Mundial FIBA 2026: Team USA sin A’ja Wilson y Kelsey Plum
En menos de 24 horas se alza el telón en Berlín. El Mundial FIBA femenino 2026 arranca y, con él, una pregunta inevitable: ¿puede Estados Unidos seguir mandando sin dos de sus grandes faros, A’ja Wilson y Kelsey Plum?
El debut llega pronto y sin red. El viernes 4 de septiembre, ante China, en plena fase de grupos y con la presión de siempre: pelear por el oro el 13 de septiembre y encadenar el quinto título mundial consecutivo. Nada menos.
Caitlin Clark lo resumió con una frase que pesa: jugar un Mundial ya es especial. Y remató con una idea que recorre todos los vestuarios: “A veces esta es una competencia incluso más dura que los Juegos Olímpicos”. El talento internacional no deja de crecer. Ganar ya no es un trámite, es una guerra de 40 minutos.
Kara Lawson lo sabe. Y por eso el quinteto inicial de Estados Unidos en Berlín apunta a ser, más que nunca, un delicado ejercicio de equilibrio.
Chelsea Gray, el cerebro veterano
En un perímetro joven, sin experiencia mundialista absoluta en varias de sus piezas, todo indica que Kara Lawson se agarrará a la serenidad de Chelsea Gray en la posición de base.
No llega con grandes números recientes en la selección. En los cinco partidos del Torneo de Clasificación FIBA en marzo, tuvo minutos limitados y una producción discreta: 5,6 puntos y 4,8 asistencias de media. Pero Gray aporta algo que no se mide solo en estadísticas: control del ritmo, lectura del juego, autoridad silenciosa.
La incógnita es cuánta carga soportará. ¿Cuántos minutos tendrá como directora de orquesta antes de ceder el timón a Caitlin Clark? Esa será una de las grandes decisiones tácticas del torneo.
Jackie Young, el candado y el cuchillo
A su lado, todo apunta a Jackie Young como escolta titular. Nunca ha jugado un Mundial, pero trae algo que el resto no tiene al mismo nivel: impacto en las dos orillas de la cancha.
Es una de las mejores jugadoras “two-way” de la plantilla. Anota en los tres niveles, genera para sus compañeras y se pega atrás con una intensidad que marca tono. En París 2024, con la selección, promedió 9,5 puntos, 2,3 rebotes, 2,3 asistencias y fue colíder en robos con 1,5 por partido.
Con ella en pista, Lawson gana una pieza que puede subir la línea defensiva y, al mismo tiempo, castigar cualquier desajuste rival. Una escolta que no necesita que se lo expliquen: sabe lo que es ganar al máximo nivel.
Napheesa Collier, cambio de rol para sostener la estructura
En el alero, el plan más lógico pasa por desplazar a Napheesa Collier desde su hábitat natural de ala-pívot al puesto de alero. No es un simple ajuste, es una apuesta fuerte.
Collier tampoco ha disputado un Mundial con la absoluta, pero ya sabe lo que es subir a lo más alto del podio olímpico: oro en Tokio 2020 y en París 2024, con medias de 6,7 puntos, 6,5 rebotes y 1,3 asistencias en la última cita.
Su versatilidad defensiva permite a Lawson jugar grande sin perder movilidad. Puede cambiar en bloqueos, cerrar el rebote y castigar desde el poste o desde fuera. Si se adapta rápido a esa banda de “3” puro, el equipo gana una pieza de impacto silencioso pero constante.
Breanna Stewart, la referencia total
Breanna Stewart es el ancla. La jugadora que lo ha visto todo en Mundiales y lo ha ganado todo: tres oros en su hoja de servicio. En Berlín, el plan pasa por situarla de inicio como ala-pívot, con la opción permanente de moverla al cinco en momentos calientes.
En el Mundial 2022 firmó 12,8 puntos, 6,6 rebotes, 3,0 asistencias, 1,3 robos y 1,4 tapones por encuentro, y acabó en el Quinteto Ideal del torneo. No es solo producción; es presencia. Marca el tono defensivo, protege el aro, organiza desde el poste alto y se convierte en el faro cuando el ataque se atasca.
Sin A’ja Wilson, el foco interior se desplaza hacia ella. Su capacidad para sostener la pintura y, a la vez, abrir la pista, será el termómetro de hasta dónde puede llegar este grupo.
Aliyah Boston, el muro sin Wilson
En el centro de la zona, todo apunta a Aliyah Boston como pívot titular. La ausencia de A’ja Wilson deja un vacío enorme en puntos y liderazgo, pero también abre una puerta: la de ver a Boston con máxima responsabilidad en un gran escenario FIBA.
No estuvo en la plantilla del Torneo Clasificatorio del Mundial 2026, del que se retiró antes de la competición, pero sí en el Preolímpico 2024, donde promedió 5,0 puntos, 5,5 rebotes, 1,0 robo y 1,0 tapón en casi 23 minutos por partido.
Lawson le pedirá lo que mejor sabe hacer: defensa uno contra uno de élite, lectura en ayudas y una presencia física que obligue a las rivales a pensar dos veces antes de atacar el aro. Su movilidad en la pintura puede convertirse en un arma ofensiva, castigando cambios y rotaciones lentas.
El banquillo: Clark, Bueckers y un arsenal por definir
Ahí es donde el Mundial puede cambiar de tono para Estados Unidos.
Caitlin Clark, llamada a ser el relevo natural de Gray en la dirección, llega con galones recientes: MVP del Torneo Clasificatorio del Mundial, con 11,6 puntos y 6,4 asistencias de media. Su visión de juego y su capacidad de anotar desde cualquier parte del campo convierten cada posesión en una amenaza inmediata.
Cuando Clark entre por Gray, el ritmo subirá. Más transiciones, más triples, más riesgo. Un cambio de marcha que puede desbordar a muchas selecciones.
A su lado, Paige Bueckers se perfila como la escolta de relevo para Jackie Young. Su perfil encaja: puede sumar en ambos lados, complementar la agresividad de Young y mantener el nivel competitivo del perímetro sin que el equipo pierda equilibrio.
En el puesto de alero, Kahleah Copper parece la opción natural tras Collier. Una combinación explosiva: Collier como metrónomo y Copper como golpe directo. Dos estilos distintos que obligan a las defensas rivales a reajustarse constantemente.
Iriafen y Reese, la incógnita interior que puede cambiar partidos
Por dentro, Kiki Iriafen y Angel Reese asoman como piezas clave… aunque el reparto de minutos aún sea un misterio.
Iriafen ofrece energía, físico y capacidad para influir en el juego sin necesitar muchos tiros. Reese, por su parte, llega tras asumir minutos como pívot en Atlanta Dream esta temporada, obligada por las lesiones del equipo. Esa experiencia como “cinco” abre otra posibilidad para Lawson: usarla tanto de ala-pívot como de pívot según lo pida el partido.
Ambas deberían tener tiempo de calidad en pista. La cuestión es cuándo y cómo. ¿Reese como cinco móvil en quintetos pequeños? ¿Iriafen como acompañante de Stewart o Boston en alineaciones grandes? Son las piezas que pueden dar un giro inesperado al dibujo inicial.
Un Mundial sin red
Estados Unidos llega a Berlín con el peso de la historia sobre los hombros, pero sin dos de sus estrellas más reconocibles. No es un detalle menor. Obliga a Kara Lawson a exprimir la versatilidad de su plantilla, a ajustar roles y a confiar en que la mezcla de experiencia (Gray, Stewart, Collier) y talento emergente (Clark, Boston, Bueckers, Reese, Iriafen) aguante la presión.
El primer examen será China. Después vendrá el resto del mundo, cada vez más preparado, cada vez menos intimidado por el escudo de Team USA.
La pregunta ya está lanzada: ¿seguirá la racha dorada hasta el 13 de septiembre o este Mundial marcará el inicio de un nuevo orden en el baloncesto femenino?




