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Mundial FIBA 2026: El Desafío de Estados Unidos

Berlín se prepara para ser el epicentro del baloncesto femenino. El viernes 4 de septiembre arranca el Mundial FIBA 2026 y, por primera vez en mucho tiempo, el aura de invencibilidad que rodeaba a la selección de Estados Unidos parece resquebrajarse, al menos en la percepción global.

Los números siguen siendo brutales: nueve de los últimos doce títulos mundiales, cuatro coronas consecutivas y una racha sin derrotas en el torneo que se extiende desde 2006. Dos décadas de dominio. Pero el contexto ha cambiado. Y lo sabe incluso quien dirige hoy a la gran favorita.

“Va a ser el Mundial más difícil de ganar”, advirtió Kara Lawson, seleccionadora de USA, el martes 1 de septiembre. No son palabras huecas. Son el reconocimiento de un paisaje competitivo nuevo, mucho más poblado de estrellas, de talento y de selecciones que ya no se conforman con pelear por la plata.

Un torneo comprimido y feroz

Dieciséis países, cuatro grupos, todo en territorio alemán. Formato clásico, sensación distinta: la distancia entre gigantes y aspirantes casi ha desaparecido.

La plantilla de USA está formada íntegramente por jugadoras de la WNBA. Es la referencia, el estándar al que todos miran. Pero Francia y Australia se han acercado peligrosamente: ocho jugadoras WNBA en cada una de sus selecciones. España aparece justo detrás, con cinco. Alemania y Bélgica suman cuatro cada una.

La profundidad de los rosters ya no es patrimonio exclusivo de las estadounidenses. Lawson lo resumió con una mezcla de advertencia y entusiasmo: el mundo mejora “a un ritmo rápido” y las plantillas de élite ya se cuentan por varias, no por una sola.

Grupo A: trampas desde el primer salto

Japón, España, Alemania y Mali forman un Grupo A que mezcla estilos, ritmos y ambiciones muy distintas.

Japón, dirigido por Corey Gaines con Tomoki Miyata como asistente, seguirá fiel a su seña de identidad: velocidad, circulación de balón y amenaza constante desde el perímetro. No intimida por físico, pero castiga cada distracción.

España, con Miguel Méndez al mando y un cuerpo técnico amplio —Cristina Cantero, Raquel Romo y Anna Montañana—, llega con ese núcleo duro de experiencia y talento que la mantiene siempre en la conversación por las medallas. Cinco jugadoras WNBA le dan un peso específico que hace unos años era impensable.

Alemania, anfitriona del torneo, se agarra al factor local. Olaf Lange dirige un grupo respaldado por Stefan Möller, Parker Lovett y Constanze Wegner desde el banquillo. Cuatro jugadoras WNBA y un pabellón empujando pueden convertir cada partido en una olla a presión.

Mali, con Mali Oumarou Sidiya al frente, representa al baloncesto africano emergente. Sin el escaparate de la WNBA, pero con físico, energía y la ventaja de llegar sin el foco mediático que sí persigue a las grandes potencias. Un tropiezo contra ellas puede costar muy caro.

Grupo B: Francia mira a lo más alto

Hungría, Corea, Nigeria y Francia componen un Grupo B que puede esconder más peligro del que aparenta.

Hungría, bajo las órdenes de Péter Völgyi, se presenta como bloque sólido, bien trabajado tácticamente, con capacidad para incomodar a cualquiera si el partido baja de revoluciones.

Corea, dirigida por Park Soo-ho, llevará al extremo su identidad: ritmo, movilidad constante y un juego exterior que, si entra en racha, convierte cada posesión en una amenaza.

Nigeria, con Rena Wakama como seleccionadora, es ya una realidad del baloncesto mundial. Atleta por atleta, pocas selecciones pueden igualar su potencia física. Cuando esa energía se ordena, se convierte en un rival durísimo.

Y entonces aparece Francia. Jean-Aimé Toupane lidera un proyecto que ya no se conforma con ser alternativa. Con David Gautier, Christophe Léonard y Grégory Halin como asistentes, y ocho jugadoras WNBA en la plantilla, la selección francesa se ha ganado el derecho a mirar de frente a USA. Su mezcla de tamaño, técnica y experiencia en grandes escenarios la coloca como uno de los grandes focos del torneo.

Grupo C: Australia, Bélgica y un campo minado

Australia, Bélgica, Puerto Rico y Türkiye dan forma a un Grupo C cargado de matices.

Australia, dirigida por Sandy Brondello y acompañada por Renae Garlepp, Paul Goriss y Kennedy Kereama en el cuerpo técnico, llega con ocho jugadoras WNBA y un mensaje claro: quiere recuperar el trono mundial. El talento interior, la dureza defensiva y la experiencia en grandes citas convierten a las Opals en amenaza real para cualquiera.

Bélgica, con Mike Thibault al frente y un staff de alto nivel —Pascal Angillis, Fred Dussart, Dena Evans—, ya no es la sorpresa simpática del cuadro. Cuatro jugadoras WNBA y una generación que ha crecido sin complejos la sitúan como candidata a romper el guion en las rondas finales.

Puerto Rico, bajo la dirección de Gerardo Batista, ha aprendido a competir en escenarios de máxima exigencia. No tiene la profundidad de las grandes potencias, pero sí carácter y un núcleo que se conoce bien.

Türkiye, con Andrea Mazzon en el banquillo y la ayuda de Murat Alkaş y Fatih Emre Gezer, se mueve entre la reconstrucción y la ambición. Su clasificación para la siguiente fase dependerá de su capacidad para imponer su físico y su defensa en partidos cerrados.

Grupo D: el otro lado del cuadro también asusta

China, Czechia, Italia y USA se cruzan en un Grupo D que mezcla tradición, presente y una favorita absoluta.

China, dirigida por Gong Luming y con Pierre Vincent como asistente, llega con el impulso de años de crecimiento sostenido. Tamaño, disciplina táctica y una generación que ya ha demostrado que puede pelear medallas en torneos globales.

Czechia, con Romana Ptáčková al mando, representa el baloncesto centroeuropeo de escuela: lectura de juego, ejecución y paciencia. No parte como cabeza de cartel, pero tiene argumentos para incomodar a cualquiera si el partido se decide en media pista.

Italia, entrenada por Andrea Capobianco y respaldada por Vincenzo Di Meglio, Alessandro Fontana y Angela Gianolla, se mueve en ese punto intermedio entre la ilusión y la exigencia. Su combinación de tiro exterior y creatividad en el perímetro la convierte en un rival incómodo, especialmente en fase de grupos.

Y entonces aparece USA.

USA, aún favorita, pero ya no sola

Kara Lawson dirige a una selección construida exclusivamente con jugadoras WNBA, una declaración de intenciones y también una responsabilidad enorme. En el banquillo, la acompañan Natalie Nakase, Nate Tibbetts y Stephanie White, un staff que mezcla experiencia en la liga profesional y conocimiento profundo del juego internacional.

La racha sin derrotas desde 2006 pesa como una corona… y como una losa. Cada rival se mide ante USA como si fuera una final. Cada posesión es una oportunidad de derribar al gigante.

Lawson lo sabe. Por eso insiste en la profundidad del talento global. Hoy, cuando se revisan las plantillas, aparecen nombres de alto nivel en casi todos los países. El Mundial ya no se juega solo para ver quién se atreve a desafiar a Estados Unidos; se juega para comprobar si, por fin, alguien es capaz de destronarla.

Berlín tiene la respuesta. Y esta vez, nadie llega resignado al papel de víctima.