuchado los ecos del pabellón vacío que pronto se llenará de ruido y presión. Afuera, el resto de selecciones afinan sus armas, conscientes de que el gigante, aunque poderoso, ya no parece intocable.

Estados Unidos llega con talento, historia y una camiseta que impone. El mundo llega con profundidad, ambición y la convicción de que el hueco se ha reducido. En medio, un torneo corto, sin margen para desconexiones, donde una mala noche puede costar un título.

La pregunta ya no es solo si alguien puede destronar a Team USA. La verdadera cuestión, en Berlín, es otra: ¿estamos ante el inicio de una nueva era competitiva o ante el capítulo más exigente de una dinastía que aún se niega a ceder el trono?