Pablo Torre y la sanción histórica a los Clippers
Pablo Torre no necesitaba que la NBA le diera la razón. Pero el 2 de septiembre, cuando la liga anunció la mayor sanción económica y deportiva a una franquicia en su historia, su trabajo dejó de ser “solo” un podcast incómodo para convertirse en el telón de fondo de un terremoto institucional.
Su serie “Pablo Torre Finds Out” había seguido durante meses el rastro del dinero alrededor de Kawhi Leonard, los Los Angeles Clippers y un acuerdo de patrocinio fantasma de 28 millones de dólares con Aspiration, cuyo cofundador fue condenado a 14 años de cárcel por fraude a inversores, entre ellos el propio dueño de los Clippers, Steve Ballmer. El relato sonaba, para muchos, demasiado grande, demasiado explosivo. Para otros, demasiado peligroso.
La NBA contrató al bufete Wachtell Lipton para investigar de forma independiente. El resultado fue demoledor: los Clippers “cometieron múltiples violaciones significativas de las normas”, y Leonard, a través de su tío Dennis Robertson, presionó a la franquicia para que le ayudara a conseguir ingresos fuera de la pista, logró esos acuerdos y no reembolsó gastos personales cubiertos por el club.
El castigo: 30 millones de dólares de multa, cinco primeras rondas de draft, un año de suspensión para Ballmer. Para Leonard, apenas 700.000 dólares y sin sanción deportiva. Un contraste que no pasó desapercibido.
Torre, mientras tanto, llevaba meses bajo fuego.
Validado, pero no por quien muchos esperaban
“En algún nivel es difícil resistirse a la sensación de vindicación”, admite. Pero enseguida marca distancia. Para él, el periodismo no existe para ser bendecido por la institución a la que investiga ni por los premios que recibe, aunque ya tenga un Pulitzer en la vitrina por esta misma serie.
Su incomodidad va más allá del caso. Le inquieta que una parte importante del público decidiera creer antes al multimillonario y a la superestrella que a una investigación larga, documentada y verificada.
Para quienes sí se tomaron el tiempo de escuchar y seguir cada episodio, sostiene, “no había ambigüedad sobre lo que era esta historia”. El problema estuvo en todos los demás, en los que prefirieron la versión más cómoda.
ESPN, el relato y el poder de un titular
El 17 de agosto, ESPN —su antiguo empleador, que lo había despedido sin demasiados miramientos— publicó un reportaje con un titular que cayó como un misil: “Sources: NBA has no evidence Ballmer funneled money to Leonard via sponsors”.
El texto se leyó en muchos rincones de la liga como un salvavidas narrativo para Ballmer y los Clippers. Para Torre, fue algo más: una demostración de cómo un gran medio puede moldear la percepción pública en cuestión de horas.
Su experiencia con esa pieza fue “no buena”. Se pregunta por qué ESPN se sintió cómodo enmarcando la historia de ese modo, por qué nunca le llamaron antes de publicarla, y por qué, después de prometer incluir su declaración —“Mantenemos nuestra información, esperamos la resolución de la NBA y nuestra investigación continúa”—, jamás la añadieron.
Lo que su propia investigación sugiere es claro: los Clippers, junto a un gestor de crisis contratado por Ballmer, habrían estado ofreciendo a distintos medios una versión de los hechos favorable al dueño, una versión que, vista en retrospectiva, se parece demasiado al comunicado oficial de la franquicia y a la información que ESPN publicó. La NBA, recuerda Torre, refutó de inmediato esa narrativa.
No le sorprende de dónde salió el relato. Lo que le sigue desconcertando es por qué una redacción que conocía su trabajo, sus fuentes humanas y sus documentos decidió que esa versión resultaba más creíble que la de quien llevaba un año publicando pruebas sin una explicación alternativa razonable.
Puck, ataques personales y una línea que se cruza
Si el golpe de ESPN fue institucional, el de Puck tuvo un filo más personal. En un podcast, Peter Hamby lo acusó de perseguir “clout y clicks”, una pieza que, a ojos de Torre, se parecía más a un intento de demolición de carácter que a un análisis crítico de su trabajo.
Esa crítica, dice, venía de gente que ni siquiera parecía haber consumido la investigación que estaban cuestionando. Lo que le resultó “poéticamente oscuro” fue recibir lecciones de estándares periodísticos de una publicación que, según él, no se esforzó en parecerse a ellos.
¿Error o mala fe? Para Torre, a estas alturas la diferencia se ha vuelto “casi inexistente”. Y sí, lo sintió como algo extrañamente personal.
En paralelo, llegaron las disculpas públicas de Mark Cuban y Ty Lawson, dos de sus críticos más ruidosos en los primeros compases del escándalo. “Las aprecié profundamente”, admite. El ruido empezaba a cambiar de tono.
El castigo a los Clippers y el trato de favor a Leonard
La sanción de la NBA fue histórica para la franquicia y durísima para Ballmer. Pero el trato a Leonard levantó cejas en todo el ecosistema de la liga. Un jugador que, según las pruebas recopiladas tanto por Torre como por la propia NBA, se benefició de un esquema millonario, se marcha con una multa menor en comparación con lo que ganó y con libertad para seguir su carrera, incluido un traspaso a los Toronto Raptors.
Torre ve en ese contraste un ejemplo perfecto de por qué no se debe medir la calidad de una investigación solo por el veredicto de un tercero. Para él, lo que ocurrió con Leonard forma parte de una estrategia legal de la liga.
Según su información, la NBA optó por un castigo simbólico para Leonard con un objetivo: lograr que el jugador y el sindicato aceptaran un acuerdo y, con ello, eliminaran la vía del arbitraje. Esa era una de las principales armas que Ballmer podía utilizar para complicar aún más el caso ante la liga y sus socios.
Al sellar el acuerdo con Leonard, el camino del dueño de los Clippers se estrechó. Sin arbitraje, su única salida era acudir a los tribunales y demandar a la NBA, al comisionado Adam Silver, a Wachtell Lipton, a Torre y a quien considerara necesario. Un movimiento jurídico, no una fotografía exacta de la responsabilidad real de cada actor.
La reacción de Ballmer no se hizo esperar. Acusó a la NBA de llevar a cabo “una investigación fuertemente sesgada” y anunció que explorará “todas las vías legales” para combatir lo que califica de “injusticia grotesca”.
Leonard, las firmas y una salida discreta
Leonard, habitualmente hermético, emitió un comunicado calculado: “La integridad y el respeto por este juego son fundamentales para quién soy. Acepto toda la responsabilidad por los lapsos de juicio de personas dentro de mi círculo íntimo y lamento la distracción que esta situación ha causado a los aficionados y a mi familia”.
Para Torre, esa frase no encaja con los documentos que tiene delante. Habla de un hombre de 35 años, presente en reuniones con varias franquicias, consciente de lo que pedía su tío y con su firma estampada en secciones que acreditan su conocimiento y consentimiento de los acuerdos que ahora intenta presentar como ajenos.
“Por mi colección de documentos, no tiene sentido”, admite. Pero entiende por qué Leonard lo hace: es su vía para salir del escenario, reconocer vagamente errores, expresar arrepentimiento y marcharse a Toronto con el mínimo coste personal posible.
En el fondo, la historia, dice Torre, es la de un dueño que deseaba tanto a una estrella que no supo ver cómo se exponía a un choque de intereses que terminó explotándole en la cara.
Lo que viene: Mark Walter, Dodgers y otro frente en Los Ángeles
Mientras el caso Clippers sigue su curso legal y mediático, Torre ya tiene la mirada puesta en otro gigante deportivo y financiero: Mark Walter, propietario de Los Angeles Dodgers.
Su próximo episodio, la primera parte de una nueva investigación, se publica este viernes. El foco: un entramado que incluye agencias federales, el interés público, jugadores de baloncesto de Salón de la Fama, un equipo de la NBA en Los Ángeles y, también, una franquicia de MLB en la misma ciudad.
Walter está bajo investigación federal por 21.000 millones de dólares en préstamos no declarados procedentes de dos aseguradoras de su propiedad, y recientemente vendió los Lakers a Bob Iger y Joshua Kushner por 12.500 millones. Esa operación sirve como una de las puertas de entrada al relato que Torre y su equipo llevan meses construyendo y que han acelerado en las últimas semanas.
No será un disparo único, avisa. Es el inicio de una serie, un punto de partida para una historia que pretende traducir un entramado financiero complejo en algo comprensible y, sobre todo, relevante para el público.
En Los Ángeles, otra tormenta se está formando. Y Pablo Torre, otra vez, está justo debajo de las nubes.




