Neemias Queta lidera la histórica victoria de Portugal sobre España
España llegaba al duelo de clasificación para el Mundial contra Portugal con todo el peso de la historia y un plantel plagado de nombres con pedigrí NBA. Ahí estaban el joven Hugo Gonzalez, el ex Celtic Juancho Hernangomez y hasta seis jugadores con pasado o presente en la liga. Las casas de apuestas lo reflejaban sin pudor: 12,5 puntos de favoritismo para los de siempre.
Al otro lado, una selección portuguesa con un solo representante NBA. Un pívot de Boston. Neemias Queta.
Y fue precisamente Portugal, el equipo que casi nunca aparece en el mapa del baloncesto de élite, quien firmó lo impensable: victoria por 95-89, la primera de su historia ante España en un torneo oficial. Un terremoto deportivo. Un resultado que los coloca 4-3 en la fase de clasificación y mantiene vivo el sueño de algo que el país jamás ha conseguido: jugar un Mundial.
En el centro de todo, Queta. Otra vez.
El corazón de una selección que ya no se conforma
El pívot de los Celtics completó una segunda parte enorme y terminó con 16 puntos (5/10 en tiros de campo) y 9 rebotes. Más allá de la estadística, impuso presencia, dio calma y marcó el tono competitivo de un grupo que se niega a seguir siendo comparsa en Europa.
Portugal viene creciendo. La clasificación para el último Eurobasket, apenas la cuarta presencia de su historia y la primera desde 2011, fue la primera señal. Este ciclo de clasificación, con rivales de máximo nivel, está siendo la segunda. Cada ventana internacional es un banco de pruebas para Queta… y un trampolín hacia una temporada 2026-27 que en Boston se antoja decisiva para su carrera.
El propio pívot lo ve como un proyecto compartido: su desarrollo y el de su selección avanzan en paralelo. Lo asume como un compromiso. Como una responsabilidad. Quiere competir al límite y “vivir con los resultados”, como explicó a Eurohoops. De momento, esos resultados empiezan a cambiar la narrativa de un país entero.
Y también la suya.
Un contrato de 56 millones que lo cambia todo
El contexto con el que Queta se presentará al training camp de los Celtics el mes que viene es muy distinto al de hace un año. Ya no es el interior de rotación que pelea por minutos en silencio. Es un jugador con contrato de peso: cuatro años y 56 millones de dólares de extensión, que entrará en vigor después de esta temporada.
La apuesta de la franquicia se apoya en lo que hizo el curso pasado: 10,2 puntos y 8,4 rebotes de media en 76 partidos, 75 de ellos como titular. Un salto enorme para alguien que, entre Sacramento y Boston, apenas había disputado 48 encuentros en sus primeras tres campañas NBA.
Pero un gran contrato trae consigo algo más que seguridad financiera. Trae exigencia. Expectativas. Miradas que ya no perdonan noches grises.
La última imagen de los Celtics en los playoffs subraya esa realidad. Boston dejó escapar una ventaja de 3-1 ante los Sixers, y la eliminación dejó heridas internas. Brad Stevens, presidente de operaciones, no escondió su frustración por la falta de impacto de Queta cerca del aro y sus problemas para defender a Joel Embiid sin cargarse de faltas. Lo dijo claro: hubo partidos en los que el pívot estaba fuera del parquet en apenas cuatro minutos.
El mensaje, traducido al idioma de la élite, es inequívoco: si quieres ser el pívot titular de un aspirante al título, no basta con números sólidos en temporada regular. Hay que imponer respeto en mayo y junio.
Mitchell Robinson, presión directa en el puesto
Boston ha movido ficha. El fichaje de Mitchell Robinson, uno de los mejores reboteadores e intimidadores interiores de la liga cuando está sano, no es un matiz de rotación. Es una advertencia.
Stevens ya había admitido que el equipo necesitaba más impacto en el aro. La respuesta ha sido traer a un especialista, un pívot cuya identidad se construye precisamente sobre aquello que se le exige a Queta: protección del aro, presencia física, castigo constante en el rebote ofensivo.
El puesto de titular ya no está blindado para el portugués. Robinson llega para competir, para discutir jerarquías. Pero su historial médico abre una puerta: las lesiones han sido una constante en su carrera. Eso significa que, juegue quien juegue de inicio, Queta tendrá minutos, tendrá oportunidades, tendrá escenarios para demostrar que puede sostener el peso de un proyecto que apunta al anillo.
La pregunta es si sabrá transformar el impulso emocional de noches como la de España en consistencia diaria en la NBA. Si el líder de una Portugal emergente puede convertirse también en el ancla fiable de unos Celtics que no pueden permitirse otro derrumbe en playoffs.
Entre Georgia y Boston, un mismo examen
Mientras tanto, el calendario no espera. Portugal se juega el lunes un duelo directo contra Georgia, también con balance 4-3, en un partido que huele a “ganar o decir adiós” en la lucha por el Mundial.
Para Queta, el escenario es perfecto: máxima presión, impacto real en la historia del baloncesto de su país y la oportunidad de seguir enviando mensajes a Boston sin decir una palabra. Cada rebote, cada ayuda defensiva, cada decisión en ataque suma argumentos.
Portugal persigue su primer Mundial. Los Celtics persiguen otro anillo. En medio, un pívot que empieza a entender que su carrera se define en noches como estas, en las que ya no hay margen para esconderse.




