Red Bull recupera su alineación titular y eleva la competencia
Red Bull recupera en Bakú lo que más echaba de menos: su alineación titular. Isack Hadjar vuelve al coche grande tras tres carreras fuera por lesión, Liam Lawson regresa a Racing Bulls y Yuki Tsunoda vuelve a su rol de piloto reserva. Tres fines de semana que han reordenado jerarquías, han reforzado reputaciones… y han elevado el listón para cualquiera que aspire a quedarse en la órbita de la marca.
Hadjar vuelve… y ya no vale con ser “solo” sólido
Hadjar se sube de nuevo al Red Bull con una certeza y una advertencia. La certeza: su nivel previo a la lesión fue lo bastante alto como para justificar que recupere el asiento sin discusión. La advertencia: el techo del equipo ha subido mientras él estaba fuera.
Antes del parón veraniego, su cuerpo de trabajo impresionaba. En las primeras 11 carreras, promedió 6,5 puntos por gran premio frente a los 9,9 de Max Verstappen. Traducido a posiciones: si Verstappen solía acabar quinto, Hadjar se movía uno o dos puestos por detrás. Para un primer año completo a ese nivel, más que notable.
Pero el contexto ya no es el mismo. En las tres citas que se perdió, Verstappen elevó su media hasta los 12 puntos por carrera, pese al accidente en Zandvoort, gracias a los podios en Monza y en el Madring. Lawson, en cambio, se quedó en 4,7 puntos por evento.
El mensaje es claro: el pico de rendimiento de Red Bull está subiendo y Hadjar no puede limitarse a volver “como estaba”. Tiene que engancharse a esa ola. Y hacerlo en un triple encabezado físicamente exigente, que pondrá a prueba su rehabilitación, su capacidad de concentración y la rapidez con la que recupere ritmo de carrera.
Con un suplente que, sin conocer el coche y saltando de equipo en equipo, ha mantenido la cuenta de puntos, el listón de lo “aceptable” ya está fijado. Si Hadjar no rinde muy cerca de su mejor versión desde el primer fin de semana, la decisión deportiva de Red Bull quedaría en entredicho. Y en esta estructura, las segundas oportunidades no suelen ser muchas.
Lawson demuestra que puede con el traje grande
Liam Lawson ya llegaba al verano con el futuro bastante encaminado. Su primera mitad de temporada con Racing Bulls había sido sólida, constante, y lo había dejado como el mejor clasificado en el mundial entre los pilotos de fuera del top-4 de equipos.
El ruido alrededor de Nikola Tsolov, impulsado por su campaña en Formula 2, no cambió una realidad interna: quienes trabajan con Lawson hablaban de un salto en enfoque y rendimiento durante el invierno. Su grupo de ingenieros, en particular, destacaba cómo, pese a su poca simpatía por la normativa 2026, se había remangado para exprimir trucos de gestión de energía que empujaron al equipo hacia delante.
La intención de Racing Bulls parecía clara: aprovechar ese crecimiento y mantenerlo junto a Arvid Lindblad un año más. Si tu alineación funciona, no la toques.
Entonces llegó la llamada de Red Bull. Una oportunidad inesperada para enterrar los fantasmas de aquel complicado inicio de 2025. Y Lawson la aprovechó. Se adaptó rápido a un coche delicado y firmó exactamente el tipo de actuación que en Faenza ya esperaban de él: más que sólida.
Dos carreras en los puntos, sin desmoronarse en ningún momento. El fin de semana más duro fue Monza, una cita cuesta arriba desde el sábado por la sanción de motor que lo mandó al fondo de la parrilla.
¿Ha hecho lo suficiente como para obligar a Red Bull a replantearse quién debe acompañar a Verstappen? Probablemente no. El techo que se exige al compañero del neerlandés es otro.
Pero sí ha dejado algo muy claro: es el tipo de piloto que Racing Bulls necesita para convertir su progreso en resultados estables y aspirar a ser el mejor del grupo medio. Y eso, en un ecosistema tan despiadado, ya es mucho.
Tsunoda, el comodín que siempre suma
Yuki Tsunoda confirmó en tres carreras lo que sus cuatro temporadas completas en el segundo equipo de Red Bull ya sugerían: si le das un coche decente, te devuelve puntos. Una campaña dura junto a Verstappen no ha borrado esa cualidad.
En Zandvoort, en su primera toma de contacto con el Racing Bulls de 2026, estuvo en ritmo desde el principio. El sábado se clasificó a solo una décima de Lindblad. Nada mal para un piloto que llegaba “en frío”.
En Monza, pese a una Q1 decepcionante y a una colocación en la parrilla que rozó el desastre y que Audi intenta usar para quitarle el punto, se las arregló para sumar en su regreso. Un punto, sí, pero muy significativo: demuestra que sigue sabiendo rascar algo de donde casi no hay.
En Madrid, el daño en carrera le cortó cualquier opción de repetir. Aun así, el mensaje quedó claro. Tsunoda es un suplente ideal: se adapta deprisa, entiende el coche y es capaz de convertir una oportunidad puntual en resultado. No deslumbra hasta el punto de exigirle al equipo que lo saque del banquillo, pero tampoco desentona jamás.
Él mismo lo resumió: “Lo di todo y no hay nada de lo que arrepentirse”. Si este acaba siendo el punto final a sus 114 grandes premios en la F1, es un cierre mucho más digno que vagar a años luz de Verstappen en el equipo grande.
Lindblad aprueba otro examen… con nota
Arvid Lindblad afrontaba 2026 como el único debutante de la parrilla y ya había dejado huella antes del verano. Este tramo de tres carreras le ha servido para tachar otra casilla importante: liderar cuando el contexto lo exige.
La dupla Lawson-Lindblad ha funcionado como un reloj. Su eficacia conjunta explica buena parte de por qué Racing Bulls sigue por delante de Alpine en el campeonato de constructores. Pero con la entrada puntual de Tsunoda, el equipo necesitaba que el otro pilar de la pareja asumiera el rol de referencia. Lindblad lo hizo.
En Monza tuvo ritmo para acabar delante de un Alpine al que, sobre el papel, no debería haber batido, más allá del lío autoinfligido de Franco Colapinto. En el Madring el fin de semana fue imperfecto, pero aun así se llevó dos puntos a casa. Y en Zandvoort, pese a una sanción severa que lo sacó de la pelea, fue un incordio eficaz: limitó las opciones de Pierre Gasly y ayudó a que Tsunoda tuviera la mejor oportunidad posible de puntuar.
Ya suma siete apariciones consecutivas en Q3 y Racing Bulls ha logrado mantener un colchón sobre Alpine en el campeonato. Todo eso con solo 19 años.
En las oficinas de Milton Keynes han tomado nota. La pregunta ya no es si Lindblad está preparado para la F1, sino si el equilibrio de poder dentro de Racing Bulls no ha empezado a inclinarse decididamente hacia su lado.
Un Hadjar sano, el mejor aliado de Verstappen
Max Verstappen no es indiferente a quién se sienta en el otro coche. Le afecta en pista y fuera de ella. Un regreso fluido de Hadjar sería una buena noticia para él y para las aspiraciones de Red Bull de pelear de forma constante en la parte delantera.
Colocar el segundo coche en la batalla es vital cuando Mercedes, Ferrari y McLaren suelen contar con sus dos pilotos en la zona alta. En las salidas de Lawson con Red Bull, el neozelandés no terminó ninguna vez a menos de un minuto del ganador. Con todos los matices que se quieran, eso dejaba a Verstappen y al equipo peleando a una sola mano. Aunque, ironías del destino, quien se fue por los aires en Zandvoort fue precisamente el neerlandés.
Si Hadjar vuelve y se sitúa de inmediato en su mejor versión, podrá influir en los resultados al frente del pelotón y en el intento de Red Bull de mejorar el actual cuarto puesto en el campeonato de constructores.
Hay un matiz más. Tras dos meses fuera y tres grandes premios perdidos, un regreso fuerte alimentaría también la tesis del propio Verstappen: que esta F1 2026 no exige tanto físicamente como debería. Si Hadjar se baja del avión, se pone el casco y rinde al nivel más alto desde Bakú, la conversación sobre cuánto castigan realmente estos coches volverá a encenderse. Y dentro de Red Bull, nadie querrá quedarse atrás cuando eso ocurra.



